Autor: Los Reporteros Mx

  • Votos y el agua

    Votos y el agua

    Primero algunos antecedentes, por decirlo así: en EUA, la ultraderecha tuvo la brillante, novedosa y democrática idea de quitarle el voto a la mujer (parte del movimiento tradwife), con el pretexto de que ahora sea un voto por familia; corte a: en México, la que es profesora de derecho constitucional (no importa de qué universidad), que se ha hecho, digamos, “famosa”, externó otra idea totalmente democrática: “para poder votar hay que estudiar”, o sea, convertir el derecho del voto, que lo da la propia Constitución, en un privilegio; sí, privilegio, porque para algunos mexicanos estudiar es un privilegio.

    Para que después Javier Albarrán, panista –obviamente–, proponga que ahora sea un voto por cada familia, para que, según la ultraderecha, casi seguro que toda la derecha, el voto sea más racional, siguiendo la misma línea de la supuesta profesora de derecho constitucional, y por si no fuera poco, esta sujeta aclaró que prefiere una dictadura a la democracia mexicana.

    Lo que nos lleva a las sig. inquietudes:

    • Desde que ganó AMLO en 2018, según la derecha/oposición/prianistas, estábamos en una dictadura, entonces no era cierto…
    • AMLO, la 4T, Morena, los chairos querían quitar el derecho del voto y el derecho a la democracia, para que ahora los supuestos defensores de la misma sean los que realmente quieren terminar con ella.
    • ¿Dónde andan las feministas, que no protestado por estas ideas tan “democráticas”, o será que siempre han sido grupos pagados desde la derecha…?

    Y estos dichos totalmente antidemocráticos se vienen antes de la cumbre antiultraizquierda que organiza el copetes naranjoso o Trump, que un nombre más adecuado sería la cumbre de la ultraderecha, que, por cierto, el Borolas, que aún cree que es presidente de México, estará en la reunión de retrógradas; seguramente estará también #laperritadetrump y demás fauna proultraderecha de México.

    Esta cumbre será organizada en las sombras por el bloque sionista ultraderechista/neonazi (el mismo que gobierna Israel) y que puso a Trump como representante (con eso de que parece que es el empleado de los sionistas).

    Y ya que hablamos de los sionistas, judíos, Israel, ¿qué carajos pasa con el Gobierno federal que no toma acción en el asunto del agua en Chihuahua? ¿Cómo la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, prácticamente entregó el agua a los israelíes, y el Gobierno federal no hace nada?

    ¿O se necesita que el caso se haga viral, para que la presidenta voltee y empiece a ver qué hará? Porque con eso de que los casos graves de México se tienen que hacer “virales”, para que la presidenta empiece a tomar cartas en esos asuntos.

    Por mientras, y para que el caso se haga más viral, el 1 de agosto se harán marchas, a partir de las 9:30 a. m., para defender el agua mexicana, a ver si así reacciona el Gobierno federal y empieza a actuar. Aunque hay antecedentes de la ahora presidenta, en sus tiempos de jefa de Gobierno de la Ciudad de México y de cuando era delegada/alcaldesa de Tlalpan, de sus varios intentos por “privatizar el vital líquido”, solo que en todas esas veces fue parada en seco por AMLO. Si esto llegara a suceder, nos tocará al pueblo recordarle que el agua mexicana no se vende y que la soberanía se defiende.

    Y por supuesto no podemos dejar que avance la idea de un voto racional o un voto por hogar; el voto es un derecho individual y constitucional de cada mexicano (en este caso, mayor de edad).

    Y menos podemos permitir que sujetos como Pedro Sola sigan difundiendo sus comentarios llenos de odio y promoviendo la violencia sin que tenga alguna repercusión para él y para sus empleadores.

    Sigamos haciendo que el hashtag #laperritadetrump siga vigente.

    No se les olvide, este texto está plagado de opiniones, cuestionamientos personales, algunos hechos reales y chunga.

    Gracias.

  • México ganó mucho más que partidos

    México ganó mucho más que partidos

    Hay acontecimientos que trascienden el momento en que ocurren. La Copa Mundial de la FIFA 2026 no solo dejó partidos memorables en territorio mexicano; dejó una demostración de que el país tiene la capacidad institucional, la infraestructura y el talento para organizar con éxito un evento de alcance global.

    Desde mi perspectiva, uno de los mayores aciertos fue que las sedes mexicanas proyectaron una imagen de orden, hospitalidad y convivencia. En tiempos donde la conversación pública suele centrarse en los problemas de seguridad, el Mundial permitió mostrar un México distinto: uno abierto al mundo, capaz de recibir a miles de visitantes en un ambiente de celebración.

    El mayor legado, sin embargo, no está en los estadios. Está en las obras que permanecerán durante décadas: mejoras en movilidad, rehabilitación de espacios públicos, infraestructura deportiva y renovación urbana. Ese tipo de inversiones fortalecen la competitividad de las ciudades y benefician a la población mucho después del torneo.

    Es cierto que toda inversión pública debe ser evaluada con rigor. Pero también es cierto que los grandes eventos pueden acelerar proyectos estratégicos que de otra manera tardarían años en concretarse. Cuando el resultado son ciudades mejor conectadas, espacios públicos recuperados y una mejor proyección internacional, el beneficio trasciende lo deportivo.

    México hizo historia al convertirse en el primer país en albergar tres Copas del Mundo masculinas. Esa condición implica prestigio, pero también responsabilidad. A mi juicio, las sedes mexicanas estuvieron a la altura y demostraron que el país puede competir con cualquier nación en la organización de eventos internacionales.

    El Mundial no resolverá por sí solo los desafíos nacionales. Sin embargo, sí deja una enseñanza clara: cuando existe coordinación institucional, planeación y visión de largo plazo, los grandes proyectos pueden traducirse en bienestar, desarrollo económico y orgullo nacional. Ese será, probablemente, el verdadero triunfo de México cuando el torneo sea recordado dentro de varios años.

  • Veracruz, el arte desdeñado

    Veracruz, el arte desdeñado

    Un hábito en los gobiernos de la 4T que se convirtió en vicio: ampararse sólo en la cultura de los pueblos originarios y negar el resto de las expresiones artísticas.

    Nadie niega la trascendencia de dichas obras y verdaderos monumentos al arte nacional, aportaciones invaluables al mundo, pero hay estados que se olvidan de promocionar las expresiones de quienes fuera de ese ámbito exaltan con lucidez y talento la cultura de su estado.

    Una de las razones por las cuales existe esta simulación es la de esconder la ignorancia de os funcionarios responsables, que no saben distinguir ni en las artes plásticas ni en la música lo que tiene calidad y lo que carece de ella.

    El arte y la cultura es donde se hace más evidente la falta de conocimientos que cumplan con los requisitos mínimos de educación cultural de alto nivel y que esté a la altura de las expresiones artísticas de jóvenes talentos de cada entidad.

    Veracruz es un claro ejemplo de esto. Pocas entidades cuentan con un gabinete de gobierno tan mal preparado como el de Rocío Nahle.
    En cuanto al arte y la cultura se repiten una y otra vez conciertos, concursos, exposiciones de bolero, danzón, sones, zapateado y una serie de manifestaciones tradicionales de la entidad; sin embargo, la Universidad Veracruzana, que es pública, cuenta con una directora General del Área Académica de las Artes, con un Coordinador del Centro de Estudios del Jazz, con un Director de Proyectos. De ahí surgen verdaderos talentos de la música, que deben tener en el gobierno estatal un apoyo oportuno.

    Funcionarios públicos defienden esta postura asegurando que ese tipo de eventos carece de un público numeroso, pero si no lo difunden cómo puede haber gente que asista. No hace falta gran talento para encontrar espectáculos de los jóvenes valores veracruzanos que terminan por abandonar el estado en busca del reconocimiento que sus autoridades no saben que poseen.

    El danzón y el bolero tienen su público, es respetable, pero no pueden sustituir a las nuevas expresiones musicales sino que se complementan pero como nunca escuchan lo que en el presente existe, desconocen si hay calidad en los jóvenes que ven que sus autoridades no les tienen confianza, lo que pasa es que no tienen la preparación suficiente para identificar la calidad.

    Los eventos culturales no son mítines para llenar las plazas, pero son parte esencial de la política que suma a quienes están fuera, y es esto lo que le hace falta, ahora más que nunca, a la 4T.

    Parecería que la difusión de las grandes obras de los artistas de pueblos originarios se recicla antes de otorgar espacios a las expresiones contemporáneas del arte en México. No se reemplaza nada, se adiciona porque México está vivo en el pasado con la historia, en el presente con sus creadores hoy y en el futuro con la esperanza de un gran proyecto político, al que involuntariamente golpean con su ignorancia.

  • ¿Quién le pone un alto a Estados Unidos?

    ¿Quién le pone un alto a Estados Unidos?

    Esa es la pregunta que cada vez más personas nos hacemos. ¿Hasta cuándo se seguirá tolerando la política de Estados Unidos que deriva en abusos, arbitrariedades y, en la muerte de migrantes?

    ¿Hasta cuándo las acciones de ICE seguirán acumulando denuncias de abusos, sin que haya investigaciones transparentes y responsabilidades claras?

    No estamos hablando de cifras estamos hablando de hombres y mujeres que salieron a trabajar, no a declarar una guerra, de seres humanos que durante décadas han contribuido a la economía estadounidense y que merecen no ser perseguidos y asesinados.

    Hay que exigir responsabilidades, utilizar todos los instrumentos diplomáticos y legales disponibles, denunciar las violaciónes a los derechos humanos y dejar claro que la vida de un mexicano no puede tratarse como desechable.

    Ha llegado el momento de que la defensa de nuestros paisanos deje de ser un discurso y se convierta en una prioridad permanente del Estado mexicano, porque guardar silencio frente a la injusticia nunca ha sido una opción digna.

    Frente a ello, la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido la correcta, no guardar silencio, demandar investigaciones cuando un connacional pierde la vida y recordar que la protección de nuestros migrantes no es un favor que se le pide a otro país, sino una obligación irrenunciable de nuestro gobierno.

    A la memoria de nuestros paisanos, mi respeto, a sus familias, mi abrazo, y a México, el compromiso de no guardar silencio hasta que la vida de nuestros migrantes sea respetada y la justicia deje de tener fronteras.

    Les mando un abrazo fraterno

  • Dos nuevos partidos

    Dos nuevos partidos

    Durante meses, la discusión giró en torno a qué organizaciones lograrían convertirse en nuevos partidos políticos nacionales. Hoy esa etapa ha quedado atrás después de que el INE otorgó el registro a PAZ y a Somos México, con lo que nuestro sistema de partidos suma dos nuevos actores rumbo a las elecciones de 2027. Aquí la cuestión de fondo es si alguno será capaz de romper con la lógica que durante décadas terminó alejando a la ciudadanía de la política.

    Los datos son contundentes: en la elección presidencial de 2024 participó el 61.04 % de la lista nominal, es decir, cerca de cuatro de cada diez mexicanos decidieron mantenerse al margen del proceso electoral. Por eso resultaría simplista concluir que todo abstencionista rechaza la democracia; más bien, esa abstención refleja la realidad del ciudadano que ha dejado de creer que los partidos representan sus preocupaciones cotidianas. Ahí radica el verdadero desafío de las nuevas fuerzas políticas.

    En este contexto habría que ser claros, pues las dos organizaciones llegan con historias muy distintas. Por un lado, PAZ no aparece de la nada, su origen se encuentra en experiencias partidistas anteriores, particularmente en la trayectoria del Partido Encuentro Social y, posteriormente, del Partido Encuentro Solidario. Esa experiencia organizativa, independientemente de la valoración que cada quien haga de ella, le permitió construir una estructura territorial, celebrar asambleas, cumplir, (incluso rebasar) los requisitos legales para recuperar su presencia nacional. Como he sostenido en entregas anteriores, más allá de las siglas, hoy el verdadero reto para PAZ consiste en demostrar que esa experiencia acumulada puede traducirse en una propuesta política renovada y no únicamente en la reedición de un proyecto conocido. El caso de Somos México es diferente. Buena parte de sus dirigentes provienen de otros partidos políticos y diversas figuras públicas vinculadas al proyecto cuentan con antecedentes en instituciones electorales y en la denominada “Marea Rosa”. Ese origen, visto de manera objetiva, no constituye, por sí mismo, un defecto ni una virtud, siempre y cuando sus dirigentes demuestren que representan algo más que una nueva denominación para los mismos liderazgos que durante años participaron en el sistema de partidos que hoy la propia ciudadanía cuestiona. Pero, en ambos casos, existe una prueba inevitable, toda vez que, durante décadas, los partidos mexicanos perfeccionaron una maquinaria burocrática extraordinariamente eficiente para administrar candidaturas, prerrogativas y cuotas internas, por encima del compromiso de escuchar de manera permanente a la sociedad organizada. Quizá por eso el ciudadano ya no busca solamente plataformas ideológicas, sino resultados concretos y, sobre todo, que los representantes permanezcan en las comunidades cuando terminan las campañas y privilegien las causas sociales más allá de los calendarios electorales.

    Los actores políticos hoy deben comprender que la democracia mexicana cambió profundamente desde 2018; la ciudadanía dispone de mayor información, participa con intensidad en el debate público y exige respuestas inmediatas frente a problemas concretos. Por lo tanto, esa transformación obliga a los partidos a evolucionar, pues mantener la ruta de reproducir estructuras verticales, centralizadas y burocráticas no es otra cosa más que ignorar el cambio cultural que vive el país. Por ello, el éxito de las dos nuevas fuerzas, con todo y sus procedencias, tendrá que ir más allá del punto de vista cuantitativo para 2027 y requerirá de lo cualitativo, es decir, demostrar que aprendieron las lecciones que llevaron al desgaste del sistema partidista mexicano. La cuestión es muy simple: un partido verdaderamente tiene que definirse por su forma de ejercer la política, y eso pasa por abandonar las viejas prácticas del reparto de posiciones, del oportunismo electoral o de las dirigencias alejadas de la sociedad. Sólo así podrán aprovechar la oportunidad histórica que se les presenta.

    Hoy se requiere construir una organización donde las causas sociales pesen más que las cuotas internas, donde la ciudadanía participe más allá de las elecciones y donde el diálogo sustituya a la burocracia partidista, pues ha llegado la hora ineludible de cambiar la forma de hacer política en México.

    • Luis Tovar
      Secretario General de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMA A.C.
  • Lindsey Graham: cuando el halcón deja de volar

    Lindsey Graham: cuando el halcón deja de volar

    La muerte del senador republicano Lindsey Graham marca el final de una de las carreras políticas más influyentes —y más polémicas— de la derecha estadounidense. Graham falleció a los 71 años tras una enfermedad repentina, según informó su oficina. Pero la muerte de un político no obliga a maquillar su legado.

    En política, el respeto a la vida humana no significa renunciar al juicio histórico. Y el juicio sobre Lindsey Graham difícilmente puede separarse de las guerras que promovió, de las sanciones económicas que defendió y de la visión del mundo que ayudó a consolidar desde Washington.

    Graham fue uno de los grandes halcones de la política exterior estadounidense. Durante décadas defendió una idea simple y profundamente peligrosa: que Estados Unidos tiene el derecho —e incluso la obligación— de intervenir militarmente en cualquier rincón del planeta cuando sus intereses así lo dicten.

    Apoyó invasiones. Respaldó bombardeos. Impulsó sanciones que afectaron a poblaciones enteras. Promovió una política internacional basada más en la fuerza que en la diplomacia.

    No es casualidad que fuera uno de los principales promotores del endurecimiento contra Irán, Rusia y otros países considerados adversarios de Washington. Tampoco es casualidad que, hasta sus últimos días, siguiera defendiendo una política exterior agresiva y una mayor presión militar sobre los rivales de Estados Unidos.

    Su discurso iba mucho más allá del conservadurismo tradicional. En múltiples ocasiones normalizó una retórica donde la guerra aparecía como la solución natural a los conflictos internacionales y donde la supremacía estadounidense justificaba prácticamente cualquier acción. Ese tipo de pensamiento ha provocado millones de víctimas alrededor del mundo.

    No se trata únicamente de decisiones militares. También hablamos de bloqueos económicos, intervenciones políticas, desestabilización de gobiernos y una visión según la cual algunos países tienen derecho a decidir el destino de otros.

    Ese es el verdadero rostro del imperialismo contemporáneo. Y Lindsey Graham fue uno de sus defensores más visibles.

    En el plano interno tampoco fue una figura moderada. Respaldó a Donald Trump durante la transformación del Partido Republicano hacia posiciones cada vez más radicalizadas, a pesar de haber sido uno de sus críticos más severos años antes.

    También defendió posiciones duramente cuestionadas en materia migratoria, derechos de las personas LGBT+, acceso al aborto y seguridad nacional. Muchas de sus declaraciones alimentaron un clima político donde el adversario dejó de ser un interlocutor para convertirse en un enemigo.

    Cuando la política deja de reconocer la humanidad del otro, comienza a acercarse peligrosamente a las lógicas fascistas. Donde se desarrollan discursos de nacionalismo extremo, la glorificación de la fuerza, la construcción permanente de enemigos internos y externos, y la idea de que la seguridad justifica restringir derechos y libertades.

    Lindsey Graham contribuyó a normalizar buena parte de esa narrativa. Por eso, más que preguntarnos cómo murió, conviene preguntarnos qué deja detrás. Porque las personas pasan. Las ideas permanecen.

    Y el verdadero riesgo no es la desaparición de un senador, sino la permanencia de una doctrina que sigue creyendo que la paz puede construirse a través de la guerra, que la democracia puede exportarse con bombas y que la hegemonía de una potencia vale más que la soberanía de los pueblos.

    La historia juzgará a Lindsey Graham no por los homenajes oficiales ni por las banderas a media asta. Lo hará por las consecuencias de las políticas que defendió. Y esas consecuencias todavía siguen pesando sobre millones de personas dentro y fuera de Estados Unidos.

    Redes sociales

  • Claude Science y la nueva era de la ciencia médica

    Claude Science y la nueva era de la ciencia médica

    Es probable que dentro de algunos años no recordemos 2026 por un descubrimiento científico en particular, sino por el momento en que la ciencia comenzó a avanzar a una velocidad nunca antes vista. Mientras el mundo celebraba un nuevo antibiótico capaz de enfrentar bacterias resistentes, avances mexicanos en medicina regenerativa, progresos en órganos bioingenierizados y hallazgos que amplían nuestra comprensión sobre el origen de la vida, ocurrió un anuncio que pasó casi desapercibido fuera de los círculos especializados. Anthropic presentó Claude Science, una plataforma de inteligencia artificial que podría convertirse en el punto de encuentro donde todos esos descubrimientos comiencen a acelerarse mutuamente. Quizá la verdadera revolución no sea un nuevo medicamento, sino la herramienta que permitiría llegar mucho más rápido al siguiente.

    La importancia de Claude Science no radicaría en ser una inteligencia artificial más, sino en haber sido concebida como un entorno de trabajo para la investigación científica. La plataforma integra más de sesenta bases de datos y herramientas especializadas en biología, genética, estudio de proteínas y análisis celular, además de ofrecer capacidad de procesamiento y trazabilidad para que cada resultado pueda verificarse y reproducirse. En términos sencillos, buscaría reunir en un solo espacio digital información que antes permanecía dispersa entre laboratorios, universidades y centros de investigación, permitiendo que las y los científicos dediquen menos tiempo a organizar datos y más tiempo a generar conocimiento.

    La coincidencia con otros descubrimientos vuelve especialmente relevante este lanzamiento. La manikomicina abriría una nueva esperanza frente a la resistencia antimicrobiana gracias a un mecanismo distinto al de los antibióticos actuales. En México, investigadores del Instituto Politécnico Nacional desarrollarían técnicas para regenerar hueso, cartílago, músculo y tejido adiposo mediante células troncales mesenquimales, es decir, células capaces de transformarse en distintos tipos de tejido para reparar lesiones. Paralelamente, diversos laboratorios avanzarían en órganos bioingenierizados, como riñones con funcionalidad experimental, mientras estudios sobre Sukunaarchaeum mirabile y el análisis proteómico de Homo naledi ampliarían el conocimiento sobre la evolución de la vida y de nuestra propia especie. Vistos por separado, todos representan avances extraordinarios; observados en conjunto, muestran que la ciencia está entrando en una etapa donde la colaboración entre disciplinas comenzará a ser tan importante como los descubrimientos mismos. Es precisamente ahí donde Claude Science encontraría su mayor valor: conectar ese ecosistema, identificar relaciones invisibles entre investigaciones y acelerar el paso de una idea prometedora hacia una aplicación médica concreta.

    Aquí aparece la dimensión política de esta transformación. Durante décadas, la fortaleza de las naciones se explicó por sus recursos naturales, su industria o su capacidad manufacturera. En los próximos años también comenzará a medirse por la velocidad con la que sean capaces de producir conocimiento útil para resolver los grandes problemas de la humanidad. La infraestructura científica apoyada por inteligencia artificial podría convertirse en un nuevo factor de competitividad, desarrollo económico y bienestar social. La soberanía del siglo XXI no solo se construirá en fábricas o cadenas de suministro; también se decidirá en laboratorios, universidades y centros de datos.

    Para México, esta coyuntura representa una oportunidad estratégica. Los avances recientes del Instituto Politécnico Nacional demuestran que el talento científico nacional existe y que la inversión sostenida en investigación pública puede generar resultados de alcance internacional. Si ese capital humano lograra complementarse con plataformas capaces de acelerar la investigación, nuestro país podría fortalecer su participación en la nueva economía del conocimiento y consolidar una política científica orientada al bienestar de las mexicanas y los mexicanos. Apostar por la ciencia dejaría de ser únicamente una decisión académica para convertirse en una estrategia de desarrollo nacional.

    Quizá dentro de algunos años recordemos este momento no porque apareció una nueva inteligencia artificial, sino porque fue cuando la ciencia dejó de avanzar en compartimentos aislados y comenzó a hacerlo como un solo sistema. En el fondo, la convergencia entre inteligencia artificial y descubrimientos biomédicos nos recuerda que la verdadera frontera del progreso humano no reside únicamente en aquello que somos capaces de crear, sino en la manera en que decidamos utilizarlo para mejorar la vida de todas y todos. Cada avance acerca la posibilidad de una medicina más precisa, regenerativa y accesible, pero también nos exige responder con responsabilidad a preguntas sobre equidad, ética y acceso al conocimiento. Porque, al final, la revolución tecnológica más importante no será la que permita que las máquinas piensen mejor, sino la que consiga que la humanidad cure antes, viva mejor y haga del conocimiento un patrimonio compartido.

  • Cristianos somos y en el camino andamos

    Cristianos somos y en el camino andamos

    Ser católico – cristiano, cristiano – no católico ¿Qué significa? ¿Cómo sería vivir de acuerdo con esa fe y esa propuesta? ¿Qué tan auténticos somos cuando nos declaramos seguidores de Jesucristo y del Evangelio? ¿Cómo reflejamos la imagen crística en nuestros actos?

    Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a mi mismo son preceptos que proponen una forma de vida plenamente entregada a los demás y actuar con absoluta responsabilidad frente a cada acción en la vida pensando siempre primero en los demás, en función del bienestar de todos.

    Dice SS León XIV:

    “Los muertos en el Mediterráneo son víctimas ya sea de decisiones tomadas o de decisiones omitidas: el desinterés por el bien común y la corrupción en los lugares de procedencia, un sistema económico mundial que genera pobreza y exclusión, el miedo que fomenta prejuicios y desprecio, el pensamiento de que estos problemas no nos competen, los cálculos criminales de quien se lucra a costa del drama de otros, el paso lento y difícil de una mera gestión de las emergencias a la elaboración de políticas orgánicas y compartidas. #VisitaPastoral #Lampedusa…”

    Continúa:

    “… No hay amor de Dios sin amor al prójimo y no hay… “prójimo si yo no me acerco. Detenerse, conmoverse, abajarse, llorar ante el dolor de otros —como ha hecho Jesús— significa entrar en el movimiento del amor, en el que Dios se ha revelado.”

    Sigue más abajo:

    “… Solo la misericordia sabe responder, con nuevos comienzos, a los abismos del corazón humano y a los horrores de la guerra. Hemos entrado en un milenio en el que debemos dar forma espiritual, cultural, jurídica, política y económica a la civilización del amor. Que la inmensidad del dolor que observamos nos haga acoger la radicalidad de esta llamada… ”

    ¡Qué texto corto tan importante y radical! ¡Cuán valioso resulta comprender que ser radical no significa destruir, sino resolver construyendo la justicia en cada comunidad! Ser cristiano de cualquier denominación y no ser radical y de izquierda, es una contradicción al mandato fundamental del amor, que consigo trae a la justicia en todas sus expresiones, pero sobre todo, en la que llamamos justicia social. Que se perdone no implica permitir la impunidad, solo permite que se libere la carga propia y pague quien tenga que pagar.

    El dolor humano se expresa por todos lados en “…un sistema económico mundial que genera pobreza y exclusión, el miedo que fomenta prejuicios y desprecio, el pensamiento de que estos problemas no nos competen, los cálculos criminales de quien se lucra a costa del drama de otros…” La radicalización propuesta en esta fracción del texto papal tomado de X, tendría que ser inspiración de cada gobierno que se presume y autoproclama humanista o progresista y se dice democrático o simplemente defensor de la libertad y la democracia.

    En el mundo actual, no existe un solo gobierno que funcione bajo estos preceptos, la Cuarta Transformación Mexicana tuvo esa tendencia durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, pero se convirtió en la cuarta simulación, puesto que las 3 anteriores también fueron simulaciones porque la justicia social y el amor al prójimo nunca se instalaron en el Estado, ni en la sociedad.

    Se entiende que es un largo proceso, pero es uno que no tendría que aceptar retrocesos,  traiciones, ni mentiras como hoy estamos viendo y viviendo. Solo habrá que ver cómo ha actuado el gobierno de la CDMX frente a las familias buscadoras, los maestros de la CNTE y otras movilizaciones populares que cuestionan las acciones de gobernantes, encapsulando, amenazando con miles de policías de uniforme, escudo, gas y tolete en mano o de civiles en chaleco blanco (¿nuevas guardias blancas?)  y en cambio permitiendo toda clase de destrozos y maldades a quienes “celebran” triunfos futboleros efímeros y carentes de auténtica significación para la vida diaria de la gente, derivando en la frustración opresora de la derrota final pronosticada y que se debe a la corrupción que aparece en el futbol en todos los niveles en que se juega ese juego, excepto en el que se practica fuera de cualquier federación, en la calle o en el llano, o sea, por el proletariado, verdadero dueño del juego.

    Cada Mañanera del Pueblo me convence más de que la frivolidad se ha adueñado del discurso y que los cuestionamientos y las preguntas incómodas son respondidas con evasivas o con el discurso de “obras que se están haciendo”. El caso es que los hechos los contradicen y no se resuelvan los problemas porque las “soluciones” aplicadas nunca fueron correctas.

    La parte final del texto de Joaquín Ortega Esquivel será reproducida en la próxima entrega.

  • La verdadera transformación también se mide por los derechos de las mujeres

    La verdadera transformación también se mide por los derechos de las mujeres

    Cuando se habla de la Cuarta Transformación, casi siempre la conversación gira alrededor de la política, los programas sociales, las obras públicas o las elecciones. Es normal, son temas que ocupan los titulares todos los días. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a hacer una pregunta mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más importante: ¿cómo sabemos si un país realmente está cambiando?

    Desde mi perspectiva, la respuesta no está solamente en los indicadores económicos ni en los discursos de quienes gobiernan. Una transformación verdadera se refleja en la vida cotidiana de las personas, especialmente de aquellas que durante muchos años permanecieron invisibles para el Estado.

    Por eso, si queremos evaluar con honestidad y objetividad cualquier proyecto de nación, incluida la Cuarta Transformación, inevitablemente tenemos que hablar de las mujeres y de las niñas.

    Es justo reconocer que durante los últimos años este tema adquirió una relevancia que antes no tenía. La igualdad sustantiva dejó de ser una conversación exclusiva de especialistas y comenzó a ocupar un lugar en el debate público. Hoy se habla con mayor claridad de violencia de género, de feminicidio, de violencia vicaria, de brechas salariales y de derechos reproductivos, pero solo hablarlo o estar conscientes no significa que el problema desaparezca. Por otro lado, también se fortalecieron políticas públicas dirigidas a salvaguardar a las mujeres, que históricamente habían permanecido al margen de muchas decisiones del Estado. Ese avance existe y negarlo sería injusto.

    Pero reconocerlo tampoco significa cerrar los ojos frente a lo mucho que aún falta por hacer.

    Porque la verdadera transformación no ocurre cuando una causa llega al discurso político. Ocurre cuando esa causa llega a las instituciones y cambia la vida de las personas. Ahí todavía existe una enorme deuda.

    Como jueza en materia penal he aprendido que los expedientes nunca cuentan únicamente una historia jurídica. Detrás de cada carpeta de investigación, de cada expediente judicial, hay personas, hay niñas cuya infancia terminó demasiado pronto; mujeres que soportaron años de violencia antes de encontrar el valor para denunciar; madres que siguen buscando justicia para sus hijas y familias que depositan en las instituciones la esperanza de encontrar una respuesta, que muchas veces no llega.

    Es imposible conocer esas historias y pensar que el problema ya está resuelto.

    Durante décadas normalizamos conductas que jamás debieron parecer normales. Se minimizó la violencia familiar, se cuestionó la palabra de las víctimas de violencia sexual y se les exigieron explicaciones que nunca se les habrían pedido a otros. Poco a poco esa cultura ha comenzado a cambiar, pero todavía persiste en muchos espacios. Y aún más cuando vemos en nuestras instituciones que prevalece el derecho selectivo y no la real, efectiva y verdadera justicia para todas.

    Precisamente por eso existe la perspectiva de género.

    Lamentablemente, todavía hay quienes creen que se trata de un privilegio para las mujeres o de una herramienta para favorecerlas automáticamente en un juicio. Nada más alejado de la realidad.

    La perspectiva de género no sustituye las pruebas, no elimina la presunción de inocencia, ni autoriza sentencias arbitrarias. Lo que exige es que quienes impartimos justicia seamos capaces de advertir cuándo una desigualdad histórica puede influir en la forma en que valoramos los hechos o aplicamos la ley.

    No se trata de dejar de ser imparciales. Se trata, justamente, de alcanzar una imparcialidad real.

    Sin embargo, también sería deshonesto afirmar que ese estándar ya se aplica de manera uniforme en todos los órganos encargados de impartir justicia. Sigue existiendo la violencia institucional hacia las mujeres, sin importar su condición o clase social.

    Todavía existen resoluciones que dejan de lado los criterios desarrollados por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y por los tratados internacionales en materia de protección de los derechos de las mujeres. Todavía encontramos decisiones que reproducen estereotipos, que analizan los casos sin considerar el contexto de violencia o que imponen a las víctimas cargas que la propia jurisprudencia ha considerado inadmisibles.

    Lo digo no solamente desde mi experiencia profesional.

    También desde una experiencia profundamente personal.

    Hace algunos años fui víctima de violencia sexual. Como cualquier otra mujer, acudí a las instituciones esperando que el Derecho me protegiera. Y aun desempeñando hoy el cargo de jueza de Distrito en materia penal, he conocido lo que significa enfrentar resoluciones que, desde mi perspectiva, no aplican plenamente los estándares de perspectiva de género construidos por nuestra Suprema Corte.

    Lo menciono porque demuestra que este problema no distingue profesiones, cargos públicos ni trayectorias. Si una servidora pública puede enfrentar obstáculos para acceder a una tutela judicial con perspectiva de género, resulta inevitable preguntarnos cuántas mujeres viven la misma situación sin contar con conocimientos jurídicos, sin recursos económicos o sin una red de apoyo.

    No escribo estas líneas para hablar de mi caso. Lo hago porque estoy convencida de que las experiencias personales también pueden servir para evidenciar las tareas que el Estado todavía tiene pendientes.

    La justicia no puede depender de la sensibilidad individual de quien resuelve un asunto. Debe descansar en instituciones sólidas, en criterios uniformes y en una capacitación permanente que permita que los principios constitucionales se conviertan en una práctica cotidiana. Ese es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo.

    Las mujeres no necesitan privilegios.

    Necesitan investigaciones profesionales, ministerios públicos capacitados, policías que preserven adecuadamente las pruebas, peritos suficientes, asesoría jurídica de calidad y tribunales independientes que apliquen la Constitución con absoluto rigor, sin permitir que despachos corruptos o autoridades incompetentes, logren manipular el sistema jurídico en contra de mujeres que sufren violencia.

    Necesitan saber que cuando denuncien serán escuchadas, no juzgadas.

    Necesitan confiar en que el acceso a la justicia no dependerá de su condición económica, de su profesión, de su apellido o de la repercusión mediática de su caso.

    Por eso creo que la agenda de los derechos de las mujeres no puede pertenecer a un partido político ni agotarse en un sexenio. Debe convertirse en una política de Estado.

    Reconocer los avances alcanzados durante los últimos años no significa renunciar a la crítica. Al contrario. Las instituciones democráticas se fortalecen cuando existe la capacidad de reconocer aquello que funciona y, al mismo tiempo, aceptar aquello que todavía debe corregirse.

    Porque ninguna transformación está terminada mientras una niña siga teniendo miedo de regresar sola a su casa. Mientras una mujer tenga que pensar dos veces antes de denunciar. Mientras una víctima de violencia deba librar primero una batalla contra los prejuicios del sistema antes que contra su agresor.

    Los derechos de las mujeres no son patrimonio de ningún gobierno, de ningún partido ni de ninguna ideología. Son una conquista constitucional que debe defenderse todos los días.

    Y quizá esa sea la prueba más importante para cualquier proyecto que aspire a transformar a México: no el número de reformas aprobadas, ni el tamaño de las obras construidas, sino la capacidad de lograr que cada mujer y cada niña puedan vivir libres de violencia y con la certeza de que, cuando necesiten justicia, encontrarán instituciones que las escuchen, las protejan y resuelvan conforme a la Constitución, no conforme a prejuicios.

    Solo entonces podremos decir, con toda honestidad, que la transformación dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad.

  • Impunidad eterna para Alito

    Impunidad eterna para Alito

    La oposición se vuelve loca por un par de funcionarios públicos señalados como delincuentes por el vecino del norte que no es conocido ni por su veracidad ni por su amistad con México, pero se olvida de que personajes como Alejandro Moreno son un auténtico monumento a la impunidad. Cómo erradicar la corrupción si se muestra a los cuatro vientos que sus perpetradores viven en total libertad, viajan a Estados Unidos y hasta se dan el lujo de insultar a quien se les antoja, debiendo estar en la cárcel de por vida.

    Ante la carencia de apoyo popular, la oposición busca en los enemigos de México en el mundo una alianza para poder atacar, con cierta fuerza, al gobierno, lo hace de manera cotidiana a cambio de información y rumores, que luego el Departamento de Justicia del vecino país convierte en acusaciones judiciales.

    Los señalamientos contra Moreno Cárdenas han sido exhibidas, y la justicia en México parece cabalgar en una tortuga, exhibe el cinismo de los delincuentes como si se tratara de héroes. Es evidente que hay protección no sólo desde el partido, que le brinda Ricardo Monreal, quien debería también estar tras las rejas simplemente por las traiciones y transas, recordemos aquellos libros de su autoría, vendidos a sobreprecio al Poder Legislativo, hecho por el que ni se sonrojó, también es protegido por alguna de las instancias que deben dar la orden del desafuero.

    En Morena, por ejemplo, Ernestina Godoy Ramos, fiscal General de la República, informó que el gobierno de Estados Unidos no ha entregado ninguna prueba sobre los presuntos vínculos del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, con el crimen organizado y tampoco se le investiga por otros delitos; sin embargo, hay delincuentes que no dejan huella, nadie mete las manos al fuego por nadie, pero es necesario actuar con las evidencia existentes que tienen de sobra personas como Alejandro Moreno.

    A pesar de las reiteradas acusaciones mediáticas sobre presuntos vínculos de funcionarios públicos con el crimen organizado encontramos que los servidores públicos encarcelados y juzgados son del PRIAN, por ejemplo del PRI, están Tomás Yarrington, Roberto Sandoval, Jesús Reyna, Eugenio Hernández, Flavio Romero, Edgar Veitia, Mario Villanueva; por el PAN, la estrella Genaro García Luna, su asteroide, Luis Cárdenas Palomino, Ramón Pequeño, Denisse Ahumada, entre otros.

    Ahora que la justicia tiene nuevos jueces, que la Suprema Corte, pude mostrar músculo y las fiscalías pueden ser autónomas, es tiempo de que algunos de los políticos que andan sueltos, y subastando la patria, se les aplique la justicia.

    El fuero puede sacudirse con una orden judicial, lo mismo sucede con otros como Maru Campos, Jorge Romero, Alessandra Rojo, Marko Cortés, Manuel Añorve, pero en los medios insisten en presentarlos como líderes de una oposición valiente aunque sin representación popular.

    Para los medios y la oposición, que es lo mismo pero no es igual, los que tienen nexos con el crimen organizado son los integrantes de Morena, lo resaltan en espacios destacados los primeros y lo repiten con obsesiva insistencia los opositores, la realidad es muy diferente.