La salida de las fuerzas estadounidenses ocurre mientras Bagdad enfrenta el desafío de desarmar a milicias cercanas a Irán y en medio de una nueva escalada militar en Medio Oriente.
Estados Unidos culminará este 30 de septiembre su retirada militar de Irak, después de 12 años de operaciones contra el Estado Islámico (EI). La salida ocurre en un escenario marcado por la guerra con Irán, la presencia de células yihadistas y el proceso impulsado por Bagdad para desarmar a las milicias proiraníes que operan fuera del aparato estatal.
La intervención estadounidense comenzó en 2014, cuando el EI llegó a controlar cerca de un tercio del territorio iraquí. La coalición internacional encabezada por Washington llegó a reunir unos 8 mil soldados y apoyó con ataques aéreos, entrenamiento, asesoría e inteligencia a las fuerzas iraquíes y kurdas. El Gobierno de Irak declaró derrotado territorialmente al grupo en diciembre de 2017.
Aunque pequeñas células del EI permanecen activas en zonas como el desierto de Al Anbar y las montañas de Hamrin, expertos citados por EFE consideran poco probable que el grupo vuelva a controlar grandes extensiones. La retirada, sin embargo, implicará reducir los tiempos de respuesta ante posibles ataques y terminará con el intercambio diario entre tropas extranjeras y fuerzas iraquíes.

La relación entre Washington y algunas milicias iraquíes se deterioró después del asesinato del general iraní Qasem Soleimani en Bagdad en 2020. Posteriormente, grupos proiraníes lanzaron ataques contra bases militares y objetivos estadounidenses, mientras el Parlamento iraquí exigía la salida de las tropas extranjeras. En 2024, Washington y Bagdad acordaron completar el retiro.
El principal desafío ahora será el desarme de las milicias, algunas de las cuales rechazan abandonar las armas mientras continúe la presencia de potencias extranjeras y persista la amenaza del EI. Estas facciones también han atacado intereses de Estados Unidos y aliados de Washington en Medio Oriente tras el inicio de la guerra con Irán el pasado 28 de febrero.
El escenario abre una nueva etapa para Irak, que deberá asumir mayor responsabilidad sobre su seguridad. Analistas citados por EFE advierten que, si las milicias mantienen sus ataques contra intereses estadounidenses, Washington podría responder con sanciones, restricciones financieras o incluso nuevos ataques, lo que mantiene latente el riesgo de una nueva escalada militar en territorio iraquí.
