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  • El IMPI se pone la máscara y entrega 25 marcas a leyendas de la lucha libre

    El IMPI se pone la máscara y entrega 25 marcas a leyendas de la lucha libre

    En el Día Nacional de la Lucha Libre, el instituto entregó registros de marca para proteger los nombres, personajes e identidades de luchadores mexicanos.

    En el marco del Día Nacional de la Lucha Libre y del Luchador Profesional Mexicano, el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) entregó 25 registros de marca a legendarios luchadores mexicanos. La medida busca proteger legalmente los nombres y personajes que forman parte de la identidad de la lucha libre nacional.

    El director general del IMPI, Vidal Llerenas Morales, destacó que contar con registros de propiedad industrial permite a los luchadores defender la identidad de sus personajes y proteger su uso comercial. Señaló que la lucha libre mexicana es una expresión de identidad y tradición que ha trascendido fronteras.

    El funcionario explicó que la protección de marcas también ayuda a preservar el valor de los legados de los luchadores para las nuevas generaciones. La jornada forma parte de los esfuerzos de la Secretaría de Economía y el IMPI para acercar la propiedad industrial a sectores culturales y creativos.

    El evento cerró con una función especial protagonizada por Coco Rojo y Takeda contra Centinela de la Muerte y Bufón Siniestro, además de una firma de autógrafos y fotografías con las y los luchadores. La entrega de los registros busca que los personajes de estas figuras del cuadrilátero no solo sobrevivan en la memoria de los aficionados, sino que también tengan protección legal.

  • Día Nacional de la Lucha Libre: el legado que México convirtió en patrimonio cultural

    Día Nacional de la Lucha Libre: el legado que México convirtió en patrimonio cultural

    Por: Frank Alvarado

    Cada 21 de septiembre se reconoce a la lucha libre mexicana, una tradición que comenzó en 1933 y que forma parte del patrimonio cultural de la CDMX.

    Este 21 de septiembre se celebra el Día Nacional de la Lucha Libre y del Luchador Profesional Mexicano, una fecha que reconoce la importancia de este deporte/espectáculo dentro de la cultura popular del país. La celebración recuerda la primera función organizada por Salvador Lutteroth González el 21 de septiembre de 1933 en la antigua Arena Modelo.

    Lutteroth conoció la lucha libre durante una estancia en Texas y decidió llevar este espectáculo a México, donde todavía era poco conocido. Aquella primera función reunió a luchadores como Yaqui Joe, Bobby Sampson, Leong Tin Kit y Ciclón Mackey. Con el paso de las décadas, el pancracio mexicano desarrolló un estilo propio, marcado por las máscaras, las llaves, las contrallaves, los lances y la rivalidad entre técnicos y rudos.

    La lucha libre también trascendió el cuadrilátero y se convirtió en parte de la cultura mexicana. En julio de 2018, fue declarada Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México, al ser reconocida como una expresión viva que se transmite entre generaciones. Posteriormente, en septiembre de 2019, se estableció oficialmente el 21 de septiembre como el Día Nacional de la Lucha Libre y del Luchador Profesional Mexicano.

    A lo largo de su historia, figuras como El Santo, Blue Demon, Mil Máscaras, Canek, El Solitario, El Cavernario Galindo, El Perro Aguayo, Rey Mysterio Jr. y Místico dejaron una huella en este deporte, llevaron el estilo mexicano, a raz de lona y el aéreo, a escenarios internacionales.

    Uno de los elementos que distingue a la lucha libre mexicana es la máscara, convertida en símbolo de identidad y misterio. A esto se suman las dinastías familiares, los personajes de héroes y villanos, la división entre rudos y técnicos y la participación del público, que con gritos, porras, abucheos y matracas forma parte del espectáculo.

    Aunque su presencia en los medios tradicionales ha cambiado, la lucha libre mantiene público en México y atrae también a visitantes extranjeros. Las arenas, las máscaras y los personajes forman parte de una tradición que continúa adaptándose a nuevas generaciones, mientras conserva elementos que han acompañado al pancracio mexicano durante décadas.