Entre el arsenal asegurado en Carolina del Norte había dos rifles calibre .50. El decomiso vuelve a evidenciar que una parte importante del armamento utilizado por grupos criminales en México proviene de territorio estadounidense.
Autoridades de Estados Unidos decomisaron 138 armas de fuego que presuntamente serían traficadas de manera ilegal hacia México, en una operación realizada en Carolina del Norte. El aseguramiento incluyó dos rifles calibre .50, considerados de alto poder, y representa un nuevo golpe a las redes de tráfico de armamento que abastecen a organizaciones criminales en territorio mexicano desde el país vecino.
El decomiso fue dado a conocer por el embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, quien informó que la acción fue resultado de una operación encubierta desarrollada por agencias estadounidenses. De acuerdo con el diplomático, las armas tenían como destino México, donde serían utilizadas por grupos delictivos, un problema que durante años ha sido señalado por el Gobierno mexicano como uno de los principales factores que alimentan la violencia.
En un mensaje difundido en redes sociales, Johnson explicó que el arsenal asegurado incluía 138 armas de fuego, entre ellas dos rifles calibre .50, capaces de perforar vehículos blindados. Destacó que el operativo refleja la coordinación entre las autoridades de ambos países y aseguró que cada arma confiscada representa un riesgo menos para la seguridad de México y Estados Unidos.
El aseguramiento también pone nuevamente sobre la mesa el flujo de armas provenientes de Estados Unidos hacia México. Diversos informes oficiales y organismos especializados han documentado que la mayoría de las armas recuperadas en escenas del crimen en México tienen origen en el mercado estadounidense, donde son adquiridas y posteriormente introducidas de manera ilegal por redes de tráfico que operan a ambos lados de la frontera.
Desde el inicio de la actual estrategia bilateral de seguridad, el Gobierno mexicano ha insistido en que combatir el tráfico de armas desde Estados Unidos es indispensable para reducir la capacidad de fuego de los grupos criminales. En ese contexto, el decomiso realizado en Carolina del Norte representa un avance en los esfuerzos conjuntos para frenar el ingreso de armamento de alto poder al país y evitar que llegue a manos de la delincuencia organizada.

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