Autor: Los Reporteros Mx

  • ENTRE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y EL DERECHO A NO SER CONDENADO POR UNA MENTIRA

    ENTRE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y EL DERECHO A NO SER CONDENADO POR UNA MENTIRA

    Hay algo que estamos normalizando en México y que merece una reflexión seria. Hoy basta una publicación en redes sociales, una fotografía fuera de contexto, un supuesto documento filtrado o una declaración frente a una cámara para que una persona pueda pasar, en cuestión de horas, de ciudadano a culpable ante la opinión pública. Después vienen las aclaraciones, los desmentidos y algunas veces hasta las disculpas, pero casi siempre llegan cuando el daño ya está hecho.

    Vivimos posiblemente uno de los mejores momentos de la historia para ejercer la libertad de expresión. Nunca habíamos tenido tantas herramientas para denunciar, investigar, cuestionar al poder y hacer pública una injusticia. Eso debemos defenderlo y conservarlo. El problema comienza cuando confundimos la libertad de expresión con una supuesta libertad para acusar sin asumir responsabilidad alguna por lo que se dice o publica.

    En días recientes vimos circular información relacionada con una supuesta orden de aprehensión contra el senador Adán Augusto López Hernández. Independientemente del personaje y del partido político al que pertenece, el episodio sirve perfectamente para observar la velocidad con la que funciona actualmente nuestro ecosistema informativo. Una versión aparece en algún sitio, alguien la reproduce, otros medios o cuentas la retoman y después llegan los encabezados, comentarios y publicaciones en redes sociales. En cuestión de horas miles de personas pueden estar discutiendo la culpabilidad de alguien sobre la base de información cuyo origen probablemente ni siquiera conocen.

    Y cuando finalmente aparece una aclaración, difícilmente consigue la misma difusión.

    Aquí existe una diferencia elemental que estamos comenzando a olvidar. Una denuncia no es una sentencia, una investigación tampoco representa una condena y la existencia de una carpeta de investigación no convierte automáticamente a una persona en delincuente. Mucho menos lo hace una publicación en Facebook, X, TikTok o cualquier otra plataforma. Sin embargo, hemos creado una especie de tribunal digital donde muchas veces primero dictamos sentencia y después nos preocupamos por conocer los hechos.

    Sería un error convertir esta discusión en otro enfrentamiento entre Morena, PAN, PRI o cualquier otro partido. Hoy puede tratarse de Adán Augusto López; mañana podría ser un senador de oposición, un gobernador, un empresario, un periodista, un médico, un maestro o cualquier ciudadano. El principio debería ser exactamente el mismo independientemente del nombre, posición económica o afiliación política de la persona involucrada.

    A lo largo de nuestra historia reciente hemos visto acusaciones públicas relacionadas con corrupción, fraude, abuso sexual, violación, narcotráfico, delincuencia organizada, terrorismo, robo y desfalco. Muchas terminaron comprobándose y quienes cometieron esos actos debieron responder ante la justicia. Otras nunca consiguieron acreditarse y algunas terminaron siendo completamente falsas. El problema es que cuando una acusación falsa consigue suficiente difusión, difícilmente la aclaración alcanza posteriormente a todas las personas que conocieron la primera versión.

    Una reputación puede tardar décadas en construirse y solamente unas horas en destruirse. Una acusación falsa puede provocar pérdida de clientes, contratos, empleos, amistades y oportunidades profesionales, además de afectar directamente a una familia. Meses o años después puede demostrarse que aquella información era incorrecta, pero para entonces las consecuencias económicas, personales y psicológicas pueden resultar prácticamente imposibles de revertir. El escándalo suele ocupar la primera plana; la aclaración, cuando existe, rara vez recibe el mismo espacio.

    Precisamente ahí existe una discusión jurídica y social que México debería tomarse mucho más en serio. La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha desarrollado criterios buscando un equilibrio entre dos derechos fundamentales: por un lado la libertad de expresión y, por otro, la protección del honor y la reputación. Ese equilibrio resulta indispensable porque cualquiera de los dos extremos puede ser peligroso.

    La solución definitivamente no puede consistir en que el gobierno determine qué información es verdadera y cuál es falsa. México necesita una prensa libre, incluso incómoda. Necesitamos periodistas investigando presidentes, gobernadores, senadores, alcaldes, empresarios, militares, policías, jueces y partidos políticos. Necesitamos medios capaces de publicar investigaciones aun cuando resulten incómodas para quienes tienen poder, y necesitamos instituciones capaces de proteger a quienes realizan ese trabajo.

    También debemos reconocer que existe una preocupación legítima por la utilización de procedimientos judiciales para intimidar periodistas. Una legislación mal diseñada podría terminar convirtiéndose en una herramienta perfecta para que alguien con poder económico o político amenace con demandas a cualquiera que pretenda investigarlo. Sería tan grave permitir la mentira deliberada como utilizar la justicia para impedir que alguien descubra una verdad incómoda.

    Por eso existe una distinción fundamental: equivocarse investigando no es lo mismo que mentir deliberadamente.

    Un periodista puede recibir información de una fuente que considera confiable, investigarla, contrastarla y publicar elementos que posteriormente resulten incorrectos. El periodismo no es una ciencia exacta y exigir infalibilidad sería prácticamente exigir silencio. Otra situación completamente distinta sería fabricar documentos, alterar información, inventar deliberadamente una acusación o presentar conscientemente como verdadero algo que se sabe falso con la finalidad de perjudicar a otra persona.

    Y esta responsabilidad no debería limitarse a los periodistas. Los políticos tendrían que someterse exactamente al mismo principio. Durante campañas electorales y enfrentamientos políticos escuchamos con enorme facilidad palabras como delincuente, corrupto, narcotraficante, criminal o ladrón. Algunas acusaciones pueden estar sustentadas y merecen investigarse; otras simplemente forman parte de una estrategia para destruir políticamente al adversario.

    La competencia electoral tampoco debería convertirse en una licencia para destruir reputaciones. Quien tenga conocimiento de un delito debe denunciarlo, quien posea documentos debe presentarlos y quien tenga elementos periodísticos debe investigarlos. Pero todos deberíamos recuperar la diferencia entre señalar una posible irregularidad, investigar los hechos, formular una acusación y declarar culpable a una persona. Son situaciones completamente distintas.

    Las redes sociales complicaron todavía más este fenómeno. Hace veinte años, para conseguir que una acusación alcanzara difusión nacional era necesario tener acceso a una televisora, una estación de radio o un periódico. Hoy cualquier persona con un teléfono puede publicar información que potencialmente alcance a millones de usuarios. Eso democratizó extraordinariamente la comunicación y constituye uno de los grandes avances de nuestra época, pero también democratizó la capacidad de destruir una reputación.

    Un ciudadano puede difundir un rumor desde su casa, un influencer convertirlo en tendencia y una cuenta anónima publicar un supuesto documento que miles de personas terminarán compartiendo sin preguntarse de dónde provino. La responsabilidad, por lo tanto, ya no puede considerarse exclusivamente un problema de los medios tradicionales. Es un asunto que involucra periodistas, políticos, funcionarios, empresarios, creadores de contenido y ciudadanos.

    Quizá por eso deberíamos hablar menos de censura y mucho más de responsabilidad.

    No necesitamos un ministerio de la verdad ni funcionarios revisando encabezados antes de que sean publicados. Mucho menos necesitamos periodistas solicitando permiso al gobierno para investigar. Lo que sí necesitamos es una cultura jurídica, política y periodística en la que la libertad tenga como compañera inseparable a la responsabilidad.

    México podría fortalecer los mecanismos de derecho de réplica y procurar que las aclaraciones tengan una relevancia razonablemente proporcional a la publicación que originó el daño. También resulta necesario que los mecanismos civiles relacionados con el daño moral funcionen correctamente cuando realmente pueda demostrarse una afectación, y que fabricar documentos o pruebas con la intención de incriminar públicamente a alguien tenga consecuencias conforme a derecho. Al mismo tiempo, las protecciones para periodistas deben ser suficientemente fuertes para impedir que políticos, empresarios o funcionarios conviertan una demanda en un instrumento de intimidación.

    Encontrar ese equilibrio no será sencillo, pero resulta indispensable.

    El periodismo no nació para ser cómodo. Un buen periodista debe preguntar, desconfiar, investigar, confrontar versiones y, cuando tenga elementos suficientes, publicar aunque al Presidente, al gobernador, al empresario o al partido político en turno no le guste. Eso forma parte esencial de una democracia.

    Pero investigar no es inventar, cuestionar no significa condenar y libertad de expresión tampoco debería significar inmunidad absoluta frente a una mentira deliberadamente fabricada para destruir a otra persona.

    Tenemos que proteger incluso las expresiones que nos incomodan y permitir que el periodismo llegue hasta donde tenga que llegar. El poder público debe permanecer permanentemente bajo escrutinio y ninguna legislación debería convertirse en un escudo para evitarlo. Pero una democracia tampoco debería aceptar que una mentira deliberada tenga licencia para destruir una reputación, un patrimonio, una familia o una vida.

    Ni censura ni persecución a periodistas, pero tampoco impunidad para quien deliberadamente fabrica una mentira y provoca con ella un daño.

    La libertad de expresión es demasiado importante para limitarla, pero también demasiado importante para utilizarla irresponsablemente.

    Tal vez por ahí deberíamos comenzar.

  • IPN – UNAM – UPN

    IPN – UNAM – UPN

    Existe un número importante de instituciones de educación superior en México, las más buscadas son aquellas que reciben fondos del Presupuesto Federal y/o del Presupuesto Estatal de cada estado de la República.

    Las tres escuelas cuyo presupuesto está siendo, ya sea dilapidado por sus corruptas cúpulas administrativas neoliberales, proclives a la trampa y a la transa o insuficientes para el desempeño adecuado de su misión social y política para el desarrollo del país.

    La cúpula UNAM solía ser ejemplo de confiabilidad, capacidad científica y un esbozo de neutralidad ideológica, era tan confiable que, en desastres nacionales de cualquier tipo, era preferible hacer las donaciones a través de la universidad. En la actualidad está más que claro que la ineptitud de la Junta de Gobierno ha provocado un problema mayúsculo con todo lo que rodea al proceso de admisión.

    La aplicación de un examen de admisión, en cualquier caso y en cada escuela pública, acaba por producir una selección que está filtrada por gran cantidad de factores socioeconómicos y culturales que la convierten en una selección injusta y dispareja. ¿Cómo se puede justificar como justo y honrado calificar igual a un estudiante que ha tenido que trabajar los 3 años de su bachillerato, que a otro que a tenido todo el tiempo para estudiar cada día? ¿Por qué soslayar el desempeño de cada persona que quiere acceder a la educación superior en una institución pública?

    Las “calificaciones” en todos los niveles académicos soslayan el desempeño y el esfuerzo, en mi etapa de educación media superior, tuve compañeros y compañeras para quienes trabajar era indispensable o no resolverían sus necesidades más básicas y acceder a la educación superior era casi imposible. La inmensa mayoría de mis compañeros de aula en la universidad, eran miembros de clase media ilustrada, cuyos padres eran asalariados y eso nos daba una posibilidad de entender claramente nuestra posición de clase.

    Siempre estaré en contra de los exámenes de admisión, porque implican dividir a los jóvenes de acuerdo con sus posibilidades, casi siempre económicas para tener el tiempo y los recursos académicos para acceder al conocimiento. Hoy, con la llamada inteligencia artificial, las cosas se presentan como más fáciles. Preocupa mucho el avance de la IA y el retroceso de la inteligencia humana, como dijo Quino a través de Mafalda, o alguien que lo refriteó.

    La UNAM se atrevió, seguramente por negocio de algunos, a contratar a una empresa para que el examen se hiciera a distancia, cuánto ahorraron o qué negocios turbios hay detrás nunca se sabrá, pero es fácil entender que la tentación de hacer trampa estaba puesta y que las personas proclives a la corrupción la hicieron, así que repetir el examen solamente a los que pasaron es, por decir lo menos, muy poco inteligente y demasiado injusto. Realizar un examen nuevo, escrito y presencial parece la única solución aceptable y justa.

    En el caso del IPN, la situación es grave porque hay una cerrazón de la SEP para asumir que el presupuesto, o se usa muy mal, o es tremendamente insuficiente, tanto, que hasta los equipos de futbol americano están protestando por la situación.

    La toma de Canal 11, en el Carrillón del Casco de Santo Tomás es signo claro de que la administración del Poli está mal y es muy significativo que haya sido el Once dónde ocurren las cosas, con el error coyuntural de movilizarse en vacaciones o durante el periodo de exámenes cercanos al fin de curso. Finalmente, después de verse reprimidos y obligados a entregar las instalaciones sin acceso a la inspección durante la entrega, se habla de daños a la filmoteca, lo que claramente presenta la intención de la autoridad educativa federal de criminalizar la protesta.

    En la UPN, hasta el día de hoy, ninguno de los compromisos que hizo el Gobierno Federal a través de Mario Delgado, se ha cumplido. Abollado como está el poco prestigio del citado Secretario de Educación Pública, después de quitar el respaldo al dignísimo Maestro Marx Arriaga Navarro y echarlo, poniéndole enfrente el soborno a través de ofrecerle una embajada (Qué mal Claudia), pero además sin la liquidación que le correspondía y manteniéndolo constantemente aislado, marginado y probablemente amenazado, Delgado sigue sin resolver nada en la UPN y la camarilla inepta y corrupta de la Rectora Dra. Rosa María Torres Hernández continua frente a esta institución.

    Vale la pena decir que la UPN tiene 70 unidades en todo el país, además de 200 subsedes y tres universidades pedagógicas estatales o descentralizadas, las cuales siempre sufren para pagar a los docentes contratados por hora, porque Ajusco no envía documentos y recursos en tiempo y forma.

    Sería fantástico saber hasta cuándo la Presidenta Dra. Claudia Sheinbaum Pardo mostrará las características de “más radical” con que la calificó Andrés Manuel López Obrador siendo Presidente de la República Mexicana. Los trabajadores mexicanos, los jubilados y pensionados de todas las instituciones hemos sido olvidados por ella, somos nosotros quienes hemos movido a México y la llevamos a la presidencia. Incrementar el salario mínimo no es suficiente, controlar la inflación tomando en cuenta solamente algunas mercancías es una acción insuficiente. ¿Quieres saber dónde vive un pensionado?  Mira su casa, siempre estará deteriorada porque todo lo necesario para el mantenimiento de una vivienda, ha incrementado su precio muy por encima de la inflación.

  • Genocidio es lo que el genocida decida que es genocidio

    Genocidio es lo que el genocida decida que es genocidio

    a Erza Shabot y la insoportable valentía del cinismo vulgar.

    Resulta falso que exista un genocidio palestino en Gaza. Tan falso como que el primer Premio de la Paz de la FIFA, otorgado a Donald Trump, sea una ridiculez chabacana y estúpida. Y resulta falso porque el uso del término genocidio es potestad exclusiva de la parte genocida. Si el estado genocida de Israel —y sus voceros— dicen que la narrativa sobre el supuesto genocidio palestino en Gaza no se sostiene, pues no se sostiene y punto. Incluso si ni la Comisión Internacional de la ONU —pieza central de legitimación internacional para la creación del Estadod e Israel— o Amnistía Internacional, consiguen ocultarlo.

    Ezra Shabot, dando cátedra de propaganda panfletaria, documenta que la potestad de bautizar un acto como genocida pertenece al genocida mismo, siempre y cuando el genocida resulte triunfante en el genocidio.

    No importa que existan patrones de ataques, destrucción de infraestructura civil, bloqueo de ayuda humanitaria y hambruna sistemática, por parte del estado sionista de Israel, en Gaza. No hay, dice, “aniquilamiento sistemático” para desaparecer a los gazatíes. Sin cámaras de gas, ni campos de concentración, no hay genocidio. Aunque el estado de Israel haya convertido Gaza en un enorme campo de concentración, en una cámara de gas masiva, y en un experimento de hambruna, bloqueo, desplazamiento y destrucción de las condiciones de vida.

    Los ataques de Hamás sí son genocidas, porque la escala de los mismos nunca ha inclinado la balanza en favor de Hamás. Los “actos defensivos” de Israel no lo son, porque no buscan “exterminar civiles, sino derrotar militarmente al enemigo.” ¿Cómo? Causando la muerte de un número sin precedentes de civiles palestinos mediante ataques militares extensivos, lesionando gravemente la integridad física y mental de los gazatíes, imponiendo condiciones incompatibles con la supervivencia de la población, e impidiendo la natalidad. En pocas palabras, ejecutando cuatro de los cinco actos que la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948, adoptada por la Asamblea General de la ONU, define como genocidio.

    Entrados en gastos

    Lo que pasa en Gaza no es genocidio porque Israel decide que no es genocidio. El sionismo no es nazifascismo porque el sionismo —que es capitalismo voraz y salvaje— instrumentaliza el antisemitismo y el Holocausto para legitimar al Estado de Israel y desactivar a sus críticos. Lo que sucede en Gaza no es lo que sucedió en los campos de exterminio nazis, porque los campos de exterminio nazis eran centros cerrados de asesinato industrializado, mientras que Gaza es un territorio habitado de deshumnanización, destrucción, hambre, enfermedad, desplazamiento forzado y asesinato indiscriminado.

    Carlos Bortoni es escritor.
    Su último libro es Polvo, publicado por
    Casa Editorial Abismos.

  • De balazos y guamazos

    De balazos y guamazos

    Hace un par de días, el INEGI dio a conocer las cifras preliminares de las estadísticas de defunciones registradas por presunto homicidio, a nivel nacional y en cada entidad federativa, durante 2025. A nivel nacional, el fenómeno ha tenido variaciones significativas, pasando de 25,967 casos en 2012 a 27,989 en 2025 (cifra preliminar), con un pico máximo que superó los 36,000 registros entre 2018 y 2020. Tras un periodo de relativa estabilidad a principios de los años 90, la incidencia de homicidios registró un incremento drástico en México a partir de 2008, alcanzando niveles muy altos en la década de 2010, para llegar a su punto más crítico alrededor de 2018-2020. Afortunadamente, se observa una tendencia sostenida a la baja en la tasa nacional desde 2021 hasta 2025.

    Entidades con mayores cambios (2012-2025)

    Al comparar las cifras absolutas de 2012 contra los datos preliminares de 2025, se identifican las entidades donde el fenómeno ha experimentado las transformaciones más marcadas:

    Entidades con mayor incremento

    • Guanajuato es la entidad con el aumento absoluto más drástico, pasando de 684 homicidios en 2012 a 3,249 en 2025.
    • Baja California presenta una tendencia fuertemente alcista en el periodo, incrementando de 581 a 2,095 casos.

    Entidades con mayor disminución

    • Tamaulipas logró una reducción muy importante, bajando de 1,561 casos en 2012 a 300 en 2025.
    • Guerrero experimentó una disminución destacable en números absolutos, pasando de 2,646 a 1,410.

    Por otro lado, algunos estados de la República han mantenido un nivel de defunciones por presunto homicidio relativamente constante a lo largo de estos años: Yucatán se mantiene como la entidad con menor variación absoluta (pasó de 41 a 42 casos en el periodo), mientras que Campeche, Chiapas, Tlaxcala y Querétaro muestran los cambios absolutos más moderados en comparación con el resto del país.

    Tasa de defunciones

    La tasa de defunciones por presunto homicidio por cada 100 mil habitantes es un indicador para comprender la violencia, ya que contextualiza la cantidad de homicidios en relación con el tamaño de la población de cada entidad federativa. Al calcular cuántas muertes ocurren por cada 100,000 habitantes, este indicador elimina el sesgo que genera comparar estados con poblaciones muy distintas, y permite determinar dónde es, proporcionalmente, más peligroso vivir.

    • Guanajuato destaca por un incremento sostenido en su tasa a partir de 2017, manteniéndose por encima de los 60 puntos durante varios años consecutivos. Ahora, el decremento de 2024 a 2025 es notorio: de 64 a 51.
    • Colima es una de las entidades que ha registrado tasas sumamente alarmantes, alcanzando cifras superiores a los 100 homicidios por cada 100 mil habitantes en años recientes. También en este estado el cambio en el último año es drástico: de 124 a 89.

    Entre 2024 y 2025, la tasa de defunciones por presunto homicidio por cada 100 mil habitantes no disminuyó en todas las entidades federativas de nuestro país. Aunque la gran mayoría de los estados registraron reducciones o se mantuvieron sin cambios —Aguascalientes, Durango, Nayarit y Veracruz, que conservaron exactamente la misma tasa—, hubo cuatro entidades donde la tasa de presuntos homicidios aumentó:

    • Sinaloa: de 33 a 57
    • Baja California Sur: de 10 a 23
    • Tabasco: de 33 a 36
    • Sonora de 52 a 54

    Decrementos más significativos

    Si analizamos la reducción absoluta en los puntos de la tasa por cada 100 mil habitantes entre 2024 y 2025, las entidades que experimentaron las bajas más importantes fueron:

    1. Colima: de 124 a 89 (una reducción de 35 puntos)
    2. Morelos: de 77 a 58 (una reducción de 19 puntos)
    3. Zacatecas: de 34 a 16 (una reducción de 18 puntos)
    4. Nuevo León: de 27 a 12 (una reducción de 15 puntos)
    5. Guanajuato: de 64 a 51 (una reducción de 13 puntos)

    El comportamiento de la tasa de defunciones por presunto homicidio en la Ciudad de México entre 2012 y 2025 se puede describir en tres etapas claras. Durante los primeros años del periodo (2012-2015), la entidad mantuvo una estabilidad relativa con una tasa constante de 12 homicidios por cada 100 mil habitantes. A partir de 2016, se observó un ligero ascenso que llevó la tasa a su punto más alto del periodo en 2018, cuando alcanzó los 16 homicidios por cada 100 mil habitantes, manteniéndose en niveles ligeramente elevados (entre 14 y 15) hasta 2020. Finalmente, a partir de 2021, la capital mostró una tendencia descendente significativa. Esta reducción permitió alcanzar sus mínimos históricos dentro de este registro (8 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2022 y 2023), concluyendo el periodo en 2025 con una tasa de 9 homicidios por cada 100 mil habitantes.

    Balazo mata otras causas

    En México, el medio más empleado para provocar la muerte durante 2025 fue el disparo con arma de fuego (70.8%), seguido por el uso de objetos punzocortantes (9.4%). Otras causas recurrentes incluyen la agresión por ahorcamiento, estrangulamiento y sofocación (1,825 casos) y los ataques con objeto romo o sin filo (292 casos). Balazos, acuchillamientos, ahorcamientos y guamazos…

    @gcastroibarra

  • Derecho a una vida libre de violencias

    Derecho a una vida libre de violencias

    Con este artículo número quince en la Cartilla de Derechos de la Mujer, terminamos esta revisión de dicho documento. Este punto dice textualmente: “El derecho a vivir en paz y libres de violencias en todos los espacios que habitamos ¿Sabías que las mujeres tenemos derecho a que nadie nos cause daño o sufrimiento psicológico, físico, patrimonial, económico, sexual o la muerte en ninguno de los espacios que habitamos (nuestras familias, la comunidad, las escuelas, las instituciones, el espacio digital o en la política)?

    Las mujeres tenemos derecho a que cualquier integrante de nuestras familias, la sociedad, nuestros empleadores, las empresas, los medios de comunicación o de difusión y, por supuesto, las autoridades, respeten y reconozcan nuestros derechos. El Estado mexicano en su conjunto tiene la obligación de garantizarlos.

    El derecho a vivir sin violencias significa que, además de disfrutar y ejercer nuestros derechos humanos, debemos recibir un trato y educación libres de costumbres, creencias o prácticas que nos discriminen, limiten nuestros derechos, nos humillen o nos hagan sentir inferiores.

    Por ello, se deben respetar nuestra vida, nuestras decisiones, nuestra salud física y emocional, y recibir tratos siempre como iguales y con respeto en cualquier lugar. Desde que tenemos Presidenta en México, el derecho a una vida libre de violencias y a la igualdad sustantiva están garantizados nada más y nada menos que en la Constitución, en específico en el artículo 4to que dice lo siguiente:

    “Todas las autoridades deben condenar las violencias contra las mujeres y aplicar todas las medidas apropiadas para erradicarla. Las autoridades tienen la obligación de realizar acciones para: Prevenir la violencia; contar con mecanismos para atender las denuncias de violencia; contar con capacitación permanente y evaluación de las autoridades encargadas de atender y determinar si somos víctimas de violencia; eliminar cualquier norma o instrumento legal que atente contra nuestros derechos y libertades”.

    Todas las instituciones del Estado mexicano tienen la obligación de garantizar nuestros derechos y, de manera especial, la Secretaría e Institutos de las Mujeres, deben vigilar a las entidades del gobierno mexicano.

    La protección no sólo nos incluye a nosotras, sino también a nuestras familias y a nuestras hijas e hijos. ¡No estás sola! Es tiempo de que las mujeres sepamos que no estamos solas.

    Cuando vivimos algún tipo de violencia y queremos denunciar, las autoridades deben brindarnos atención integral, lo que implica contar con asesoría legal de forma gratuita que represente nuestros intereses para acceder a la justicia y a una reparación integral del daño; que nos expliquen de forma clara y sencilla nuestros derechos, las etapas del proceso, los recursos para inconformarnos ante las decisiones de las autoridades; a recibir apoyo psicológico y, en caso de ser necesario, apoyo económico para continuar en nuestra búsqueda de justicia.

    En México las mujeres seguimos siendo víctimas de múltiples violencias, discriminación y estigmas sociales, para hacer frente a esto, necesitamos que más mujeres abracemos y defendamos nuestros derechos; también es necesario que hombres y mujeres ubiquemos ese tipo de conductas que parecen normales pero que abonan a no tratarnos como iguales.

    A través de ello lograremos un cambio cultural que permita que todas y todos tengamos una vida libre de violencias”.

  • Mientras China programa el futuro, Washington programa el miedo

    Mientras China programa el futuro, Washington programa el miedo

    La misma semana de julio de 2026 en la que Pekín presentó al mundo Kimi K3, un modelo de inteligencia artificial capaz de rivalizar con los sistemas más avanzados de Silicon Valley a una fracción de su costo, el gobierno de Estados Unidos convocaba a representantes de 66 países para hablar no de tecnología, ni de comercio, ni de cooperación, sino de un enemigo interno definido en términos casi religiosos: el “resurgimiento del terrorismo político de extrema izquierda”. El contraste no podría ser más elocuente sobre hacia dónde mira cada potencia.

    En Shanghái, Xi Jinping subió al escenario de la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial para insistir en que esta tecnología no debe quedar en manos de un solo país, y ofreció capacitación y modelos de bajo costo a naciones del sur global bajo la premisa de que la IA debe servir para cooperar, no para competir.

    Es un discurso que, viniendo de un régimen con su propio historial de censura y control, invita al escepticismo. Pero el hecho concreto detrás del discurso es innegable: empresas chinas como Moonshot AI están ofreciendo modelos de código abierto con pesos públicos, a precios hasta cuarenta veces menores que sus competidores estadounidenses, y ya están siendo adoptados por compañías en Silicon Valley, la meca que se suponía imbatible. Ese mismo día en Washington, Marco Rubio no hablaba de innovación ni de infraestructura digital. Hablaba de anarquistas, comunistas y “antiimperialistas” como si fueran una red terrorista transnacional con capacidad operativa comparable a Al Qaeda, sin ofrecer una sola prueba pública que sostenga semejante caracterización. Horas después, Donald Trump acusaba a China de interferir en las elecciones estadounidenses, también sin mostrar evidencia, mientras su propia administración ha intervenido abiertamente, sin disimulo alguno, en procesos electorales latinoamericanos para favorecer a candidatos de extrema derecha que después le devuelven lealtad política.

    No hace falta compartir la visión del Partido Comunista Chino sobre la sociedad, la disidencia o los derechos humanos para notar la asimetría. Un país invierte su capital político en construir infraestructura tecnológica y ofrecerla al mundo en desarrollo; el otro invierte su capital político en fabricar enemigos internos difusos, sin nombre ni estructura verificable, y en señalar interferencias externas que no puede o no quiere probar. Uno mira hacia adelante, hacia la próxima década de cómputo, energía y algoritmos; el otro mira hacia atrás, hacia un imaginario de guerra cultural que necesita mantener viva la sensación de amenaza permanente para justificar su propia existencia política.

    Vale la pena señalar, además, un dato que rara vez aparece en la cobertura occidental de este tema: el mismo régimen chino que impulsa esta ofensiva diplomática de la inteligencia artificial mantiene restricciones internas contra el uso de esa misma tecnología para sustituir trabajadores. Es una contradicción interesante para un sistema que compite globalmente bajo una lógica de mercado, pero que en su territorio decide proteger el empleo por decreto. Mientras tanto, en el otro extremo del tablero, la retórica de Rubio sobre el “terrorismo de izquierda” llega apenas meses después de que la propia administración estadounidense indultara a quienes asaltaron el Capitolio en enero de 2021, y en el contexto de una ola de designaciones antiterroristas que, según especialistas en seguridad citados por medios como el Washington Post, carecen de sustento legal y buscan más bien habilitar herramientas de vigilancia contra ciudadanos estadounidenses.

    Ninguna de las dos potencias es inocente. China no es un modelo de transparencia ni de libertades civiles, y su generosidad tecnológica hacia el sur global no es filantropía: es estrategia geopolítica, tan calculada como cualquier otra. Pero la comparación entre lo que cada gobierno decidió hacer público esa misma semana de julio resulta reveladora.

    Un país mostró un producto, una hoja de ruta y una oferta de cooperación técnica verificable. El otro mostró un discurso sobre fantasmas ideológicos y una acusación sin pruebas lanzada en horario estelar. Quienes defienden la hegemonía estadounidense insistirán en que la apertura de los modelos chinos oculta riesgos de seguridad y opacidad en el entrenamiento, y no les falta razón en advertir sobre ello. Pero ese argumento no explica por qué la respuesta de Washington a la competencia tecnológica china fue, esa semana, hablar de todo menos de tecnología. Y en un mundo donde el liderazgo se mide cada vez más en cómputo, algoritmos y capacidad de exportar infraestructura digital, elegir hablar de enemigos imaginarios en lugar de innovación real dice, por sí solo, hacia dónde se inclina la balanza.

  • PAN quiere espacio en mañanera

    PAN quiere espacio en mañanera

    El PAN no tiene conciencia del lugar que ocupa en la representación social, cada día se extravía más en el panorama político de México.

    Cuando es cuestionado algún miembro de su partido aseguran que le temen. Según ellos, el gobierno quiere a Cabeza de Vaca en la cárcel porque teme que gane la Presidencia de la República, lo mismo sucede con Alito y Salinas Pliego. No reconoce que son delincuentes y los presenta como paladines de una fortaleza inexistente.

    En sus declaraciones los imaginativos opositores se dicen representantes de millones de mexicanos, cuando, en realidad votaron por ellos 16 millones en todo el país y en esa proporción representan a los mexicanos, aunque es evidente que están sobrerrepresentados en los medios y nadie reclama.

    Los espacios otorgados por los medios en televisión, radio y prensa escrita no corresponde al impacto que tiene la noticia ni a la trascendencia de las declaraciones.

    En comparación con los espacios del gobierno, la desproporción es evidente, cuando la actual gobernadora del Estado de México. Delfina Duarte, encabezaba la SEP, los medios acordaban no asistir a los eventos a los que convocaba, haciendo creer que no se trabajaba en la dependencia.

    Los medios están del lado de los opositores. Quienes no tienen los espacios que, en justicia, les correspondería, de acuerdo al número de votos, que es donde deben centrar sus objetivos.

    La oposición exige derechos que son producto de las votaciones nutridas, privilegio de quienes ganan en las elecciones, y ahora exigen un lugar en la mañanera, al rato van a querer una oficina en Palacio Nacional, y una vía de tren en el Patio Central del recinto para la descarga del huachicol, un bar, junto a la Puerta Mariana, para cuando la gobernadora de la CIA visite la capital.

    El PAN trató de hacer su propia mañanera, con Kenia y luego con bodrio político que mostraron como candidata a la Presidencia, ninguno funcionó. No tuvieron público. Ni los reporteros más vendidos asistían, ni siquiera el morbo entusiasmaba a sus convocatorias. Es decir, quiere espacios consolidados por otros para expresar sus ideas que todos rechazan. Pueden hacer otro intento en el ocaso de su infortunio.

    El PAN carece de representación social, su declive en número de simpatizantes y militantes pone en peligro su registro, y no sabe cómo demostrar una fuerza que no tiene. El alarde ante la decadencia ha identificado las declaraciones de líder nacional de este partido desde su llegada al cargo, que representa para el PAN su peor momento, del cual no sabe cómo salir y rescatar, por lo menos, la sombra de lo que fue.

    El panismo insiste en rescatar espacios en los medios cuando debe obtenerlos en las urnas; pero cada día su influencia política y representación social es menor.

    Lo dicen los votos a su favor y la cantidad de militantes que ya es insostenible ante una serie de descalabros en la política que pintan de cuerpo entero los verdaderos objetivos de un panismo que olvidó sus raíces para entrar a un mundo de oportunismos y negocios ilícitos con el extranjero.

    Morena ocupa Palacio Nacional y conduce la mañanera porque ganaron las elecciones, es decir tienen el poder que el pueblo les otorgó, mientras el PRIAN llora por la derrota electoral que pareciera los obliga permanecer en la lona hasta que se diluyan entre el olvido y la corrupción.

  • Prohíben el colorante rojo en los alimentos

    Prohíben el colorante rojo en los alimentos

    La herencia que nos dejó el Dr. Hugo López Gatell permanece hasta la actualidad. Hay que recordar que el Dr. Gatell fue quien impulsó la controversial NOM-051, que en septiembre de 2020 obligó a las empresas a colocar los ya famosos octágonos negros que indican la cantidad excesiva de ingredientes que pueden representar un riesgo para la salud. Con el presidente Andrés Manuel López Obrador las empresas alimenticias tuvieron un gran ajuste, ya que casi el 80% de las formulaciones de los productos procesados modificaron sus ingredientes para disminuir la cantidad de advertencias.

    La medida aplicada le permitió a México bajar del primer lugar en obesidad infantil al octavo a nivel mundial para marzo de 2026. Una ganancia que a todos y todas nos impacta. ¿Cuántas veces van al supermercado y revisan los “sellos” de la NOM-051 para decidir qué comprar? Yo, además, reviso la lista de ingredientes, así como nos lo enseñó Gatell; busco evitar, sobre todo, el jarabe de maíz de alta fructosa. A mis sobrinos en las escuelas les han permitido identificar productos de riesgo y ahora cada que salimos tenemos que unirnos a la tarea de buscar algo que no tenga tantos octágonos.

    2026 llega con otra buena noticia, sobre todo para los niños y niñas de México. El gobierno que encabeza la Doctora Claudia Sheinbaum ha instruido a la COFEPRIS retirar el “Rojo 3 (eritrosina)” de todos los alimentos ya que está asociado al desarrollo de cáncer. Este ingrediente, en muchas ocasiones impacta a los más pequeños, ya que son los niños quienes consumen más productos como gelatinas, yogurt, gomitas y una gran cantidad de alimentos y golosinas.

    Desde la psicología, hace años se sabe de la relación que existe entre los colorantes rojos en los alimentos y la alteración de las neuronas en niños. Mi recomendación cuando hacemos valoración del desarrollo es que los niños eviten consumir los alimentos de color rojo. Sin embargo, hay una gran cantidad de productos procesados que los contienen y que los adultos no revisan antes de que los niños los consuman, por ejemplo, los embutidos. El color rosado, característico de estos alimentos procesados, regularmente lo encontramos como rojo 40. Los cereales, algunos panes y buena parte de lo que consumen, especialmente los niños tienen colorantes rojos.

    La medida anunciada por la COFEPRIS es una de las victorias más relevantes para la salud de la población mexicana, celebro la medida y espero que este sea el inicio de una larga lista de aditivos que necesitamos solicitarle a la COFEPRIS retirar de las formulaciones de los alimentos. En este mismo tenor, colorantes como el amarillo y el azul acompañan a los rojos, aún más con una moda en los jóvenes, adolescentes y lo he visto también en niños, beber unos preparados de un líquido color azul, conocido vulgarmente como “azulitos”. No sé qué sea, pero supongo que son bebidas energéticas, que en su mayoría tienen una alta concentración de azúcar. Aún queda mucho por hacer, pero es un buen inicio esta medida. 

  • Naco, Sonora: Reparar no es limpiar

    Naco, Sonora: Reparar no es limpiar

    El reciente derrame de hidrosulfuro de sodio tras el descarrilamiento de un tren en Naco, Sonora, que lamentablemente dejó a un habitante en estado crítico, vuelve a recordarnos la vieja costumbre nacional de reaccionar cuando ocurre una tragedia, sin que aprendamos la lección de adoptar las medidas necesarias para evitarla.

    Por desgracia lo sucedido en Naco no es un caso aislado. Ahí está el Río Sonora, donde más de una década después las comunidades siguen reclamando agua limpia, atención médica y justicia ambiental.

    Ahí están también los incendios forestales, la contaminación de ríos, el uso indiscriminado de agrotóxicos y los conflictos derivados de proyectos que afectan a comunidades enteras, lo que nos lleva a una misma reflexión: solo cambian los lugares, pero el problema de fondo sigue siendo el mismo, el de privilegiar la reacción por encima de la prevención. Los ejemplos sobran y todos siguen el mismo patrón. En 2019, la explosión de un ducto en Tlahuelilpan, Hidalgo, dejó más de cien muertos, y aun así las tomas clandestinas y las fallas de vigilancia en la red de ductos de Pemex continúan siendo un problema recurrente. En Coahuila, el desastre minero de Pasta de Conchos —donde apenas este año, más de dos décadas después de la explosión, se ha logrado recuperar poco menos de la mitad de los 65 cuerpos de los mineros atrapados— muestra cómo la negligencia empresarial y la omisión gubernamental pueden convertirse en una misma responsabilidad compartida. Como se puede advertir, en cada uno de estos casos, la pregunta que debería hacerse la sociedad no es solamente qué pasó, sino quién debía haberlo evitado y qué consecuencias enfrentó por no hacerlo.

    La cuestión de fondo es muy sencilla: el Estado mexicano hoy enfrenta grandes desafíos para conciliar el crecimiento industrial con la protección ambiental, pero ese desafío se vuelve insostenible cuando las empresas responsables de estos desastres asumen que un comunicado de prensa y una brigada de limpieza bastan para saldar su deuda con las comunidades afectadas. Pero hay que ser más que claros: no basta con contener el daño inmediato, la ley debe obligar a las empresas a reparar integralmente el entorno, resarcir a las familias afectadas y garantizar tratamiento médico de largo plazo a quienes resultaron dañados como en este caso Luis Arturo Ozuna Vázquez, porque un accidente “controlado” no es, en lo absoluto, lo mismo que un accidente reparado.

    Por esa razón, el caso de Naco resulta por demás revelador: hablamos sin más ni más de un tren que transportaba hidrosulfuro de sodio —sustancia altamente tóxica capaz de provocar quemaduras severas e insuficiencia respiratoria— que se descarriló en una zona donde, según los propios pobladores, ya se habían denunciado anteriormente fallas en el mantenimiento de las vías.

    Luego entonces cabe preguntarse de manera seria: ¿cuántas advertencias tuvieron que ignorarse para que ocurriera lo que ocurrió? Esa misma pregunta recae en una realidad que se presenta a menudo pues cuando la respuesta institucional llega después del derrame y no antes de la denuncia, algo en el diseño de nuestras políticas de prevención está profundamente equivocado.

    La obligación de reparar el daño se vuelve el tema central, pues no se trata únicamente de una sanción económica que las empresas puedan absorber como un costo más de operación, sino de un principio de justicia ambiental por el que debemos pugnar todos. Ese principio es muy simple: que quien contamina, quien pone en riesgo la salud de una comunidad, quien se beneficia de la extracción o el transporte de sustancias peligrosas, debe responder con la misma proporción del daño causado y eso implica remediación real de suelos y cuerpos de agua, atención médica garantizada y no condicionada a litigios interminables, además de mecanismos de indemnización que no dependan en lo absoluto de la buena voluntad corporativa ni de la presión mediática del momento. Desde este espacio pugnamos porque haya justicia para Luis Arturo Ozuna Vázquez.

    Luis Tovar
    Secretario General de la Fundación para la
    Defensa del Medio Ambiente. FUDEMA A.C.

  • La falacia de la censura: Cuando el victimismo mediático atenta contra el derecho a la verdad

    La falacia de la censura: Cuando el victimismo mediático atenta contra el derecho a la verdad

    Los grandes imperios de la comunicación y sus voceros de turno construyeron un criterio inamovible, derivado de sus intereses, pretender que el derecho a informar era propiedad privada de quienes poseían un micrófono, una cámara o una red con millones de seguidores. Durante años se instaló un patrón en el que se esperaba que la ciudadanía escuchara, consumiera y guardara silencio. Hoy en un México soberano donde la verdad y la rendición de cuentas han recuperado su lugar en el espacio público, somos testigos de la incomodidad de quienes no toleran el escrutinio. El episodio reciente en el que la influencer y abogada Natalia Torres acusa una supuesta «censura» tras ser evidenciada en la conferencia matutina de la Presidenta de la República, no es más que una burda maniobra de manipulación mediática, disfrazada con el ropaje del victimismo.

    Como juzgadora penal federal y como mexicana comprometida con la justicia social y el Estado de Derecho, no puedo permanecer en silencio frente a la tergiversación de nuestra Constitución. Mi responsabilidad con la patria y con el pueblo me exige hablar con absoluta claridad jurídica: la narrativa de Torres no solo es falsa desde el punto de vista legal, sino que representa un ataque directo a los verdaderos derechos de las audiencias.

    En el marco de nuestra Constitución, de los tratados internacionales y de los Derechos Humanos, la censura previa tiene una definición clara. Ocurre únicamente cuando la autoridad impone medidas coercitivas para prohibir, decomisar, vetar o impedir con carácter previo la difusión de una idea o información (artículos 6º y 7º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos).

    Para que realmente exista censura, debe mediar la fuerza del Estado cancelando el mensaje antes o durante su emisión. Contrastar una cifra, desmentir una afirmación engañosa o exhibir la inconsistencia de una postura pública jamás será censura. Es, por el contrario, el ejercicio pleno de la libertad de expresión, la transparencia y el derecho de réplica en una democracia viva.

    Ahora la narrativa de Natalia Torres parte de una premisa equivocada o de una conveniente estrategia discursiva al intentar equiparar la confrontación con datos al silenciamiento.

    Primero, el derecho a la información no constituye un privilegio exclusivo de quien comunica; es una garantía pensada para proteger a la sociedad y su derecho a recibir información veraz, plural y oportuna.

    Segundo, la verdad no admite concesiones. Tener un micrófono de amplio alcance no otorga inmunidad frente a la responsabilidad de informar con rigor. La verdad es un bien público que pertenece a todas y todos los mexicanos.

    Tercero, la rendición de cuentas es un principio universal; exigir precisión y sustento a quienes difunden información no restringe su libertad de expresión, sino que fortalece el derecho de la ciudadanía a no ser víctima de la desinformación ni del engaño deliberado.

    Existe una profunda carga clasista en la presunción de que el pueblo de México carece del discernimiento necesario para comprender el alcance de las leyes, identificar los sesgos en los contenidos informativos o formarse un juicio propio sobre los asuntos públicos. Sostener que la réplica de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, vulnera los derechos de la influencer Torres, constituye un insulto a la inteligencia de nuestra sociedad, pues parte de la premisa de que la ciudadanía es incapaz de valorar por sí misma los argumentos que escucha y las evidencias que se le presentan. Más aún, esa equiparación banaliza el verdadero significado de la censura y representa una falta de respeto a la memoria histórica de quienes sí padecieron el autoritarismo, fueron perseguidos, silenciados o incluso perdieron la vida por ejercer su libertad de expresión y defender la verdad.

    Como juzgadora de la Nación lo afirmo categóricamente: las aulas de la justicia y los espacios de discusión pública le pertenecen al pueblo soberano, no a las élites ni a los mercaderes de la información. Defender la verdad y el derecho de réplica no es un acto partidista; es la defensa firme de nuestro texto constitucional frente a quienes buscan sustituir el rigor informativo por el titular vendido.

    La función jurisdiccional se ejerce de cara a la ciudadanía, no de espaldas a ella. En un Estado democrático, la justicia trasciende la mera resolución de un expediente y asume una función social: comunica sus razones, fortalece la confianza pública y contribuye a la consolidación de una auténtica cultura jurídica. Una justicia que explica con claridad el fundamento de sus decisiones y se somete al escrutinio de la sociedad no debilita su autoridad; por el contrario, la legitima, la fortalece y la acerca a quienes está llamada a servir, el pueblo de México.

    El verdadero peligro para la democracia no surge cuando un gobernante ejerce su derecho de réplica; el peligro real radica en la normalización de la mentira disfrazada de periodismo. Si permitimos que el victimismo, la manipulación y las mentiras prevalezcan sobre la verdad, estaremos cediendo las libertades de la ciudadanía a grupos de poder que pretenden confundir la libertad de prensa con el derecho de imponer sus narrativas sin contraste ni responsabilidad. La ética en los medios no es una concesión voluntaria, sino una exigencia constitucional que protege al eslabón más vulnerable de la cadena informativa: el espectador, cuyo derecho a recibir información veraz constituye uno de los pilares esenciales de toda democracia.

    México ha cambiado, y sus instituciones tienen el deber de evolucionar con la misma convicción. La Constitución no es un documento inerte, ni un refugio para preservar privilegios o resistirse a la transformación democrática; es el pacto fundamental que da origen a las legítimas exigencias de una sociedad que reclama el pleno respeto al Estado de Derecho. La ciudadanía mexicana dejó atrás el papel de espectadora pasiva para afirmarse como una sociedad crítica, informada y plenamente consciente de sus derechos. Por ello, no puede permitirse que el victimismo, ni las narrativas construidas desde posiciones de poder confundan a quienes hoy exigen un debate público sustentado en hechos, responsabilidad y verdad.

    La verdadera libertad de expresión florece en la confrontación abierta de ideas, en el rigor jurídico y en el apego siempre a la verdad; el engaño y el mercantilismo mediático, por más que se revistan de causa noble o de persecución imaginaria, jamás serán un derecho.

    Porque lo que está en juego no es la narrativa de unos cuantos, sino el derecho de toda una nación a vivir informada con verdad. Y mientras exista una Constitución que la ampare, La dignidad de México jamás será negociable.