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    Alessandra Rojo de la Vega sale escoltada de Palacio y se sube a camionetas sin placas

    La alcaldesa de Cuauhtémoc salió escoltada de una exclusiva tienda departamental y abordó vehículos sin matrícula, como si las reglas de tránsito fueran opcionales para quienes gobiernan.

    La alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, volvió a quedar en el centro de la polémica luego de ser captada al salir escoltada de Palacio de Hierro, mientras se dirigía a camionetas que, de acuerdo con los señalamientos, circulaban sin placas de matriculación. La escena retrata una curiosa contradicción: una funcionaria que debería poner el ejemplo en el cumplimiento de la ley, pero que aparentemente se mueve con un concepto bastante peculiar de las obligaciones ciudadanas.

    El asunto no es menor. En la Ciudad de México, el artículo 45 del Reglamento de Tránsito establece la obligación de que los vehículos motorizados porten sus placas de matrícula vigentes y visibles, tanto en la parte frontal como en la posterior, según corresponda. La disposición busca garantizar la identificación de las unidades que circulan por las calles y no contempla privilegios por ocupar un cargo público.

    Es decir, ni ser alcaldesa, ni contar con escoltas, ni salir de una tienda de lujo convierte a una camioneta en una excepción ambulante. La normativa de tránsito no incluye una cláusula especial para funcionarios que prefieran viajar sin matrículas, aunque sus acompañantes se encarguen de abrirles paso.

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    ¿Y la legalidad? Esa parece quedar en segundo plano cuando se trata de trasladar a la alcaldesa. Mientras los ciudadanos deben cumplir con los requisitos para circular, las unidades que presuntamente la transportan sin placas exhiben una imagen difícil de justificar. Porque si la ley es pareja, también debería aplicarse a quienes presumen representar a la ciudadanía.

    Rojo de la Vega podría explicar por qué los vehículos utilizados en su traslado no portaban placas visibles y si cuentan con alguna autorización que justifique esa situación. De lo contrario, la escena deja una pregunta incómoda: ¿de qué sirve hablar de orden y legalidad desde la alcaldía si las camionetas de la propia titular parecen no enterarse de que existen reglas?