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    Metallica ya no tiene nada qué ofrecer y aún así piden que no se hable de política

    Por Nathael Pérez

    James Hetfield, vocalista de Metallica, reniega ahora de la política en los conciertos, cuando la misma banda construyó parte de su legado denunciando injusticias, corrupción y los horrores de la guerra a través de su música. La hipocresía sale a flote cuando se recuerda que es la misma banda que hizo ‘And Justice for All’ en 1988…,  y que desde entonces parece que, musicalmente hablando, no tienen nada bueno qué ofrecer.

    En su residencia en la Sphere de Las Vegas, James Hetfield criticó a los músicos que utilizan sus conciertos para expresar posiciones políticas, al asegurar que Metallica no está ahí para ‘influir’ en el público con sus ideas (si es que aún les quedara algo mínimamente interesante por decir). “Metallica no está aquí, como otros artistas, para influir en ti con mierda”, dijo el 10 de octubre. Y remató: “La agenda de Metallica es amor, energía y heavy metal”, afirmó el vocalista de una banda a la que no le queda nada de energía, ya no suenan pesados desde 1991 y que al parecer lo único por lo que sienten amor es por el dinero. James Hetfiel ha llegado a la edad en la que la demencia senil parece haberle hecho olvidar que Metallica entregó sus mejores (y únicos buenos) discos hablando de guerra, injusticias, política y corrupción. 

    En los años ochenta, Metallica  en …And Justice for All (1988) criticó duramente la corrupción, la avaricia y la manipulación de la justicia; Ride the Lightning exploró la condena de un hombre inocente y el horror de la ejecución; por otro lado, Disposable Heroes, de Master of Puppets, criticó cómo los gobiernos ven a los soldados como peones desechables en una partida de ajedrez. Por ello es tan contradictorio e hipócrita que ahora Hetfield tilde de “mierda” (bullshit)  el compromiso político de otros artistas. 

    Hetfield ya había expresado esta postura antes, en 2017, cuando declaró: “Odio la política. No quiero hablar de política. […] La política y la religión separan a la gente, y yo quiero conectar a la gente con la música”. Sin embargo, no hablar de política también es una decisión política, más cuando la utilizó para cimentar una carrera. Nadie obliga a un músico a convertir cada concierto en un mitin; sin embargo sus declaraciones resultan hipócritas y contradictorias, más cuando descalifica a quienes deciden hablar de guerras, derechos humanos o injusticias cuando se encuentran ante una multitud. 

    Seamos sinceros: el último buen álbum de Metallica fue …And Justice for All y desde entonces la banda no ha vuelto a ofrecer nada bueno en casi cuatro décadas. Tenemos a un vocalista que ya no puede cantar, a un baterista que parece quedar en estado de coma tras cada compás que intenta marcar y a un guitarrista que, aun con las manos funcionales, toca como si tuviera artritis. Y ahora, encima, quieren excluir la crítica política de sus conciertos mientras siguen interpretando esas mismas canciones.

    La verdadera pregunta es: ¿por qué seguimos prestándole atención a lo que esta banda tan mediocre hace y dice?