El plan federal contempla retirar 100 mil toneladas de suelo contaminado y analizar 288 kilómetros de la cuenca, mientras las comunidades esperan recuperar el acceso seguro al agua y la calidad ambiental.
A 12 años del derrame tóxico atribuido a Buenavista del Cobre, filial de Grupo México, el gobierno federal inició los trabajos de remediación ambiental en los ríos Sonora y Bacanuchi, contaminados en agosto de 2014. El programa busca retirar 100 mil toneladas de suelo contaminado y atender los daños que durante más de una década han afectado a las comunidades de la región.
El plan contempla cinco frentes de trabajo, la recolección de 800 muestras de suelo a lo largo de 288 kilómetros y la instalación de campamentos en Ures, Aconchi y Huépac. Las principales labores están previstas para concluir en 87 días, mientras que la supervisión continuará hasta enero de 2027.
Ileana Villalobos Estrada, subsecretaria de Regulación Ambiental de la Semarnat, afirmó que los habitantes participarán en el seguimiento de las acciones y que sus observaciones serán consideradas. Por su parte, Mariana Boy Tamborrell, titular de la Profepa, presentó el inicio de las obras como un avance en los compromisos asumidos con las comunidades afectadas.

Para identificar las zonas que requieren atención, se realizarán vuelos con drones y análisis de laboratorio a cargo de instituciones acreditadas. Con los resultados se determinará qué áreas necesitan limpieza y cómo se manejarán los residuos, que podrán depositarse temporalmente en celdas especiales o trasladarse a plantas de tratamiento en Nuevo León y Coahuila.
Los trabajos fueron asignados a Veolia, Semsa y Taesa, empresas que deberán contratar trabajadores y proveedores de la región. El proyecto también contempla 35 perforaciones, estudios de tomografía del suelo y supervisión externa para verificar el cumplimiento de las obras. Las autoridades prevén reuniones quincenales para informar sobre los avances.
El derrame ocurrió el 6 de agosto de 2014, cuando alrededor de 40 mil metros cúbicos de sulfato de cobre acidulado llegaron a los ríos Sonora y Bacanuchi desde las instalaciones mineras. Doce años después, la remediación comienza en una cuenca cuyas comunidades han exigido durante años reparación de daños, atención sanitaria y agua segura. El reto será comprobar que las obras cumplan sus objetivos y que la recuperación ambiental se traduzca en mejoras reales para la población.
