El priísta Manuel Añorve intentó presumir cifras de “aumento del PIB” durante administraciones del PRI, pero Morena ha respondido con reducción de pobreza, aumentos al salario mínimo y programas sociales, mientras el pasado del priísmo sigue marcado por escándalos de corrupción y desvío de recursos.
El senador priísta Manuel Añorve intentó presumir una cifras del crecimiento económico durante gobiernos del PRI al difundir una gráfica con datos según el INEGI del PIB; sin embargo, sus declaraciones han sido cuestionadas porque el desempeño económico no puede medirse con un dato aislado, sino con los resultados que realmente llegan a la población. Mientras el priísmo presume números, millones de mexicanos recuerdan décadas marcadas por corrupción, privilegios y beneficios para unos cuantos.
Durante la administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador y el arranque del gobierno de Claudia Sheinbaum, el valor nominal de la economía mexicana ha superado los 71 billones de pesos, con un crecimiento superior al 40%.
A ello se suman políticas como el incremento acumulado de 154% al salario mínimo y los programa sociales, que el gobierno federal atribuye a una reducción significativa de la pobreza y a una mejor distribución de ingresos.
Las comparaciones con el PRI también reviven algunos de los mayores escándalos de corrupción. Desde la llamada Partida Secreta durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, hasta La Estafa Maestra en el gobierno de Enrique Peña Nieto, los gobiernos priistas quedaron marcados por presuntos desvíos multimillonarios de recursos públicos, que, de acuerdo a investigaciones, beneficiaron intereses políticos por encima de la ciudadanía.
Frente a ello, Morena sostiene que el modelo actual prioriza la inversión social, el fortalecimiento del salario y los apoyos dirigidos a los sectores más vulnerables, cuando durante más de 7 décadas con el PRI, los beneficios del crecimiento económico se concentraban en grupos reducidos mientras persistían la desigualdad y los privilegios.
Al final, el crecimiento económico no se mide por publicaciones en redes sociales ni por discursos de dirigentes del viejo PRI. Se mide por el poder adquisitivo de las familias, la reducción de la pobreza y las oportunidades para la población.

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