El movimiento “QuitGPT”, campaña que llama a abandonar el uso de ChatGPT en señal de protesta por supuestos vínculos políticos y cuestionamientos éticos en torno al desarrollo y financiamiento de la inteligencia artificial, toma fuerza al ser impulsado por activistas y figuras públicas como Mark Ruffalo.
El actor estadounidense Mark Ruffalo, ha generado polémica tras sumarse públicamente al movimiento “QuitGPT”, campaña que llama a los usuarios a cancelar sus suscripciones y dejar de usar ChatGPT, la herramienta de inteligencia artificial desarrollada por OpenAI.
En publicaciones compartidas en sus redes sociales y en mensajes que han circulado en plataformas como Instagram y Reddit, Ruffalo señaló que la dirección de ChatGPT y su financiamiento están estrechamente vinculados con el apoyo político al presidente Donald Trump, y argumentó que la tecnología de la inteligencia artificial está siendo empleada en actividades como la automatización de procesos de agencias gubernamentales, como ICE.
El movimiento “QuitGPT”, que ha ganado tracción bajo ese lema, insta a los usuarios a eliminar la aplicación, cancelar suscripciones de pago y adoptar alternativas de IA que no estén “enredadas en prácticas políticas o éticas cuestionables”. Entre las alternativas propuestas online se mencionan otros modelos como Gemini o Claude, que algunos usuarios aseguran ofrecen mayor privacidad o valores distintos en su diseño.
Las declaraciones de Ruffalo conectan con una corriente crítica que surgió tras revelaciones sobre aportaciones políticas de ejecutivos de tecnología a comités pro-Trump y la participación de herramientas de IA en procesos de contratación y vigilancia de agencias federales.
La campaña también cuestiona el financiamiento y las posturas políticas de ejecutivos y empresarios del sector tecnológico, argumentando que los usuarios, al pagar suscripciones o aportar datos para entrenar modelos, podrían estar contribuyendo indirectamente a estructuras que influyen en procesos políticos o económicos.
Más allá del impacto real en el número de usuarios, la campaña ha logrado instalar en la conversación pública preguntas incómodas sobre transparencia, regulación y responsabilidad social en el desarrollo de tecnologías que ya forman parte integral de la vida diaria. En un contexto donde la IA avanza más rápido que las normas que buscan regularla, el movimiento evidencia que el debate ya no es solo técnico, sino profundamente político y ético.
