Entre conciertos exclusivos, boletos preferentes, calles y obras colapsadas, el gobierno de Nuevo León apuesta más por el espectáculo que por resolver el desastre urbano que improvisó rumbo al Mundial 2026.
A semanas del Mundial 2026, el gobernador Samuel García parece tener como prioridad en la producción del FIFA Fan Festival que en resolver los problemas reales que generó en Nuevo León. Mientras las calles se encuentran entre obras inconclusas, el gobierno presume conciertos con artistas nacionales e internacionales con montos millonarios que contrastan con el caos que viven diariamente miles de ciudadanos.
La administración estatal impulsa un evento en Parque Fundidora con cifras de más de 50 millones de pesos para Imagine Dragons, Chayanne y Grupo Firme, como artistas principales, y millones más para los artistas secundarios que completan el cartel. Todo bajo el discurso de “crear la mejor experiencia fuera de los estadios”.
Sin embargo, para muchos ciudadanos es clara la preferencia, puesto que sí hay dinero para espectáculos, pero no para terminar obras, mejorar las vialidades o evitar el colapso que amenaza a Nuevo León.
¿Las quejas? Las molestias se revelaron cuando se anunció que el evento “gratuito” no será realmente para todos. La propia organización aclaró que habrá cupo limitado y zonas preferentes que se venderán mediante la boletera Ticketmaster. El supuesto festival terminó exhibiendo el clasismo de Movimiento Ciudadano: quien pueda pagar tendrá mejor espacio.
En redes sociales abundan videos, anuncios y campañas de la esposa del gobernador, la señora Mariana Rodríguez, en la que su presencia constante en la promoción del Mundial ha sido vista como parte de una estrategia de imagen permanente.
La prioridad de Samuel es proyectar una imagen moderada estatal, aunque la infraestructura se encuentre atrapada en la improvisación y el desastre.
El mundial debía representar modernidad y preparación para Nuevo León, pero bajo la administración de Samuel García el proyecto empieza a verse como promoción política. El gobierno estatal quiere impresionar al mundo mientras su problemas básicos seguirán sin resolución.
