El gobierno argentino expulsa a un diplomático iraní y abre una investigación por supuesta desinformación rusa, mientras crecen cuestionamientos por su política exterior confrontativa.
El gobierno de Javier Milei volvió a colocarse en el centro de la polémica internacional al escalar su confrontación con Irán y lanzar acusaciones contra Rusia por una presunta campaña de desinformación, sin presentar pruebas contundentes, lo que ha generado críticas por el manejo de la política exterior.
Como parte de esta estrategia, la administración ordenó la expulsión del diplomático iraní Mohsen Soltani Tehrani, una decisión que fue calificada como “hostil” por el propio funcionario. Este movimiento ocurre en vísperas del viaje de Milei a Israel, donde busca reforzar su alineamiento político, incluyendo el polémico traslado de la embajada argentina a Jerusalén.
La postura del mandatario ha sido celebrada por aliados como el canciller israelí, Gideon Sa’ar, y respaldada por el embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas, lo que refuerza la percepción de un alineamiento automático con intereses extranjeros, particularmente cercanos a Donald Trump.

En paralelo, el gobierno instruyó a los servicios de inteligencia a investigar una supuesta red de trolls vinculada a Rusia. Sin embargo, la propia embajada rusa rechazó las acusaciones y denunció que no existen evidencias que respalden estos señalamientos, advirtiendo que podrían responder más a intereses políticos que a hechos verificables.
Analistas señalan que esta serie de decisiones reflejan una política exterior errática y confrontativa, que podría aislar a Argentina en el escenario internacional. Además, cuestionan que se prioricen conflictos externos mientras persisten tensiones internas y desafíos económicos.
El creciente número de frentes abiertos por el gobierno de Milei enciende alertas sobre las consecuencias diplomáticas y económicas, en un contexto donde la falta de pruebas y el tono beligerante podrían deteriorar relaciones clave para el país.

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