Entre señalamientos, polémicas y personajes marcados por la controversia, el Partido Acción Nacional ha enfrentado cuestionamientos sobre la conducta de algunos de sus integrantes políticos, reforzando una percepción de desgaste y presión.
La responsabilidad de gobernar exige disciplina, seriedad, prudencia, responsabilidad así como cercanía con la ciudadanía. Sin embargo, diversos hechos protagonizados por figuras pertenecientes al PAN han reforzado una percepción incómoda para el partido: la de una clase política que parece más asociada a los excesos que a la rendición de resultados.
Cuando las controversias relacionadas con el consumo de alcohol se repiten de manera constante entre distintos políticos blanquiazules, dejan de ser casos aislados y se convierten en un problema de imagen, pues contribuyen a fortalecer la percepción de que estas conductas se han normalizado dentro del panismo.
Uno de los casos más conocidos es el del expresidente Felipe Calderón, quien ha sido objeto de críticas por adversarios políticos y hasta por la misma ciudadanía. El tema ha permanecido durante muchos años, puesto que durante actos políticos se le ha visto con la vista “cansada”, además de un tono de voz y una mala pronunciación de las palabras.
La gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, también ha enfrentado señalamientos respecto a sus presuntos hábitos con el consumo de alcohol, puesto que existen videos difundidos en redes sociales donde la propia gobernadora ha confirmado que tanto ella como funcionarios de su administración se toman “un tequilita para relajarse”.
Omar Borboa, quien fungió como secretario general del PAN de 2016 al 2018, fue también señalado y cuestionado tras un accidente automovilístico en la Zona Metropolitana de Guadalajara, donde paramédicos lo encontraron bajo los efectos del alcohol, por lo que reavivó la discusión sobre la conducta que deben mantener quienes ocupan cargos públicos de representación.
A esta lista también se suma Francisco Solís Peón, ex Diputado Local blanquiazul en la Asamblea Legislativa del entonces DF a principios de los años 200. Solís fue conocido como “Pancho Cachondo”, tras ser fotografiado saliendo de un centro nocturno acompañado de mujeres con poca ropa. Su fama quedó ligada a la vida nocturna y diversos escándalos públicos que terminaron por opacar su actividad legislativa.
Casos como estos han contribuido a deteriorar la imagen del partido y a reforzar una percepción cada vez más difícil de ignorar. Mientras continúen surgiendo episodios que alimenten esa narrativa, el PAN seguirá enfrentando cuestionamientos por una imagen que parece estar más asociada a los excesos que a la seriedad y responsabilidad que demanda la función pública.
