La FIFA prohibió la bandera del León y el Sol dentro de los estadios del torneo. Aun así, decenas de iraníes la ingresaron de contrabando entre su ropa y la ondearon ante las cámaras del mundo.
Aficionados iraníes encontraron formas ingeniosas para burlar la prohibición: escondieron la insignia entre su ropa, portaron camisetas con el emblema o ensamblaron la bandera con piezas separadas de tela ya dentro del estadio.
La escena se repitió durante el partido entre Irán y Nueva Zelanda en Los Ángeles. Cada bandera desplegada fue un acto de rebeldía personal contra dos poderes al mismo tiempo: el régimen de Teherán y la burocracia de la FIFA.
Un iraní-estadounidense llegó con su hija a las puertas del estadio hasta que un guardia lo detuvo y le explicó que la FIFA había prohibido esa bandera por considerarla demasiado política. “¿Qué esperan de nosotros? ¿Apoyar un régimen en el que no creemos?“, dijo el hombre antes del partido.
La Federación Iraní de Fútbol incluso amenazó con abandonar el Mundial si las autoridades permitían la exhibición abierta de ese símbolo en las tribunas. La presión no funcionó. Las banderas entraron igual.


Deja un comentario