Ricardo Salinas Pliego se presenta en redes ante México como el arquetipo del empresario visionario, el hombre que convirtió una mueblería familiar en un imperio que va del retail a la banca, de la televisión a las telecomunicaciones. Pero este relato omite deliberadamente la otra mitad de su historia: una racha de apuestas fallidas, fraudes bursátiles comprobados por reguladores extranjeros, negocios que colapsaron dejando a miles de personas a la deriva, y una montaña de deuda fiscal que ningún otro empresario mexicano se ha atrevido a acumular con tanto descaro. Aquí, nueve capítulos de esa cara oculta.
Circuit City: En 2008, en plena crisis financiera global, Salinas Pliego decidió que podía rescatar a la segunda cadena de electrónica más grande de Estados Unidos comprando el 28% de sus acciones, con la fantasía de convertirse en su salvador y reproducir en territorio estadounidense el éxito de Elektra. El resultado fue exactamente el opuesto: Circuit City se declaró en bancarrota y, meses después, liquidó por completo sus operaciones, arrastrando consigo entre 39 y 41 millones de dólares de la fortuna del propio Salinas Pliego.
FAW: En 2007 anunció, con la parafernalia de siempre, una alianza con la automotriz china FAW para vender autos baratos en las tiendas Elektra, financiados por Banco Azteca, apuntando directamente a los clientes más vulnerables de su cartera de microcréditos. El proyecto prometía una planta ensambladora en Michoacán y decenas de miles de unidades vendidas al año. La realidad fue un desastre silencioso: para septiembre de 2009 la marca desapareció de las tiendas Elektra sin previo aviso, dejando a más de 5 mil compradores sin refacciones, sin garantía y sin ningún tipo de soporte técnico.
Fraude Unefon-Nortel: El capítulo más grave de su historial, porque no habla de mala suerte, sino de una mala conducta deliberada. En 2003, a través de una entidad de su propiedad llamada Codisco, compró con descuento la deuda que Unefon mantenía con la canadiense Nortel y luego la revendió a la propia Unefon a su valor original, embolsándose una ganancia de 218 millones de dólares a costa de los accionistas minoritarios de TVAzteca, a quienes nunca se les informó de la operación. La Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC) lo acusó formalmente de fraude, señalando que él y sus colaboradores orquestaron un montaje para ocultar su participación y quedarse con una ganancia personal de 109 millones de dólares. Terminó pagando una multa de 7.5 millones de dólares sin admitir culpa y quedó inhabilitado durante cinco años para ser directivo de empresas públicas en Estados Unidos.
Minas de Baja California: Menos conocido que sus otros tropiezos, pues fue una inversión minera en Baja California Norte que parecía prometedora pero terminó derrumbándose 60% en su valor, con un costo estimado de 50 millones de dólares que simplemente se evaporaron.
OneWeb: En 2020, Salinas inyectó 500 millones de dólares para hacerse con el 10% de OneWeb, una compañía satelital que buscaba anticiparse a Starlink. Cuando llegó la pandemia y los inversionistas mayoritarios decidieron congelar el proyecto, Salinas Pliego se topó con la disyuntiva de poner otros 4 mil 500 millones de dólares para sostenerlo o simplemente perder lo ya invertido. Optó por lo segundo, y de ahí no volvió a hablarse del asunto con el mismo entusiasmo con el que lo anunció.
Fraude “Astor Capital”: Queriendo apalancar acciones de Elektra para financiar una apuesta personal en Bitcoin, Salinas Pliego terminó como víctima de un montaje construido alrededor del apellido Astor, uno de los linajes más emblemáticos de la historia económica estadounidense. El responsable, Vladimir Sklarov, se hizo pasar por descendiente de esa familia, obtuvo acciones valuadas en 416 millones de dólares como garantía de un préstamo y las vendió sin autorización, quedándose con el dinero. El resultado: más de 450 millones de dólares esfumados y un empresario que se dice “el más listo del cuarto” cayendo en un fraude que cualquier asesor financiero mínimamente diligente hubiera detectado a tiempo.
TVAzteca: Desde 2020 TVAzteca dejó de pagar bonos por 400 millones de dólares, alegando la pandemia como excusa, lo que derivó en una demanda en Nueva York que hoy roza los 600 millones de dólares en capital e intereses. En 2026 la empresa se ve obligada a solicitar concurso mercantil voluntario y a salir de la Bolsa Mexicana de Valores después de casi 30 años cotizando. Antes, en 2017, ya había tenido que venderAzteca América, su división para el mercado hispano en Estados Unidos, en un intento de generar liquidez que terminó siendo apenas un parche temporal frente a un declive más profundo.
Typhoon Offshore: Su empresa de servicios petroleros para Pemex se derrumbó tras acumular una deuda de 960 millones de dólares por 16 meses de impagos, lo que la obligó a suspender operaciones por completo. Una jueza incluso rechazó en un primer momento su solicitud de concurso mercantil, y cuando finalmente fue aceptada meses después, la compañía ya arrastraba embargos bancarios y el cierre de sus instalaciones en Campeche por parte de la Profepa por no contar con permisos ambientales. El colapso de Typhoon arrastró a una red de al menos una docena de empresas proveedoras mexicanas que dependían de sus contratos.
Deuda con el SAT: A diferencia de los otros ocho puntos, este no es resultado de un mal cálculo de negocios sino de una estrategia sostenida durante más de una década para evadir sus obligaciones fiscales, disfrazada de cruzada libertaria contra el Estado. La Suprema Corte de Justicia de la Nación confirmó que las empresas de Grupo Salinas deben cubrir más de 35 mil millones de pesos, cifra que con recargos y multas rebasa los 50 mil millones. El costo de esa soberbia fiscal, sumado a sus otras crisis, ha sido brutal para su propio bolsillo: su fortuna cayó 63.4% entre 2024 y 2025, y para marzo de 2026 acumulaba una pérdida cercana a los 9 mil 700 millones de dólares en apenas dos años, según Forbes.
Estos nueve episodios desmienten la narrativa que Salinas Pliego ha cultivado durante décadas como el empresario que nunca pierde. La realidad es la de un hombre que ha perdido cientos de millones de dólares en apuestas mal calculadas, que fue formalmente acusado de fraude por un regulador extranjero, que ha dejado a miles de clientes y decenas de empresas proveedoras pagando los platos rotos de sus decisiones, y que hoy ve desplomarse su fortuna mientras se resiste, con el mismo tono desafiante de siempre, a pagarle al fisco lo que por años ha esquivado.
El mito del empresario infalible se sostiene únicamente si se ignora la mitad de su historia, ya que, contada completa, la carrera de Ricardo Salinas Pliego tiene más fracasos, fraudes y deudas que éxitos.