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  • Marty Supreme: cuando una película se vuelve marca, canción y fenómeno cultural

    Marty Supreme: cuando una película se vuelve marca, canción y fenómeno cultural

    Por: Eduardo Blanco

    La cinta protagonizada por Timothée Chalamet no solo rompió récords para A24, también redefinió el marketing cinematográfico al convertir su promoción en un espectáculo participativo donde la moda, la música y la estética viral fueron tan importantes como la historia.

    “Marty Supreme” llegó a los cines, pero mucho antes ya se había instalado en la mente colectiva. Dirigida por Josh Safdie y protagonizada por Timothée Chalamet como Marty Mauser un vendedor de zapatos convertido en improbable estrella del ping pong en los años 50, la película se transformó en un caso de estudio sobre cómo vender una idea antes que un producto.

    Una campaña que evitó lo obvio

    A24 decidió alejarse de los tráileres tradicionales y las entrevistas nocturnas. En su lugar, construyó una narrativa paralela: livestreams, estética reconocible, filtraciones “accidentales” y experiencias urbanas.

    Chalamet encabezó un stream de ping pong con más de 40 mil espectadores, apareció rapado sin explicación previa y convirtió cada movimiento en contenido viral.

    La audiencia dejó de ser espectadora pasiva para volverse parte del lanzamiento. El marketing no acompañó a la película: la anticipó, la explicó y la amplificó.

    El color naranja y la obsesión estética

    Uno de los símbolos más claros fue el color naranja. Chalamet impulsó la idea de sustituir el blanco tradicional de las pelotas de ping pong por naranja para hacerlas más visibles. De ahí, el color se expandió: vestuario, apariciones públicas, familiares, pareja y elenco. Incluso circuló una carpeta titulada “MARTY GREAT IDEAS”, donde se proponía medio en broma, medio en serio, pintar de naranja la Estatua de la Libertad o llenar la Torre Eiffel de pelotas.

    La estética fue simple, reconocible y replicable. Justo lo que las redes sociales necesitan.

    La chaqueta que desató multitudes

    El punto más tangible del fenómeno fue la chaqueta “Marty Supreme”. Un rompevientos vintage de inspiración noventera, resultado de la colaboración entre Doni Nahmias, Chalamet, su estilista Taylor McNeil y A24. Esta pieza de mod es totalmente exclusiva y solo algunos afortunados pudieron obtenerla. Su costo inicial era de 250 dólares, (4 mil 340 pesos mexicanos). Actualmente se puede encontrar esta chaqueta en reventa en exorbitantes precios, incluso rebasando los 200 mil pesos mexicanos.

    En noviembre de 2025, Chalamet publicó únicamente su ubicación. Bastó eso para que cientos de personas se congregaran en una tienda de SoHo, Nueva York. El resultado: más de 743 mil menciones y 61 millones de interacciones en redes sociales. Escasez, exclusividad y pertenencia emocional, todo en una sola prenda.

    Música, confusión y cultura digital

    La campaña también cruzó al terreno musical. Durante meses, en redes se especuló que el misterioso rapero inglés Esdeekid era en realidad Timothée Chalamet bajo un alter ego. La teoría se sostuvo hasta que ambos publicaron una canción juntos, confirmando que no eran la misma persona, pero sí parte del mismo universo creativo.

    El tema terminó de cerrar el círculo: cine, moda, música y narrativa compartida. No importaba si habías visto la película; ya estabas dentro del fenómeno.

    Más que una película

    “Marty Supreme” presume 93% de aprobación de la crítica en Rotten Tomatoes, premios al guion y a Chalamet, y una conversación constante en redes. Sin embargo, su mayor logro fue demostrar que el marketing puede funcionar como performance cultural.

  • Bad Bunny y el Super Bowl: identidad latina en un escenario atravesado por la política

    Bad Bunny y el Super Bowl: identidad latina en un escenario atravesado por la política

    El reciente promocional de Apple Music rumbo al Super Bowl LX 2026, protagonizado por el artista puertorriqueño, Bad Bunny, quien será el encargado del show de medio tiempo, se trata de un fenómeno cultural que refleja el peso de identidad latina en Estados Unidos y muestra la unión, diversidad e inclusión a través del tema “Baile Inolvidable”.

    Benito Antonio Martínez Ocasio, mejor conocido en el mundo artístico como Bad Bunny, recientemente volvió a colocarse en el centro de conversación tras el lanzamiento de un nuevo video para anunciar su participación en el Super Bowl en colaboración con Apple Music. El anuncio refuerza la estrategia para conectar con audiencias jóvenes a través de artistas que representan diversidad, identidad y sobre todo de alcance a nivel mundial.

    La presencia de Bad Bunny en el escenario de uno de los eventos deportivos más destacados va más allá de la música, se trata de un fenómeno cultural que refleja la fuerza de la identidad en Estados Unidos, y que a su vez ha generado controversia en la comunidad americana hasta con el propio presidente estadounidense, Donald Trump, quien ha calificado como impropia la participación de Benito.

    En el video promocionado, se puede observar al cantante con un dispositivo móvil en la mano reproduciendo el tema “Baile Inolvidable”, de su reciente material “Debí Tirar Más Fotos”. El tema sube de volumen, y una mujer con vestido rojo y cabello oscuro comienza a bailar al ritmo de la canción junto al cantante, posteriormente, comienzan a figurar mujeres de rasgos culturales diversos, desde jóvenes hasta mujeres de edad mayor.  La narrativa visual y sonora es clara: el espectáculo es para todas y todos, sin importar la identidad cultural que a su vez es el reflejo de quienes forman parte de la comunidad estadounidense.

    El artista puertorriqueño defiende sus raíces caribeñas y ha convertido la identidad latina en una tendencia mundial para el mercado estadounidense. Su participación en el Super Bowl simboliza un cambio, la consolidación de la cultura latina en el entretenimiento global. La elección de Bad Bunny fue utilizada como blanco político, minimizando su relevancia cultural; esta crítica apunta hacía la migración y diversidad. La polémica tuvo auge cuando Trump retomó su discurso en contra de la migración, asegurando que regresaría al poder y ordenaría redadas incluso en eventos masivos como el Super Bowl.

    Este nuevo promocional funciona como una afirmación de identidad frente a un discurso que busca excluir. La trayectoria del puertorriqueño convierte su actuación en un mensaje que confirma el poder de la comunidad latina y prueba que la música, el deporte y la política se fusionan en un mismo espacio.

    En definitiva, la participación de Bad Bunny en el Super Bowl va más allá del ámbito musical y se consolida como un evento político-cultural. Su presencia se convierte en un símbolo de visibilidad y poder cultural que refleja la transformación social de Estados Unidos.

    Las críticas y advertencias de Donald Trump sobre redadas migratorias durante el evento, muestran que estos espacios se han convertido en áreas de conflicto cultural, donde se enfrentan discursos de inclusión y diversidad frente a narrativas de exclusión.

    El espectáculo es mucho más que entretenimiento, es el reflejo de diferencias políticas  y donde la cultura se convierte en un medio  de representación y resistencia de la sociedad estadounidense.