Un equipo de investigadores identificó al mayor escorpión conocido hasta la fecha. El Praearcturus gigas, que vivió hace unos 415 millones de años, alcanzaba casi un metro de longitud y habría dominado los ecosistemas primitivos cuando aún no existían grandes depredadores terrestres.
Durante más de 150 años, los fósiles de una extraña criatura permanecieron en las colecciones del Museo de Historia Natural de Londres sin que los científicos lograran determinar con certeza de qué especie se trataba. Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista Palaeontology confirmó que esos restos pertenecen al mayor escorpión conocido hasta la fecha: el Praearcturus gigas, un gigantesco arácnido que vivió hace aproximadamente 415 millones de años, durante el período Devónico.
Los investigadores, de la Universidad de Mánchester y el Museo de Historia Natural de Londres, determinaron que el animal medía cerca de un metro de longitud y poseía pinzas de más de 16 centímetros. Gracias al uso de tomografías computarizadas y nuevas técnicas de análisis, lograron identificar estructuras anatómicas características de los escorpiones que habían pasado desapercibidas durante más de un siglo, resolviendo así un antiguo debate científico sobre su clasificación.
El hallazgo también sorprendió por el momento en que vivió esta especie. En aquella época la vida terrestre apenas comenzaba a desarrollarse y la atmósfera aún no contenía los altos niveles de oxígeno que millones de años después favorecerían el gigantismo de otros artrópodos. Los especialistas consideran que el enorme tamaño del Praearcturus gigas pudo deberse a la ausencia de grandes depredadores, lo que le permitió ocupar la cima de la cadena alimenticia en su ecosistema.
Los fósiles también sugieren que este enorme escorpión probablemente pasaba parte de su vida cazando en ambientes acuáticos, donde encontraba alimento con mayor facilidad. Además, los científicos plantean que podría representar un importante eslabón para comprender la evolución de los arácnidos, ya que incluso existe la posibilidad de que descendiera de ancestros terrestres que posteriormente regresaron al agua. El descubrimiento abre nuevas preguntas sobre la evolución temprana de estos depredadores y demuestra que fósiles estudiados durante generaciones aún pueden revelar sorpresas gracias a las tecnologías modernas.


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