Sin estos polinizadores, la vainilla no fructifica de forma eficiente, lo que compromete tanto la biodiversidad como la viabilidad del sistema agrícola tradicional.
De acuerdo con estudios de la Universidad Veracruzana, existe una caída de hasta 70% en las poblaciones de abejas euglosinas, especializadas en la polinización de la vainilla. La desaparición de estas abejas, particularmente en regiones de Veracruz donde este cultivo tiene raíces prehispánicas, compromete tanto la biodiversidad como la viabilidad del sistema agrícola tradicional.
El fenómeno está vinculado al uso intensivo de pesticidas, la deforestación y la actividad industrial, incluida la petrolera. Los agroquímicos afectan la orientación y supervivencia de las abejas, mientras que la tala y el cambio de uso de suelo destruyen los hábitats de estas especies. Las emisiones y derrames de combustibles también contaminan suelo y agua, indispensables para las polinizadoras.
El impacto se refleja directamente en la economía rural. La vainilla, una orquídea tropical cultivada históricamente en México, requiere ahora polinización manual flor por flor ante la escasez de abejas, lo que eleva costos y reduce el rendimiento. A ello se suman sequías más intensas y temperaturas superiores a 32 °C, factores climáticos que alteran los ciclos productivos.
Iniciativas como proyectos de conservación y monitoreo continuo buscan revertir la tendencia, mientras investigadores subrayan la urgencia de una regulación ambiental más estricta. La protección de las abejas no solo garantiza la producción de vainilla, sino que también salvaguarda procesos ecológicos esenciales, considerando que cerca del 35% de la producción mundial de alimentos depende de la polinización.

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