Categoría: Emmanuel Soriano Flores

  • Especulaciones en geopolítica latinoamericana: América somos todos

    Especulaciones en geopolítica latinoamericana: América somos todos

    Del 6 al 10 de junio se celebra la cumbre de las Américas en Los Ángeles, la cual se vio eclipsada por la ausencia del presidente López Obrador, que cumplió su palabra de no asistir si no se invitaba a todos los países de América, independientemente de su situación política actual y las diferencias que tuvieran con el país anfitrión.

    Para magnificar el impacto de la no asistencia del primer mandatario, baste decir que es el representante del país con la mayor cantidad de migrantes -muy por encima del resto de países de América-, con nada más y nada menos que 40 millones de mexicanos en el país de las barras y las estrellas, y que muchos de ellos son potenciales votantes y un target importante en las elecciones venideras de aquel país, aunado a que López Obrador es el segundo presidente con mayores niveles de aprobación en el mundo según la encuesta de Mourning Consulting Group: 70% en el último registro de junio. Por si esto no fuera poco, la cumbre se lleva a cabo en una de las ciudades con mayor número de mexicanos, y ello no fue casualidad: contaban con la presencia de AMLO para capitalizar todo a favor del disminuido y mal evaluado Joe Biden.

    Al respecto de la no asistencia del mandatario mexicano, ha habido un sin número de especulaciones y supuestos que van desde lo inverosímil hasta teorías que, en el ajedrez geopolítico latinoamericano, pueden tener algún sentido, sin embargo, entre los “grandes analistas” es más fácil suponer lo peor y crear escenarios catastróficos para satisfacer a sus audiencias que simplemente apostar por lo más lógico y obvio, y en ese sentido, ¿alguien se ha preguntado si AMLO simplemente cumplió su palabra y sus motivaciones son reales y auténticas más allá de segundas intenciones políticas?

    Sería ingenuo pensar que un político de la talla y experiencia de López Obrador no tiene calculados los riesgos y visualizados diferentes escenarios, pero parte de su éxito es atribuible a que sus seguidores perciben como muy auténtico su actuar, y que realmente abandera las causas justas y buenas, es decir, cuando actúa de tal o cual manera, lo hace por la convicción que tiene de ello.

    En este caso, López Obrador está convencido de que el bloqueo económico a Cuba y Venezuela son pretextos (hipócritas si se supone que Estados Unidos está en contra de supuestos autoritarismos, pero compran petróleo a Arabia Saudita y negocian con China, por ejemplo) que lo único que ocasionan es un sufrimiento innecesario a sus poblaciones al privarlos de poder comerciar de manera igualitaria, tal como hacen el resto de países. Pero este discurso “antisocialista y anticomunista” resulta muy útil a nivel discursivo para grupos ultraconservadores del congreso norteamericano.

    Dicho esto, a López Obrador le resultaría más fácil ejercer el pragmatismo ramplón y subordinado que han practicado sus antecesores neoliberales y quedar bien con las élites, lo cual hubiera implicado asistir a la cumbre y sonreír para la foto, pero no, ha preferido ser congruente con su ideología e intentar revertir bloqueos añejos que, de lograrlo, significaría desarrollo y bienestar para los países en cuestión. No depende de AMLO, pero es de reconocer que vaya más allá de la condena verbal, y que, en un acto de dignidad, haya preferido mandar un mensaje con su no asistencia a la cumbre: América somos todos, y ni nadie puede excluir a nadie.

  • Hay que ir más allá

    Hay que ir más allá

    Mucha polémica causaron las recientes declaraciones del Presidente López Obrador sobre el Neoliberalismo, aludiendo a que, si no existiera la corrupción, podría ser un modelo no tan malo, como otros. 

    Si se interpreta con el simplismo anacrónico que hacen los medios tradicionales y opositores al modelo de la Cuarta Transformación, la conclusión es que AMLO se “cambió de bando” finalmente, porque se dio cuenta que el suyo no es el bueno. Nada más lejano de la realidad.

    El Presidente ha mencionado en reiteradas ocasiones que el problema de México (y básicamente el de cualquier sistema político fallido) es la corrupción, en lo cual tiene razón porque todos los indicadores de desarrollo y bienestar muestran una correlación inversa entre buen gobierno –honesto y sin corrupción- y subdesarrollo, es decir que, a menor nivel de corrupción en la gestión gubernamental, mayores niveles de desarrollo y bienestar alcanza su población, y viceversa. Ejemplo de ello son los países primermundistas, pero en particular los nórdicos, que tiene las tasas más bajas de corrupción y el Índice de Desarrollo Humano más alto; tal es el caso Noruega, Suecia, Finlandia, etc.

    Entonces, ¿qué quiso decir realmente el Presidente y por qué debemos ir más allá? Las interpretaciones de estas declaraciones deben hacerse desde dos perspectivas: una estrictamente teórica-filosófica y una ideológica-pragmática.

    La interpretación teórica-filosófica sería que, si el ser humano actuara libre de pecado y basado siempre en las virtudes cardinales, el Neoliberalimso (y cualquier modelo de desarrollo económico, por radical que fuera) funcionaría, porque el resultado sería siempre el esperado y no habría externalidades negativas –o habría las menos-, y en todas las propuestas teóricas se plantea el bienestar social, la justicia, la equidad y la prosperidad. En particular, el Presidente habló de que las privatizaciones per se no son malas si se hacen bajo la premisa de eficiencia y eficacia y con controles y regulaciones necesarias, lo cual no contradice su discurso, porque él ha apostado por un Estado más fuerte en sectores estratégicos y donde actualmente hay muchos desequilibrios, pero jamás se ha acercado al modelo de estatización que propone el Socialismo, algo de lo que lo acusan sus más férreos opositores.

    La segunda interpretación sería la ideológica pragmática, en donde el supuesto es que el Neoliberalismo sí es, de facto, un modelo de debilitamiento del Estado y explotación de los trabajadores, pero, incluso este modelo fallido y pernicioso, no sería tan malo si, al menos, no se llevara al extremo y las grandes élites dominaran con algún nivel de decencia y consideración hacia los más pobres y olvidados, algo que definitivamente no ocurrió en México. El Neoliberalismo considera a los derechos como mercancías con valor económico intercambiable, y al mercado como eje rector y regulador de la sociedad, es decir, la antítesis del modelo de la Cuarta Transformación, pero esta última estima y valora a la Inversión Privada como algo absolutamente indispensable para el desarrollo (algo con lo que coincide el Neoliberalismo), siempre y cuando haya una distribución justa de la riqueza y el Estado procure y cuide siempre a los pobres y más necesitados.

    Existen otras interpretaciones de las declaraciones del Presidente respecto al Neoliberalismo, siendo estas más coyunturales al momento social, económico y geopolítico que vive México, como su reciente visita a Cuba y casos mediáticos de violencia, las cuales pueden ser más o menos cercanas a la realidad, pero valía la pena comentar las dos primeras.

  • ¿Qué papel podría jugar el Estado Mexicano en el conflicto entre Rusia y Ucrania?

    ¿Qué papel podría jugar el Estado Mexicano en el conflicto entre Rusia y Ucrania?

    México es un país respetado y conocido por la congruencia con sus principios de política exterior, los cuales están consagrados en el artículo 89 de la Constitución: no intervención y resolución pacífica de conflictos.

    Esto, que para la Oposición se interpreta como una cobardía, una falta de integración en asuntos de competencia internacional, una falta de compromiso para la condena de regímenes autoritarios o para la solidaridad internacional; implica, realmente, una posición neutral de respeto y conveniencia, como la que venía desempañando Suiza hasta el 2022. Pero, ¿qué relación tiene esto con el conflicto entre Rusia y Ucrania?

    Pues que, ante la escalada del conflicto y el aumento de la beligerancia de ambos bandos (el ucraniano claramente maniatado por los europeos y estadounidenses), se agotan las opciones de posibles intermediadores que estén a la altura de las circunstancias, es decir, que tengan el peso geopolítico suficiente, pero, al mismo tiempo, sean neutrales hasta donde sea posible.

    Se descartan automáticamente países que hayan impuesto sanciones a Rusia, los que hayan hecho una condena en el foro de la ONU o los que claramente tengan una posición ideológica a favor de uno u otro bando. Aplicando estos descartes, países como China o la India podrían ser grandes intercesores para el cese del conflicto; el primero, China, es el gran gigante de Oriente y hasta el momento ha mantenido un papel de neutralidad, aunque en el concierto de las naciones se le vea como un antagonista de Occidente, particularmente de Estados Unidos; el segundo, la India, es un país con un liderazgo incuestionable, una economía pujante y una independencia ideológica clara, pero, ¿qué pasaría si alguno de ellos no pudiera o quisiera asumir la gran responsabilidad ante, lo que parece, un distanciamiento de las posturas cada vez más marcado?.

    Pues aquí entra México, sobre todo, el liderazgo internacionalmente reconocido de Andrés Manuel López Obrador. Alguien que, lejos de actuar como vasallo del gran imperio –como sus predecesores neoliberales- ha demostrado actuar soberanía, independencia y, sobre todo, una postura de humanismo y máximo diálogo, lo que podría ser obvio en el discurso, pero que en la práctica muchos países con problemas de violencia no llevan a cabo.

    AMLO es un presidente respetado y querido no solo en México, sino regionalmente –incluso sin salir mucho del país- ha demostrado gran liderazgo que lo posicionan no solo como uno de los jefes de Estado mejor evaluados, sino como un Humanista que tiene claras sus prioridades: la política es diálogo y siempre favorecer a los más desprotegidos. Esto no pasa inadvertido en otras partes del mundo, y ahora mismo podría ser uno de los grandes personajes cuya retórica podría favorecer el ejercicio de la Diplomacia necesaria para el cese del conflicto.