Revistas de Televisa difundieron el noviazgo como una historia de amor ideal, mientras el entonces gobernador mexiquense construía una imagen pública rumbo a la elección presidencial de 2012.
La relación entre Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera fue presentada durante años como un romance de celebridades, pero publicaciones periodísticas señalaron que también funcionó como una estrategia de marketing político de la mano de Televisa para impulsar la imagen del entonces gobernador del Estado de México. El vínculo comenzó a hacerse público mientras Peña Nieto se perfilaba como uno de los principales aspirantes del PRI a la Presidencia de 2012.
El acercamiento ocurrió cuando Angélica Rivera fue elegida como imagen de una campaña de comunicación del gobierno mexiquense. Versiones publicadas en Proceso señalaron que el publicista Juan Carlos Limón García, de ByPower, estuvo involucrado en su incorporación al proyecto. Posteriormente, revistas de espectáculos difundieron ampliamente la relación y comenzaron a construir una narrativa alrededor de la pareja.
Televisa tuvo un papel central en esa promoción mediante publicaciones como Caras, que dedicó decenas de páginas a la pareja, además de las apariciones en Quién y Hola!. La propia Caras, perteneciente al grupo editorial de Televisa, presentó la relación como una historia de amor y difundió detalles de su noviazgo, compromiso y boda. Al mismo tiempo, periodistas como Daniel Lizárraga señalaron que desde fuera era evidente el componente de marketing: el gobernador atractivo que se casaría con una actriz famosa.
La estrategia terminó vinculando la vida sentimental de Peña Nieto con su proyecto político. En 2010, la pareja se casó en la Catedral de Toluca y dos años después Peña Nieto ganó la Presidencia. Rivera se convirtió en primera dama y continuó siendo una figura utilizada para proyectar una imagen familiar y mediática del nuevo presidente. Años más tarde, el matrimonio terminó en divorcio, mientras aquella relación que había sido ampliamente promocionada por las revistas de Televisa quedó marcada por las dudas sobre hasta dónde llegó la frontera entre romance, espectáculo y propaganda política.
