Mientras enfrenta críticas por su estilo autoritario y culto a la personalidad, el gobierno de Donald Trump ya impulsa un billete conmemorativo de 250 dólares con su cara al frente.
En Estados Unidos ya no esconden el fanatismo político: el gobierno de Donald Trump avanza en la creación de un billete de 250 dólares con la imagen del propio presidente, una propuesta que para muchos parece más sacada de una caricatura presidencialista que de una democracia moderna. El proyecto es impulsado por republicanos cercanos al magnate y ya comenzó a moverse dentro del Departamento del Tesoro.
La iniciativa fue presentada por el congresista republicano Joe Wilson, quien busca que la Oficina de Grabado e Impresión coloque el rostro de Trump en la nueva denominación monetaria como parte de las celebraciones por los 250 años de la independencia de Estados Unidos. Aunque la propuesta sigue atorada en el Congreso, funcionarios del Tesoro ya comenzaron trabajos de planeación para acelerar el proceso.
La escena rozó el absurdo cuando el secretario del Tesoro, Scott Bessent, apareció mostrando el diseño preliminar del billete en plena Casa Blanca, alimentando aún más las críticas sobre el creciente culto a la personalidad alrededor de Trump. Y es que no se trata de un expresidente homenajeado décadas después, sino de un mandatario en funciones buscando inmortalizarse literalmente en el dinero de su país.

De acuerdo con reportes de The Washington Post, el tesorero nacional Brandon Beach —nombrado por Trump— habría presionado directamente a la Oficina de Grabado e Impresión para agilizar la producción del billete. Incluso trascendió que un antiguo responsable del organismo fue removido tras oponerse al proyecto, lo que ha despertado nuevas acusaciones sobre autoritarismo y control político dentro de las instituciones estadounidenses.
La administración Trump justificó la idea asegurando que el billete busca “reconocer adecuadamente” el aniversario 250 de la fundación del país. Sin embargo, críticos y analistas señalan que el republicano intenta colocarse en el centro absoluto de las celebraciones patrióticas, alimentando una narrativa de figura mesiánica que ya preocupa incluso dentro de sectores conservadores.
Mientras millones de estadounidenses enfrentan inflación, deudas y crisis económicas, Washington parece concentrado en algo más urgente: decidir cuántos dólares costará ahora traer la cara de Trump en la cartera. Porque si algo faltaba en esta etapa política de Estados Unidos, era convertir el ego presidencial en moneda de curso legal.

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