Desde Portugal, el secretario de Estado estadounidense aseguró que su país jamás vulneraría a otras naciones, un discurso que contrasta con las polémicas intervenciones de Washington en el extranjero.
Marco Rubio salió a dar lecciones de respeto a la soberanía. Durante una visita oficial a Lisboa, Portugal, el secretario de Estado afirmó que Estados Unidos “jamás violará la soberanía de ningún país”, una declaración que busca tranquilizar a los aliados europeos, pero que también revive las críticas a la política exterior de Washington.
Acompañado por el ministro portugués de Asuntos Exteriores, Paulo Rangel, Rubio defendió la integridad territorial y el derecho de cada Estado a tomar sus propias decisiones. El mensaje suena impecable en el discurso, aunque pierde fuerza cuando se contrasta con el historial de intervenciones, presiones y operaciones estadounidenses en otros países. La pregunta inevitable es: ¿el respeto a la soberanía aplica para todos o solo cuando le conviene a Washington?

El funcionario también respaldó a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y buscó despejar las dudas de los socios europeos sobre los compromisos de defensa de la administración de Donald Trump. En otras palabras, mientras intenta mantener tranquilos a sus aliados, el gobierno estadounidense insiste en presentarse como garante de un orden internacional basado en reglas.
Por su parte, Rangel destacó la importancia de mantener una comunicación directa con la Casa Blanca y sostuvo que la cooperación entre Portugal y Estados Unidos en materia económica, tecnológica y de seguridad continúa firme. Ambas delegaciones también abordaron la seguridad marítima en el Atlántico y el fortalecimiento del comercio bilateral.
La visita ocurre en medio de tensiones geopolíticas y cuestionamientos sobre las prioridades internacionales de Trump. Así, Rubio ofrece garantías de respeto y cooperación, pero deja abierta una interrogante incómoda: ¿cómo pretende Washington convencer al mundo de que respeta la soberanía ajena cuando sus propias decisiones exteriores generan controversia? Por ahora, la promesa quedó registrada; su congruencia tendrá que medirse con los hechos.
