Movimiento Ciudadano, presentó su nueva campaña “México cree en México” para “denunciar” la exclusión en el Mundial de Fútbol próximo a realizarse, pero lo hicieron desde un recinto privado de alto costo, con Jorge Álvarez Máynez al frente, se evidencia la contradicción entre discurso y práctica.
A unas cuantas semanas de que arranque el Mundial de la FIFA en nuestro país, el partido Movimiento Ciudadano decidió posicionarse como críticos frente a la desigualdad que impide a millones de mexicanos acceder a este evento deportivo. Su campaña “México cree en México” plantea integrar a quienes no pueden pagar un boleto o adquirir productos oficiales. Sin embargo, la manera en que fue presentada revela una contradicción evidente.
El evento fue encabezado por Jorge Álvarez Máynez, coordinador de Movimiento Ciudadano, y realizado en el World Trade Center Ciudad de México, un recinto privado cuya renta puede superar los 200 mil pesos por sala. La elección del lugar representa justamente el tipo de exclusividad que el partido dice cuestionar en el acceso al Mundial.
Durante su intervención, Máynez criticó la desigualdad que prevalece en el país y la necesidad de la unión nacional. Asimismo su intento de campaña busca “llevar el Mundial a las calles”, acercándolo a quienes no tienen recursos para asistir a un partido o comprar la playera de la Selección Mexicana. Su mensaje se debilita cuando se emite desde un espacio que, por su costo, resulta inaccesible para la mayoría.
La contradicción es evidente, mientras se denuncia una justa deportiva elitista, se recurre a un evento igualmente exclusivo para comunicarlo. ¿Puede hablarse de inclusión desde un entorno que produce las mismas limitaciones que se critican?
Más allá del discurso, el problema radica en las prácticas. Movimiento Ciudadano parece caer en la misma lógica que ha señalado en otros partidos, priorizando la imagen y el impacto mediático por encima de la congruencia. El uso de espacios costosos para proyectar cercanía con sectores marginados termina por borrar cualquier intención.
Las formas importan y en este caso, la figura de Máynez al frente de este lanzamiento refuerza la percepción de una política que habla de inclusión sin practicarla. Porque si el objetivo era realmente acercar el Mundial a todos, el primer paso tendría que ser abandonar los privilegios desde los que hoy se construye el mensaje.
