Por: Frank Alvarado
Desde la independencia, México ha enfrentado invasiones de España, Francia y Estados Unidos. Hoy, el gobierno de Claudia Sheinbaum impulsa una cooperación internacional basada en el respeto a la Constitución, sin permitir intervenciones extranjeras.
Luego de que el mandatario de los Estados Unidos, Donald Trump, reiteró sus intenciones de entrar en territorio mexicano tras el ataque en Caracas y la captura de Nicolás Maduro, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, tuvo una llamada con él para tratar el tema. Esta se llevó a cabo el 12 de enero y alcanzaron un acuerdo para respetar la soberanía de México y, en su lugar, buscar mecanismos de cooperación sin traspasar las fronteras.
Un día después, durante la conferencia de prensa del 13 de enero, la Presidenta cuestionó la postura de diversos medios nacionales y figuras de oposición que promueven la intervención estadounidense en México. Ante ello, hizo un llamado a revisar la historia del país y comprender las consecuencias que las intervenciones extranjeras han dejado:
“Hay que ver la historia de México. Yo digo: la última vez que hubo una intervención de los Estados Unidos en México se llevó la mitad del territorio. La última vez que se paró una intervención de Estados Unidos en México fue en 1914, en plena Revolución Mexicana. La intervención francesa en México no dejó nada más que guerra. México es un país libre, independiente y soberano. Y bastante trabajo le ha costado al pueblo de México garantizar esa independencia y esa soberanía”, enfatizó la presidenta durante la Mañanera del Pueblo.
La historia nos muestra que desde el 27 de septiembre de 1821, cuando la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México marcó el fin de la lucha armada y la consumación de la lucha de independencia, el país ha tenido que defender de manera constante su soberanía al convertirse en escenario de distintas intervenciones extranjeras.
México consolida su soberanía ante España
Después de una década de lucha para emanciparse de la Corona Española, México quedó en una situación de vulnerabilidad política, económica y militar, siendo España la primera potencia en poner a prueba la soberanía mexicana al negarse a reconocer oficialmente su independencia.
Durante casi una década persistió la amenaza de España por volver a hacerse del poder de México. El movimiento más grande, y último, realizado por la Corona fue en 1829, cuando, por órdenes del monarca Fernando VII, se inició una expedición militar con el objetivo de recuperar el territorio que un día fue de su reino.
La defensa estuvo a cargo del General Antonio López de Santa Anna, quien junto a Manuel Mier y Terán, bajo órdenes del presidente Vicente Guerrero, llevó una respuesta de fuerzas mexicanas a Veracruz y Tamaulipas, donde habían posado los españoles.
La batalla decisiva tuvo lugar el 11 de septiembre de aquel año en el Fortín de la Barra, en Tampico, que había sido tomado. Después del ataque, las fuerzas españolas diezmadas por la batalla, el clima, enfermedades y falta de apoyo local, pese a no perder el fuerte, dimitieron y se comprometieron a no volver a tomar las armas contra México.
Un episodio que demostró que el país podía defender su joven soberanía y que llevó a España a reconocer a México como nación libre en 1936.

La pérdida de Texas
Ante la situación de vulnerabilidad que tenía Texas, debido su lejanía del centro y la falta de población, México permitió la entrada de colonos estadounidenses, bajo la condición de que juraran lealtad y respetaran las leyes mexicanas. Sin embargo, mantuvieron prácticas fuera de la normativa de México, como la esclavitud.
En 1835, después de evidentes fracturas culturales e intentos de compra, el presidente Antonio López de Santa Anna impuso un régimen centralista y eliminó la Constitución de 1824. Ante esto, los colonos texanos apoyados por fuerzas de Estados Unidos se levantaron en armas, no sólo para restaurar el federalismo, sino para separarse de México.
Santa Anna entonces marchó con intención de aplacar el intento de independencia y, tras la victoria de El Álamo, fue tomado como prisionero por las fuerzas del general Samuel Houston, quien atacando de noche, tomó por sorpresa a las fuerzas mexicanas.
El mandatario mexicano fue llevado a Washington, en donde como prisionero firmó los Tratados de Velasco, que estipulaba la retirada de las fuerzas mexicanas, el cese de hostilidades e impulsaba el reconocimiento de la independencia de Texas.
Aunque México no lo ratificó, años más tarde Texas terminaría anexándose a Estados Unidos, hecho que detonaría una guerra entre ambos países.
La guerra de los pasteles
En medio de una grave crisis económica, México buscó abrir su mercado a países extranjeros, por lo que en 1835, tras negarse a firmar un tratado comercial desfavorable con Francia, el barón Antoine Deffaudis comenzó una campaña para presionar a México.
Los reclamos de ciudadanos franceses se hicieron notar, entre quienes destacó un pastelero que acusaba de saqueos a su negocio durante los conflictos armados del país, motivo por el que exigía una indemnización desproporcionada, hecho que la prensa tomó para dar nombre al conflicto.
En 1838, ante la negativa mexicana de cerrar el pacto comercial, Francia bloqueó los puertos mexicanos y, luego de ocho meses en los que México no pudo deshacer el bloqueo, bombardeó el fuerte de San Juan Ulúa. Después de esto, el presidente mexicano, Antonio Bustamante, declaró formalmente la guerra.
Fue el gobierno de Gran Bretaña, quien afectado por el bloqueo impuesto arbitrariamente a México, en 1839 llegó a Veracruz para fungir de mediador, lo que terminó en la firma del Tratado de Paz en el que México aceptó pagar las indemnizaciones y brindar un acuerdo comercial diferente al ofrecido.
Este suceso puso en evidencia una vulnerabilidad militar, agravó la ya frágil situación financiera de nuestra nación y la llevó a buscar préstamos extranjeros.

La invasión de Estados Unidos
Con las rencillas entre México y Estados Unidos que dejó el levantamiento de Texas, cuando en 1845 este se anexó al país vecino, nuestra nación decidió romper relaciones. Posteriormente, EUA buscó más territorio e ingresó más allá del río Nueces, que México reconocía como su límite.
Tras la disputa de la zona, el 25 de abril de 1846, Estados Unidos declaró la guerra a México alegando una respuesta defensiva. La batalla se prolongó por dos años y no se detuvo en el norte de nuestro territorio, pues las fuerzas estadounidenses llegaron al centro del país e impusieron un bloqueo marítimo en el Golfo.
Con una crisis política que lo llevó a tener seis presidentes en el proceso y con una fuerza militar menor, en septiembre de 1847 se perdió la Ciudad de México ante Estados Unidos y nuestro país se vio obligado a firmar el Tratado de Guadalupe Hidalgo, con el que las tropas extranjeras se retiraron.
Con ello, México perdió 2.4 millones de kilómetros cuadrados, aproximadamente el 55% de su territorio, dejando una crisis política en medio de un ambiente precario producto de la guerra.

La intervención francesa
En 1861 México salía de la Guerra de Reforma, situación que dejó al país económicamente devastado, por lo que el presidente Benito Juárez suspendió el pago de la deuda externa, lo que llevó a Francia, España e Inglaterra a presionar a México enviando sus tropas.
Después de negociaciones España e Inglaterra se retiraron, pero Francia, bajo el yugo de Napoleón III, decidió continuar con la intervención y buscar la instauración de una monarquía en México para expandir su poder.
Aunque el ejército francés fue derrotado inesperadamente el 5 de mayo de 1862 por Ignacio Zaragoza, en 1863 logró hacerse de Puebla y ocupar la Ciudad de México, obligando a Juárez a escapar al norte, pero manteniendo parte de la República.
Con el apoyo de conservadores mexicanos, el archiduque austriaco, Maximiliano de Habsburgo, fue proclamado emperador de México y se instauró en Chapultepec, un personaje que, aunque buscó impulsar reformas liberales, dependía del ejército francés y carecía de legitimidad popular.
En 1865, con el apoyo de Estados Unidos, México logró avanzar contra los franceses, que ya no contaban con el respaldo de Napoleón, pues mantenía una guerra en Europa. Maximiliano fue capturado en Querétaro y fusilado en 1867, terminando así con el imperio francés impuesto y restaurando la totalidad de la República.
Este suceso confirmó a México como soberano ante una de las potencias más poderosas de la época, pero al mismo tiempo sirvió para reforzar la Doctrina Monroe de Estados Unidos.

La ocupación del puerto de Veracruz
El 21 de abril de 1914, en plena Revolución Mexicana, Estados Unidos, al mando del presidente Woodrow Wilson, ocupó el puerto de Veracruz evitando la llegada del buque alemán “Ypiranga”, el cual transportaba armamento para Victoriano Huerta. Este hecho desató enfrentamientos con civiles y cadetes mexicanos, pero no escaló a una defensa formal.
En noviembre de aquel año, tras la caída de Huerta y gracias a la mediación internacional, se evitó un enfrentamiento mayor y las fuerzas estadounidenses se retiraron, mostrando desde entonces que Estados Unidos tiene interés en influir en la política mexicana.
La expedición punitiva
El 9 de marzo de 1916, una fuerza mexicana de 500 hombres al mando de Pancho Villa cruzó la frontera y atacó la villa de Columbus en Nuevo México, librando una batalla de más de seis horas que dejó al lugar en ruinas. Este evento es considerado como la única ocasión en la que un grupo armado latinoamericano atacó directamente territorio de Estados Unidos en el siglo XX.
El ataque provocó la indignación del gobierno del presidente Woodrow Wilson, quien ordenó una expedición militar para capturar al revolucionario sin contar con la autorización del gobierno mexicano. Durante casi un año, cerca de 10 mil soldados estadounidenses recorrieron el norte de México sin lograr su objetivo.
Pese a las protestas de Venustiano Carranza, en aquel momento presidente de México, no hubo una guerra formal entre ambos países. Finalmente, en febrero de 1917, debido a la presión de la diplomacia y la opinión pública mexicanas, así como por la inminente participación de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, las tropas estadounidenses se retiraron.
Este capítulo evidenció los límites del poder militar estadounidense, que fracasó en su intento de capturar a Villa y fortaleció el nacionalismo mexicano. Asimismo, demostró la capacidad del Estado mexicano para defender su propia soberanía por la vía diplomática y evitar un conflicto armado de mayores dimensiones.

El México soberano de hoy
Las intervenciones extranjeras han dejado huella en la historia de México, que van desde pérdidas territoriales y hasta el fortalecimiento del nacionalismo. Hoy, estos episodios forman parte del discurso para defender el respeto a las fronteras y la autodeterminación de los pueblos.
Actualmente, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, sostiene que la soberanía mexicana es irrenunciable y ha reiterado que, ante las declaraciones provenientes de Estados Unidos en materia de seguridad, México busca hacer valer su independencia.
Por ello, la postura de personajes y medios del país que promueven la intromisión de los Estados Unidos evidencia una falta de memoria histórica. México ha sufrido graves consecuencias por intereses extranjeros, pero, pese a las adversidades, ha logrado mantenerse en pie. En este contexto, el gobierno apuesta por una cooperación internacional basada en el respeto a la Constitución y la Carta de la Naciones Unidas.
“El pueblo de México, bajo ninguna circunstancia, aceptará intervenciones, intromisiones o cualquier otro acto desde el extranjero, que sea lesivo de la integridad, independencia y soberanía de la Nación, tales como golpes de Estado, injerencias en elecciones o la violación del territorio mexicano, sea ésta por tierra, agua, mar o espacio aéreo”. – Artículo 40 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Murales:
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Vernet, H. (1841). Toma del fuerte de San Juan de Ulúa.
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Bibliografía:
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