ONU se hunde ante el poder de EUA: Trump amenaza y Lula cuestiona

La organización presume diálogo y derecho internacional, pero exhibe su incapacidad para contener a Washington mientras Trump amenaza con “aniquilar” a Irán y presume el poder de Estados Unidos.

La Asamblea General de la ONU volvió a exhibir la profunda crisis del orden internacional: mientras António Guterres llamó a recuperar la cooperación y advirtió sobre guerras, desigualdad y cambio climático, Donald Trump utilizó la tribuna mundial para reivindicar el poder de Estados Unidos y lanzar nuevas amenazas contra otros países.

El contraste resulta evidente. Guterres advirtió que el mundo puede avanzar hacia una mayor fragmentación, con instituciones debilitadas y una cooperación cada vez menor. Sin embargo, la propia ONU enfrenta una pérdida de credibilidad y un Consejo de Seguridad paralizado, incapaz de responder con eficacia ante algunos de los principales conflictos internacionales. El presidente brasileño Lula da Silva incluso afirmó que la credibilidad del organismo “nunca ha sido tan baja”.

En medio de esa crisis institucional, Estados Unidos vuelve a colocarse como una potencia que pretende imponer condiciones desde la fuerza. Trump afirmó ante los representantes de 193 países que “Estados Unidos está de regreso” y amenazó con “aniquilar” a Irán si no alcanza un acuerdo. También defendió la intervención estadounidense en Venezuela y anunció una política de presión contra Cuba.

La escena resulta difícil de ignorar: la organización creada para evitar nuevas guerras observa desde su propia sede cómo una potencia amenaza con destruir a otro Estado. Y mientras Washington defiende sus intereses estratégicos en el hemisferio, la ONU parece limitada a llamados al diálogo que no consiguen frenar las decisiones de las grandes potencias. La propia discusión sobre la necesidad de reformar el Consejo de Seguridad refleja un problema estructural: quienes concentran mayor poder también tienen herramientas para bloquear cambios.

Lula planteó una alternativa frontal al intervencionismo: “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, defendió la soberanía de Venezuela y rechazó el embargo contra Cuba. También sostuvo que América Latina necesita cooperación y no portaaviones. Sus declaraciones contrastaron con la visión de Washington y colocaron sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué tan efectivo es un sistema multilateral cuando las potencias pueden ignorar sus reglas cuando sus intereses están en juego?

La Asamblea General deja así una paradoja: la ONU reclama un mundo regido por el derecho, mientras el poder militar y económico de Estados Unidos continúa pesando sobre las decisiones internacionales. El problema no es únicamente que el organismo necesite reformas; es que, sin voluntad de las grandes potencias para someterse a reglas comunes, el multilateralismo corre el riesgo de convertirse en un escenario de discursos mientras las decisiones reales se toman lejos del pleno.

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