Infantino se burla del aficionado: justifica boletos impagables para el Mundial 2026

El presidente de la FIFA asegura que los precios elevados financian al futbol global, mientras aficionados denuncian abusos y engaños en la venta de entradas.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, volvió a encender la polémica al defender los altos precios de los boletos para el Mundial 2026, como si pagar cifras desorbitadas fuera parte del espectáculo.

Según el dirigente, los costos “elevados” son necesarios porque la Copa del Mundo es prácticamente la única fuente de ingresos del organismo. Traducido: un mes de futbol para financiar casi cuatro años… a costa del aficionado.

Durante su participación en la Cumbre Mundial de Economía de Semafor, en Washington, Infantino explicó que la FIFA “genera dinero en un mes y lo gasta en los siguientes 47”, intentando justificar así el golpe al bolsillo de millones de seguidores. Eso sí, el discurso vino acompañado del clásico argumento de “organización sin fines de lucro”, que suena cada vez menos convincente frente a los precios prohibitivos.

El dirigente aseguró que los recursos se distribuyen entre 211 federaciones afiliadas, muchas de las cuales dependen de estos fondos para operar. Sin embargo, la narrativa solidaria contrasta con la realidad: aficionados que no pueden pagar un boleto o que, peor aún, denuncian irregularidades en la asignación de asientos.

En días recientes, seguidores —principalmente en Estados Unidos— acusaron que boletos de categoría uno fueron degradados a categoría dos, pese a haber pagado el precio más alto. El resultado: enojo, confusión y sensación de fraude en un torneo que presume ser “para todos”.

Mientras Infantino pide comprensión, en redes sociales abundan las críticas: para muchos, la FIFA parece más interesada en exprimir el evento más rentable del planeta que en garantizar acceso justo a los aficionados. Porque claro, nada dice “amor al futbol” como entradas impagables y explicaciones que suenan a burla.

Al final, el Mundial 2026 promete estadios llenos… pero también una conversación incómoda: ¿hasta qué punto el negocio está dejando fuera a quienes realmente sostienen el futbol?

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