Entre pleitos, gritos y “contenido basura”, el diputado con licencia descubre —tarde— que dejar el poder legislativo por la televisión no fue su mejor papel.
La aventura de Sergio Mayer dentro de La casa de los famosos dista mucho del “concepto maravilloso” que prometía. Tras varios episodios marcados por violencia, confrontaciones y espectáculo de bajo nivel, el también actor confesó su arrepentimiento por haber pedido licencia como diputado federal para encerrarse en un reality que hoy critica… pese a seguir cobrando pantalla.
Mientras Mayer reflexiona frente a las cámaras, Morena ya tomó distancia. La Comisión Nacional de Honestidad y Justicia del partido le suspendió sus derechos políticos, al considerar que abandonar el Congreso para entrar a un programa de televisión dañó la imagen del movimiento. Traducido: ni al partido le gustó el show.
No es la primera vez que Mayer se sube a este tipo de escenarios. Ya había participado en Big Brother y en la primera versión mexicana de este formato, lo que vuelve aún más curioso su “sorpresa” ante el nivel del contenido. A sus 59 años, el exdiputado ahora pide frenar la violencia dentro del programa y lamenta haber dejado su curul por lo que él mismo llamó “basura televisiva”.
“Les estamos dando de tragar basura”, dijo Mayer en uno de sus discursos moralistas dentro de la casa, olvidando convenientemente que nadie lo obligó a entrar y que el formato es exactamente el mismo que conocía desde hace años. Aun así, intentó colocarse como conciencia ética del programa, recordando que “no es su casa”, sino un espacio donde son invitados.
Las palabras, sin embargo, contrastan con los hechos: dejó el Congreso, perdió respaldo político y ahora protagoniza polémicas virales. El problema no es que Mayer critique el reality, sino que lo haga después de apostar su carrera pública a él.
Sergio Mayer quiso protagonizar otro papel estelar. El detalle es que esta vez el público no le compró el guion, su partido le cerró el telón y la política —a diferencia de la TV— no da segundas tomas.

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