El gobierno israelí anunció el desalojo de un nuevo campamento de refugiados palestinos para instalar una base militar.
El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, ordenó al ejército ampliar su ofensiva en Cisjordania ocupada y tomar el control de otro campamento de refugiados palestinos cerca de Nablús. El plan contempla expulsar a sus habitantes para establecer una presencia militar permanente.
De manera paralela, fuerzas israelíes demolieron al menos 11 viviendas palestinas y trasladaron casas móviles a un puesto de control en el valle del Jordán para preparar un nuevo asentamiento. Organizaciones internacionales han advertido que estas acciones profundizan el desplazamiento forzado de la población palestina y agravan una crisis humanitaria que se ha intensificado durante los últimos años.
En la Franja de Gaza, el ejército israelí mató a cuatro palestinos en nuevos ataques, de acuerdo con el Ministerio de Salud gazatí, pese a que continúa vigente un alto el fuego, esto mientras crecen las denuncias por la destrucción sistemática de comunidades palestinas y la violencia contra la población civil.
La ofensiva militar, la expansión de asentamientos y el desplazamiento de miles de familias han sido ampliamente cuestionados por organismos internacionales y expertos en derechos humanos, por violaciones graves al derecho internacional. Diversos actores internacionales han denunciado que la magnitud de la destrucción, las muertes de civiles y las condiciones impuestas a la población palestina requieren investigaciones y rendición de cuentas.

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