La inversión rápida y el desarrollo acelerado de las nuevas tecnologías, en especial de la inteligencia artificial en los últimos años, ha provocado una escasez en los chips avanzados, en especial para la memoria alta ancho de banda (HBM) de los teléfonos inteligentes.
La industria electrónica enfrenta una grave escasez de chips de memoria a nivel mundial, lo que ha provocado un aumento de precio en dispositivos como los teléfonos inteligentes. Esto se debe a la demanda de tecnología de IA, la inversión rápida y el desarrollo acelerado, lo que ha generado que las empresas tengan que redefinir sus estrategias productivas.
La demanda de smartphones no ha dejado de crecer, ya que es impulsada por la innovación constante en las nuevas tecnologías, como la conectividad 5G, pantallas más avanzadas y procesadores más eficientes; sin embargo, al tiempo en que la inteligencia artificial se va transformando, su impacto empieza a afectar la economía de los consumidores.
La medida de costos de un teléfono depende de la memoria utilizada; para un dispositivo de gama media, la memoria puede representar aproximadamente el 15% y el 20% del BOM, mientras que para un dispositivo de gama alta ronda entre el 10% y 15%. Los precios de la memoria siguen elevándose, por lo que fabricantes de equipos originales tienen que subir los precios y reducir especificaciones. Ante este aumento, ¿qué pasa con los dispositivos de marcas emergentes?
Mientras los teléfonos inteligentes de marcas reconocidas logran sostenerse gracias a contratos preferenciales y mayores márgenes de ganancia, las marcas emergentes trabajan con estructura de costos limitados, es decir, basan su oferta de RAM en una accesible, que implica la pérdida de competitividad y la reducción de calidad, así como la decisión entre el aumento de precio al consumidor o ajustar características.
La crisis también impacta en la disponibilidad de equipos, lo que conlleva a los atrasos en la producción, lanzamientos pospuestos y menor presencia en tiendas físicas o plataformas digitales, por lo que desaparecen rápidamente del mercado emergente, que es donde suelen concentrar su estrategia comercial.
En cuanto a la competitividad, el aumento de costos es un factor clave para que las marcas que no son tan populares en el mercado se vean afectadas por la elevación de precios, lo que las obliga a incrementar costos y reducir su potencial de sostener precios bajos.
Finalmente, la escasez de chips de memoria no solo ha incrementado el precio de los teléfonos inteligentes, sino que ha incrementado el desequilibrio entre los grandes fabricantes y las marcas menos conocidas. Mientras las grandes marcas logran adaptarse con ventajas, las empresas emergentes enfrentan limitación en su calidad y pérdida constante de competitividad, por lo que el acceso a dispositivos tecnológicos ha sido un reto cada vez mayor.

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