La presidenta peruana viajará a El Salvador para conocer el modelo de seguridad de Nayib Bukele y visitar su megacárcel.
La presidenta de Perú, Keiko Fujimori, viajará a El Salvador el 29 y 30 de octubre para conocer las políticas del mandatario Nayib Bukele, especialmente en materia de seguridad. Durante su visita, recorrerá el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), una prisión de máxima seguridad que se ha convertido en el símbolo de la política de mano dura del Gobierno salvadoreño. Además, anunció que invitará a Bukele a visitar el Perú, en un acercamiento que refuerza su interés por tomar como referencia la gestión del mandatario.
Sin embargo, el modelo de Bukele no puede presentarse como una solución automática a la inseguridad que golpea al Perú. La realidad peruana tiene características propias, con problemas como la extorsión, el sicariato, las economías criminales y la corrupción que debilita a las instituciones. Construir megacárceles y aplicar detenciones masivas no garantiza, por sí solo, desarticular las redes criminales ni resolver las deficiencias de la Policía, el sistema judicial y las fiscalías.
Además, las medidas aplicadas en El Salvador han generado cuestionamientos de organismos de derechos humanos por las detenciones arbitrarias y las restricciones al debido proceso. Por ello, mientras la población peruana exige respuestas concretas frente a las extorsiones y los asesinatos, la visita a la megacárcel salvadoreña corre el riesgo de reducir un problema complejo a la imagen de mano dura que proyecta Bukele. La seguridad no depende únicamente de encarcelar a más personas, sino también de investigar los delitos, combatir la corrupción, fortalecer las instituciones y garantizar que los criminales sean procesados con pruebas.
La agenda de Fujimori incluye, además, reuniones sobre salud y educación, así como conversaciones para un posible tratado de libre comercio. No obstante, el principal desafío será demostrar qué resultados concretos puede ofrecer este acercamiento al Perú. Imitar a Bukele no equivale a tener una política de seguridad eficaz: el país necesita soluciones sostenibles, instituciones que funcionen y medidas que enfrenten las causas y las estructuras de la criminalidad, no solo propuestas que generen impacto político.
