Desde su llegada en la década de 1980, esta especie se ha extendido por casi todo el territorio nacional; entre 1986 y 2026 se han registrado mil 392 muertes por picaduras.
La presencia de abejas africanizadas en México ha pasado, con el paso de los años, de ser un tema anecdótico a un fenómeno que representa un riesgo real para la población. De acuerdo con registros del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), entre 1986 y 2026 se han contabilizado mil 392 muertes en México asociadas a picaduras de abeja.
La llegada de estos insectos al territorio nacional se remonta a finales de la década de 1980. Los primeros registros documentaron su ingreso por el sur del país, particularmente por el estado de Chiapas, como parte de un proceso de migración que se había iniciado años antes en Sudamérica. Desde entonces, su dispersión fue acelerada y en pocos años comenzaron a detectarse colonias en diversas zonas del territorio mexicano.
A diferencia de otras especies, las abejas africanizadas presentan un comportamiento defensivo considerablemente más reactivo. Suelen responder con rapidez ante ruidos, vibraciones o movimientos que perciben como amenazas, lo que puede derivar en múltiples picaduras en cuestión de segundos. Uno de los episodios más representativos ocurrió en 1991, en el estado de Veracruz, donde siete personas fallecieron tras un ataque masivo.
Si bien autoridades de protección civil y especialistas en apicultura han desarrollado protocolos para el manejo de enjambres y la atención de emergencias, los ataques continúan registrándose cada año en comunidades rurales, zonas urbanas e incluso en destinos turísticos.
