El gobierno de Verónica Delgadillo presume más de 16 mil apoyos, pero la pregunta incómoda permanece: ¿por qué las familias necesitan filtros y tinacos para enfrentar un problema que debería resolverse desde la infraestructura pública?
El Gobierno de Guadalajara, encabezado por Verónica Delgadillo, anunció la entrega de más de 16 mil 800 apoyos para mejorar la gestión y calidad del agua en los hogares tapatíos. La estrategia contempla 3 mil 700 tinacos y más de 13 mil filtros purificadores y pastillas potabilizadoras, una medida que el Ayuntamiento presenta como respaldo directo a las familias.
El problema es que la postal también puede leerse de otra manera: el gobierno entrega a los ciudadanos las herramientas para almacenar y tratar el agua que reciben, en lugar de garantizar por sí mismo un servicio suficiente y de calidad. Los tinacos ayudan a guardar el agua y los filtros a tratarla, pero ninguno sustituye una red hidráulica eficiente ni resuelve de fondo los problemas de abastecimiento.

Las entregas se realizan mediante Martes Comunitarios y Sábados de Corresponsabilidad, mientras que el Gobierno de Jalisco se incorporó al programa mediante un esquema “peso a peso” para ampliar los recursos. Según el Ayuntamiento, los apoyos buscan atender a las colonias con mayores necesidades y beneficiar a más de 7 mil familias desde marzo.
Y aquí aparece la pregunta política para Delgadillo y el gobierno de Jalisco: si las familias necesitan recibir tinacos, filtros y pastillas para poder gestionar el agua en sus propias casas, ¿dónde queda la responsabilidad de las autoridades de garantizar un servicio adecuado? Porque presumir miles de apoyos puede sonar muy bien en un boletín, pero también puede exhibir la magnitud del problema que todavía no logran resolver.
La imagen es difícil de ignorar: mientras las autoridades celebran la entrega de miles de tinacos y filtros, las familias tienen que hacer su parte para almacenar y mejorar el agua que reciben. Más que una solución definitiva, el programa corre el riesgo de convertirse en un enorme curita para una herida que exige inversión, mantenimiento e infraestructura. El agua limpia no debería ser un apoyo extraordinario: debería ser un servicio básico.

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