El Partido Verde ha presentado a sus candidatos en 17 estados mientras condiciona su alianza con Morena, disfrazando sus prácticas de presión política, intereses familiares y debilitando la credibilidad electoral.
El Partido Verde Ecologista de México ha adelantado su estrategia rumbo al 2027 con la definición de aspirantes en 17 gobernaturas, pero más que una estrategia política, lo que refleja es una presión insistente sobre Morena para asegurar sus lugares.
El Verde repite un sistema al proponer figuras sin identidad clara que, lejos de representar una renovación política, parece reaccionar a cuotas internas y acuerdos, donde lo importante no es la competitividad, sino garantizar su presencia en el puesto.
El caso de San Luis Potosí, con la defensa para la candidatura de Ruth González, vinculada directamente al gobierno estatal al ser la esposa del actual gobernador Ricardo Gallardo, evidencia una actitud que refleja prácticas que otros partidos dicen erradicar, como el nepotismo. Aunque su argumento se basa en la legalidad, su mensaje político se traduce en privilegiar vínculos personales sobre principios.
A eso se añade la amenaza de Manuel Velasco, coordinador del PVEM, de romper la alianza con Morena si no obtiene respaldo en San Luis, justificando que en 2021 ganaron solos y en 2024 en el Senado ocurrió la misma situación, lo que confirma un chantaje político al no dialogar y preferir condicionar y exigir.
En su intento por asegurar posiciones, PVEM termina exhibiendo sus propias limitaciones, siendo más que un aliado estratégico un partido que sobrevive a partir de acuerdos tensando la coalición con tal de no perder poder.
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