El priista Mikel Arreola blinda a los dueños y sepulta el ascenso y descenso de la Liga MX

La Liga MX hizo oficial la desaparición del ascenso y descenso a partir de la temporada 2026-2027, una decisión que beneficia a los propietarios de los clubes y deja el mérito deportivo en segundo plano.

La Liga MX oficializó la eliminación definitiva del ascenso y descenso mediante su nuevo Reglamento de Competencia para la temporada 2026-2027, confirmando que los clubes de Expansión MX ya no podrán llegar a Primera División por resultados deportivos. Lo que en 2020 se presentó como una medida temporal durante la pandemia terminó convirtiéndose en una política permanente, impulsada bajo la gestión del priista Mikel Arreola.

El reglamento establece que, por acuerdo del Comité Ejecutivo de la Federación Mexicana de Futbol (FMF), ningún equipo de Liga MX descenderá y ninguno de la Liga de Expansión ascenderá, cerrando por completo la posibilidad de que el rendimiento en la cancha determine quién merece competir en la máxima categoría. En otras palabras, la Primera División deja de ganarse y pasa a conservarse por decreto.

La decisión representa un auténtico blindaje para los dueños de los clubes, quienes ahora podrán entregar torneos mediocres sin preocuparse por perder la categoría. Mientras millones de aficionados pagan boletos, suscripciones y mercancía esperando competencia real, los propietarios podrán dormir tranquilos sabiendo que el fracaso deportivo ya no tiene consecuencias. La famosa “estabilidad” de la que presume Mikel Arreola terminó siendo estabilidad… pero únicamente para los bolsillos de los dueños.

Como si fuera poco, la tabla de cociente seguirá apareciendo en el reglamento, aunque únicamente con fines estadísticos, pues también desaparecen las multas económicas para los peores equipos del circuito. Es decir, la clasificación que durante años sirvió para medir el riesgo de descenso ahora quedará como un simple adorno administrativo, una especie de recuerdo de cuando el futbol mexicano todavía premiaba el esfuerzo y castigaba el mal desempeño.

El caso del Atlante ejemplifica el nuevo modelo. Aunque era el único club certificado para competir en Primera División, su regreso no llegó por la vía deportiva, sino mediante la compra de una franquicia tras la desaparición de Mazatlán FC. Con ello, la Liga MX consolida un sistema cerrado donde el negocio pesa más que la competencia y donde el mérito queda relegado frente a los intereses de unos cuantos.

Gracias a la gestión de Mikel Arreola, el futbol mexicano se parece cada vez menos a una liga deportiva y cada vez más a un exclusivo club privado donde los dueños jamás pierden, aunque sus equipos sí.

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