Una reunión entre la gobernadora de Chihuahua, aspirantes y funcionarios desataron críticas tras minimizarse como “un tequilita para relajarse”. El suceso revive una lista de escándalos ligados al consumo de alcohol dentro del Partido Acción Nacional, poniendo en duda la seriedad con la que ejercen el poder.
La escena no parece de gobierno, sino una reunión política convertida en brindis. La frase atribuida a la gobernadora Maru Campos, sobre tomarse “un tequilita” para relajarse, no solo generó incomodidad, también exhibió una normalización en espacios donde deberían prevalecer la responsabilidad y el respeto institucional.
Mediante un video difundido en redes sociales, se vio a Maria Eugenia Campos salir sin preocupación de una “reunión” con funcionarios, con el pretexto de haber tenido una semana tensa por el problema de la presencia de agentes de la CIA en operativos en Chihuahua.
El problema se trató de un encuentro con aspirantes de una alcaldía, es decir, de decisiones que impactan directamente en la vida pública. Pensar que ese momento fuera solo una “anécdota”, en donde la política para el PAN puede esperar, el protocolo institucional puede importar menos que la convivencia.
El Partido Acción Nacional arrastra antecedentes incómodos que hoy se vuelven más común y preocupante. Desde fiestas privadas con excesos hasta detenciones en el extranjero. Figuras públicas incapaces de separar el cargo de la conducta personal cuando hay alcohol de por medio.
Casos como el de Luis Alberto Villareal y Jorge Villalobos Seáñez ambos pertenecientes al partido blanquiazul, exhibidos en situaciones comprometedoras o la detención de Sergio Eguren, ex funcionario de la Alcaldía Benito Juárez, en Brasil, dejaron una huella muy marcada. Fueron problemas de una narrativa que actualmente se mantiene como un patrón.
Figuras de alto nivel, como el expresidente Felipe Calderón, enfrentaron cuestionamientos públicos sobre su comportamiento en eventos oficiales, asimismo, señalamientos contra Mauricio Tabe, exalcalde de la alcaldía Miguel Hidalgo, entraron en un debate sobre la imagen y el actuar de los representantes públicos.
¿Se trata de un patrón que ya forma parte de la identidad del PAN? Cuando los hechos se repiten con distintos nombres las sospechas crecen, ¿es el alcohol un refugio ante la presión del poder?
Cuando gobernar se vuelve una carga, parece que la vía más fácil es brindar que rendir cuentas. La repetición termina por proyectar la idea de una clase política desconectada de la seriedad que exige gobernar, donde los excesos se convierten en una reputación social difícil de modificar.
