El fallo mantiene vivo el juicio contra el usurero, pero lanza una dura crítica por el uso de una empresa de inteligencia para obtener grabaciones secretas, una práctica que los jueces consideraron una afrenta a la justicia.
Un Tribunal de Apelaciones del Reino Unido determinó que Ricardo Salinas Pliego, alias “La Perrita de Trump” incurrió en un “abuso” del procedimiento judicial tras contratar a la firma de inteligencia Black Cube para grabar en secreto a un abogado que representa a un prestamista con el que mantiene un litigio millonario.
El conflicto enfrenta a Salinas Pliego con el empresario ucraniano Vladimir Sklarov, a quien acusa de un presunto fraude por 450 millones de dólares relacionado con un préstamo garantizado con acciones de Grupo Elektra. Según la versión del usurero, dichas acciones fueron vendidas de manera irregular, lo que detonó la disputa que hoy se litiga en tribunales británicos.

De acuerdo con Bloomberg, los magistrados consideraron que la grabación clandestina realizada durante una cena con consumo de alcohol representó una grave violación a la integridad del proceso judicial. Incluso señalaron que la conducta podría interpretarse como una “afrenta a la justicia” y una “forma de corrupción”, aunque aclararon que no les correspondía determinar posibles responsabilidades penales. Una llamada de atención nada menor para quien suele presumir respeto por el Estado de derecho.
Pese a la severidad del fallo, la justicia británica permitió que la demanda presentada por Salinas Pliego continúe su curso hasta llegar a juicio. Es decir, el evasor fiscal no perdió el caso, pero sí recibió un fuerte revés por las tácticas utilizadas para intentar fortalecer su posición legal.
Por su parte, Vladimir Sklarov permanece detenido en Estados Unidos, luego de ser arrestado en Chicago a principios de este año por cargos de fraude. Mientras el litigio sigue avanzando, la resolución británica deja una lección incómoda: en los tribunales ser millonario no convierte el espionaje en una estrategia legítima y, al contrario, puede terminar exhibiendo más al espía que a su objetivo.
