Categoría: Cultura

  • ¿A qué hora inicia y qué ver en el Desfile del Día de Muertos 2025 en CDMX?

    ¿A qué hora inicia y qué ver en el Desfile del Día de Muertos 2025 en CDMX?

    Más de 7 mil participantes recorrerán el Bosque de Chapultepec hasta el Zócalo con carrozas, catrinas y comparsas que celebran la tradición y la cosmovisión mexica.

    La CDMX se prepara para uno de sus eventos más emblemáticos: el Desfile del Día de Muertos 2025, que comenzará este sábado 1 de noviembre a las 14:00 horas, partiendo de la Puerta de los Leones del Bosque de Chapultepec y concluyendo en la Plaza del Zócalo con un gran espectáculo de luces, música y danza.

    El desfile contará con más de 7 mil participantes, incluyendo artistas, bailarines, artesanos y voluntarios, quienes llevarán a las calles carrozas monumentales, catrinas gigantes y performances teatrales que narran la vida, la muerte y la espiritualidad desde la cosmovisión mexicana.

    Este año, el recorrido estará organizado en siete bloques temáticos, que representan un viaje simbólico hacia el Mictlán:

    La consagración del camino: homenaje a Tenochtitlan y su historia

    El llamado divino: guía simbólica de Huitzilopochtli.

    Iconografía mexica: memoria viva del arte y la cultura.

    Guardianes del inframundo: pruebas del viaje al más allá.

    Guardianes de los cuatro rumbos y elementos: diversidad y fuerza espiritual.

    Vida y transformación: tributo a la herencia cultural mexicana.

    Ponte Pila: cierre con energía y espíritu comunitario.

    Debido al evento, la SSC y el OVIAL CDMX implementarán cierres en Paseo de la Reforma, Avenida Juárez, Eje Central, Calle 5 de Mayo y alrededores del Zócalo. Se recomienda llegar temprano, usar ropa cómoda y transporte público.

    El Desfile del Día de Muertos, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, combina rituales prehispánicos y católicos, reafirmando la identidad cultural de México y proyectando al mundo la riqueza de sus tradiciones.

  • Día de muertos: el corazón de par en par abierto

    Día de muertos: el corazón de par en par abierto

    Por Ricardo Sevilla

    “Si coloco la fotografía de mi hija María Elena en la ofrenda, siento que ella todavía está aquí, que me acompaña, que me viene a visitar y que no ha olvidado lo mucho que la extrañamos en la casa”, confiesa con la voz estrangulada por la emoción y la nostalgia doña Patricia Ortiz.

    Pero María Elena no es una voz aislada. En realidad, es el eco de millones de hombres y mujeres que, con el corazón de par en par abierto, tratan de honrar a sus difuntos (y la ausencia que les comporta) a través de la geografía sagrada del altar.

    Y es que la ofrenda mexicana, ese arco iris de colores y sabores, no es un simple adorno culinario en la tradición nacional; es un mapa estelar que guía a las almas.

    Foto: Getty Images

    Pero hay algo más: es el resultado de un largo peregrinaje histórico y cultural que ha cruzado centurias hasta llegar al punto en el que lo vemos –y disfrutamos– hoy.

    Le platico un poco: aunque las raíces de la visión mesoamericana sobre la muerte son profundas y poderosas, lo cierto es que las fechas que hoy conocemos, el 1 y 2 de noviembre, realmente llegaron con el incienso y la espada de la conquista española.

    Vayamos a fondo: desde la Europa medieval, la Iglesia Católica instituyó el 1 de noviembrecomo el Día de Todos los Santos, una fiesta que intentaba abrazar en un solo homenaje a los beatos, canonizados y, sobre todo, a los mártires anónimos, para que ninguna alma bienaventurada quedara sin su merecido tributo.

    El 2 de noviembre, por su parte, fue consagrada a los Fieles Difuntos, una jornada de súplicas por aquellos que reposaban sin haber alcanzado aún la vida eterna, las almas que permanecían en el Purgatorio, apegadas todavía al lastre de la vida material.

    Pero la riqueza –y la genialidad cultural de México– no consistió en desechar lo nuevo o lo viejo, sino en entrelazar ambas hebras.

    ¿Y sabe por qué? Porque las fiestas católicas, que convenientemente coincidían con el final de la cosecha del maíz (entre septiembre y noviembre, de acuerdo con las antiguas celebraciones mexicas), se fundieron con la esencia ancestral: convivir y compartir el fruto de la tierra con los ausentes que han de regresar.

    Foto: Getty Images

    Un dato duro al calce: en 2008, la UNESCO declaró a la “Festividad indígena dedicada a los Muertos en México” como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Este sello impulsó su valor turístico y simbólico global.

    Ahora bien, en cada uno de estos días, el 1 y el 2 de noviembre, el altar –la ofrenda– se convierte en un portal de frutas, platillos y nostalgias.

    Y ahí, con mucho amor y algo más de melancolía, se colocan los elementos que evidencian esta rica mixtura de creencias y, sobre todo, el amor que cada familia imprime en su arreglo: el agua para el viajero sediento, la sal para purificar su tránsito, el pan de muerto con su “hueso” circular, la fotografía que rompe la bruma del tiempo, y las flores de cempasúchil, cuyo color de sol y aroma intenso trazan un camino efímero, un puente dorado que une el mundo de los vivos con el reino de la memoria.

    Foto: Tasting History

    Bien visto, el pan de muerto no solo es un alimento, es un osario dulce, una dulce burla ritual a la fragilidad humana.

    De una u otra manera, la ofrenda es la arquitectura simbólica –que no se ha estudiado suficiente en las aparatosas cátedras académicas– donde los mexicanos intentamos neutralizar (y paliar) la angustia existencial de la muerte.

    Y doña Patricia Ortiz lo sabe bien. La foto de María Elena, su hija, no está en el altar por dogma ni por recuento genealógico, sino por la profunda convicción del corazón de que el amor acaso sea el único visado para cruzar la frontera final.

  • Un estudio revela cuál es la única película capaz de acelerar tu corazón hasta el límite

    Un estudio revela cuál es la única película capaz de acelerar tu corazón hasta el límite

    Un estudio científico midió el ritmo cardíaco y las reacciones fisiológicas de 250 espectadores para determinar qué filmes realmente provocan miedo.

    El miedo ya no solo se mide por los gritos del público, sino por los latidos del corazón. El proyecto Science of Scare analizó las reacciones fisiológicas de 250 voluntarios para determinar cuáles son las películas de terror que más alteran el cuerpo humano, y el resultado fue claro: “Sinister” (2012), dirigida por Scott Derrickson, se coronó como la más aterradora.

    El estudio registró un aumento promedio del 34% en el ritmo cardíaco de los espectadores, con picos de hasta 131 pulsaciones por minuto durante sus escenas más intensas. De acuerdo a los investigadores, esta cinta, que narra la historia de un escritor que descubre filmaciones de asesinatos vinculadas a una entidad demoníaca, provoca la mayor respuesta fisiológica de miedo registrada hasta ahora.

    La investigación, que combinó la frecuencia cardíaca y la variabilidad del ritmo cardíaco (HRV), creó un índice denominado “Scare Score”, con el que “Sinister” obtuvo 96 puntos sobre 100. Le siguieron “Host” (2020), filmada íntegramente por Zoom durante la pandemia, y “Skinamarink” (2022), una propuesta experimental que genera terror a través del silencio y la sugestión.

    El top 10 de las películas más terroríficas incluye también Insidious, El Conjuro, Hereditary, Smile 2, Smile, El exorcismo de Emily Rose y Háblame. La presencia de títulos recientes sugiere que el terror moderno apuesta por estímulos más directos, sonidos agresivos y una edición rápida que intensifica la respuesta corporal del espectador.

    Aunque clásicos como El Exorcista o Psicosis siguen siendo referentes culturales, la ciencia muestra que ya no encabezan los picos de miedo. Las nuevas generaciones de películas logran mayor impacto fisiológico con estrategias visuales más inmersivas y un manejo preciso de la tensión.

    En palabras de los investigadores, “no es solo lo que se ve, sino cómo se ve lo que provoca el miedo”. Este hallazgo redefine la forma en que entendemos el terror cinematográfico: una experiencia no solo emocional, sino biológica, capaz de activar el sistema nervioso y poner el cuerpo en estado de alarma.

  • Encuentran entrevista inédita de John Lennon sobre espionaje del gobierno de EUA

    Encuentran entrevista inédita de John Lennon sobre espionaje del gobierno de EUA

    En una grabación perdida de 1975, Lennon revela su temor a ser vigilado por el gobierno estadounidense y reflexiona sobre su música y vida personal.

    Casi 45 años después de su muerte, John Lennon vuelve a acaparar titulares. El periódico británico The Guardian publicó esta semana una entrevista inédita del exintegrante de The Beatles, realizada en 1975 por el DJ Nicky Horne, donde el músico expresaba su preocupación por ser espiado por el gobierno de Estados Unidos.

    Lennon, conocido por su activismo contra la Guerra de Vietnam y por haber enfrentado un proceso legal para evitar su deportación bajo la administración de Richard Nixon, relató que sentía que su teléfono estaba intervenido y que era seguido por hombres sospechosos en Nueva York. Incluso señaló que observó reparaciones sospechosas en el sótano del edificio Dakota, donde vivía con Yoko Ono.

    “Sé la diferencia entre que el teléfono esté normal y que cada vez que lo levanto haya muchos ruidos”, confesó el compositor de Strawberry Fields Forever, agregando: “Abría la puerta y había hombres al otro lado de la calle; me subía a un coche y me seguían en otro, sin esconderse”.

    La charla también dejó ver la faceta vulnerable de Lennon. Admitió que estuvo a punto de desechar su álbum Walls and Bridges (1974) por miedo al fracaso. Además, compartió su deseo de seguir vivo y creando música durante décadas: “Salvo por fuerza mayor, seguiré vivo otros 60 años y seguiré haciendo música hasta que me caiga”, dijo.

    La entrevista fue hallada por Horne en su propio sótano, olvidada durante casi medio siglo. Este hallazgo arroja luz sobre la persecución que Lennon percibía del gobierno estadounidense, y revive las teorías conspirativas que han circulado desde su asesinato en 1980 frente al edificio Dakota, donde fue abatido por Mark David Chapman.

    Hoy, Lennon sigue siendo un símbolo de rebeldía artística y política, y esta grabación refuerza su legado como músico que no solo revolucionó la música, sino que también enfrentó las sombras del poder con su arte y voz.

  • Krasznahorkai y la civilización en declive

    Krasznahorkai y la civilización en declive

    Por Ricardo Sevilla

    ¡Por fin! Después de muchos años, la desprestigiada Academia Sueca ha premiado a la literatura. Ya hacía falta. Después de años de senderos extraviados y torpes decisiones, los atareados –y casi siempre extraviados– jurados de Estocolmo han tratado de redimir su prestigio.

    El húngaro László Krasznahorkai, sin ir más lejos, es el Premio Nobel de Literatura 2025.

    El fallo de Estocolmo ha sido contundente: le otorgan el premio “por su obra convincente y visionaria que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte”.

    Aciertan esta vez. La obra de Krasznahorkai se levanta como un faro que alumbra y resiste con su luz pétrea ante la densa oscuridad del mercado.

    En este caso, no solo se trata de un galardón, es la aclamación a una obra que se niega a la prisa, a un estilo que ha cincelado catedrales de prosa sobre la decadencia del espíritu humano.

    Krasznahorkai es, desde hace tiempo, un autor de culto, un profeta apocalíptico.

    Su obra, hay que decirlo de una vez, no consuela: expone con belleza espectral las grietas del mundo.

    Ayer, en un breve mensaje en su red social de Facebook, el escritor y crítico literario Luis Bugarini apuntaba, con voz profética, que tenía esperanza en que ganaran el Nobel César Aira o László Krasznahorkai.

    Su esperanza se convirtió en premonición. Ganó el autor de “Guerra y Guerra”.

    Habemos quienes pensamos que la literatura que se escribe desde el fondo de las vísceras es aquella que se atreve a mirar de frente al vacío. Y la obra del húngaro lo hace. Cada uno de sus textos se plantan frente al lector como un espejo melancólico que refleja sus pesadillas y sus miserias, y donde la civilización asiste, con cierto regusto morboso, a su propio declive con una mezcla de horror y tedio.

    En una de sus novelas esenciales, Melancolía de la resistencia, asoma la semilla de su universo filosófico: “la razón no era una dolorosa carencia de mundo, sino parte de este, hasta el punto de ser su sombra”.

    El camino de Krasznahorkai hacia la “consagración literaria” –cuyo término quizá le merezca una estentórea risotada– no fue el sendero pavimentado. El tipo nació en 1954 en Gyula, al sur de Hungría y, desde muy temprana edad, abrió sus ojos y su desencanto ante el paisaje de una utopía comunista en ruinas, donde los ideales se le desvanecieron en el gris monocromo de la realidad cotidiana.

    Su espíritu, esencialmente inconformista, se negó a ser encasillado: abandonó los estudios de Derecho y abrazó la intemperie, trabajando como minero, como vigilante de seguridad. Estas labores, tan distantes del atril desde donde pontifican los académicos que lo han premiado, forjaron un alma que se rebela contra la forma y la convención. Su prosa es un acto de resistencia frente a la simplificación.

    Krasznahorkai –digámoslo a fuerza de lugares comunes– es un arquitecto del lenguaje, un constructor de frases e ideas que fluyen como un río caudaloso y sinuoso. Desprecia la tiranía de la frase corta, a la que ha calificado de artificial, porque el pensamiento humano, argumenta, es un torrente indetenible.

    De ahí nace su inconfundible sello: un estilo denso, melancólico y luctuoso, donde la puntuación a menudo se disuelve, exigiendo al lector una inmersión total, casi hipnótica. Sus distopías, pobladas por el fin del mundo, son narradas con una ironía sutil y un humor tan negro que roza lo sublime.

    Hace diez años, en 2015, la belleza de su terror y su estética mohína fue reconocida, cuando le concedieron el Premio Internacional Man Booker. El jurado de entonces celebró su capacidad de describir la realidad con imágenes a la vez bellas, aterradoras y cómicas.

    Sin embargo, el mejor reconocimiento se lo había largado, como a muchos otros grandes de la literatura, la gran Susan Sontag, quien colocó a László en el panteón de los inmortales al compararlo con las visiones oscuras de Gogol y Herman Melville.

    Hoy, el Nobel sella esa profecía. Es el triunfo de la lentitud, de la profundidad, del arte que persiste en el rincón más oscuro, reafirmando que la literatura, cuando es verdadera, es la única que tiene el poder de trascender el abismo. O habitarlo.

    Hay premios que honran a los autores. Pero definitivamente hay autores que honran a los premios. Y esto último es lo que ha ocurrido al galardonar la obra de László Krasznahorkai.

    El Nobel 2025 es el triunfo de la lentitud sobre el fast-food literario. Y nos devuelve, por un momento, la esperanza en las letras.