El cardenal emérito adquirió dos propiedades en una de las torres más exclusivas de la Ciudad de México, una compra que volvió a poner bajo la lupa el patrimonio de la jerarquía católica.
El cardenal Norberto Rivera Carrera, una de las figuras más influyentes de la Iglesia católica en México, desembolsó más de 20 millones de pesos para adquirir dos departamentos de lujo en la Torre Mítikah, uno de los complejos inmobiliarios más exclusivos de la Ciudad de México.
Los inmuebles, identificados como los departamentos 4201 y 4205, fueron comprados el 29 de febrero de 2024. Cada propiedad tenía un valor aproximado de 10 millones de pesos, por lo que la operación representó una millonaria inversión inmobiliaria por parte del cardenal emérito.
Además del costo de los departamentos, Rivera pagó más de 1.3 millones de pesos por concepto del Impuesto Sobre Adquisición de Inmuebles (ISAI) y otros derechos relacionados con la compra. Posteriormente, promovió un amparo al considerar excesivos esos cobros y un tribunal ordenó la devolución de los recursos.

La adquisición generó críticas debido al contraste entre el estilo de vida asociado a la alta jerarquía eclesiástica y los cuestionamientos que durante años han rodeado a Rivera por su cercanía con grupos de poder, así como por polémicas relacionadas con su gestión al frente de la Iglesia católica mexicana.
El caso también volvió al debate público justo cuando sectores conservadores han salido a criticar medidas como la llamada “Ley Antimentiras”, argumentando defensa de la libertad de expresión. Sin embargo, sus detractores señalan que figuras como Rivera han sido cuestionadas durante años por temas de privilegios, opacidad y rendición de cuentas.
Más allá de la devolución fiscal obtenida por la vía legal, la compra de dos departamentos millonarios en Mítikah reavivó una pregunta sobre el patrimonio de algunos líderes religiosos: ¿cómo se construyen y justifican las grandes fortunas dentro de instituciones que históricamente han llamado a la austeridad?

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