Mujeres afganas desafían a talibanes con clubes secretos de lectura en WhatsApp

A casi cuatro años del regreso talibán al poder, afganas organizan redes clandestinas para compartir libros prohibidos y continuar estudiando pese a la censura.

En Afganistán, decenas de mujeres han comenzado a organizar clubes de lectura secretos a través de WhatsApp y Telegram para desafiar las restricciones impuestas por el régimen talibán desde su regreso al poder el 15 de agosto de 2021. 

Una de las impulsoras de esta red clandestina es Fahr Parsi, una licenciada en Derecho de 29 años que utiliza un seudónimo por seguridad y que, antes de la llegada de los talibanes a Kabul, dirigía una biblioteca para mujeres fundada en 2019 junto a compañeras universitarias. Tras la toma de la capital afgana, ella y sus colaboradoras ocultaron una colección de 4 mil libros en un lugar secreto de Kabul para evitar que fueran confiscados.

De acuerdo con Naciones Unidas, las políticas talibanas han instaurado un “apartheid de género” en Afganistán, prohibiendo a las mujeres asistir a universidades, escuelas secundarias y a la mayoría de los espacios públicos y laborales. 

También tienen restricciones para viajar sin acompañamiento masculino y recientemente se les prohibió incluso hablar en público. Diversas mujeres detenidas por participar en protestas o cuestionar al régimen han denunciado torturas y abusos sexuales en prisión. A esto se suma la censura de libros considerados incompatibles con la ideología talibán, situación que ha provocado decomisos en bibliotecas de Kabul y Herat.

Ante este panorama, Fahr Parsi transformó su antigua biblioteca física en una red digital de resistencia. Actualmente coordina un grupo de casi 300 mujeres en WhatsApp, donde comparte archivos PDF escaneados de libros prohibidos y organiza reuniones clandestinas de lectura con integrantes de confianza. 

La activista explicó que cada nueva participante es evaluada personalmente debido al temor de infiltraciones y espionaje por parte de los talibanes. Además, aseguró que almacenar libros en Afganistán se ha convertido en una actividad de alto riesgo, especialmente por los operativos de revisión casa por casa que realizan las autoridades.

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