La historia de Aymen Hussein está marcada por adversidad desde la infancia. A los 12 años perdió a su padre, un oficial del Ejército iraquí asesinado en un atentado perpetrado por Al Qaeda, pero eso no apagó su sueño de convertirse en futbolista.
Nació el 22 de marzo de 1996 en Hawija, Kirkuk, Aymen Hussein es delantero del Al-Karma SC en la Liga de Estrellas de Iraq y capitán de la selección nacional desde 2015.
Cuando tenía apenas 12 años, su padre, que formaba parte del Ejército iraquí, fue asesinado por miembros de Al-Qaeda. Él era oficial del ejército iraquí y fue asesinado en pleno servicio tras un acto terrorista atribuido a dicha organización. El crimen ocurrió en 2008, en Bagdad.
Creció jugando fútbol y, cuando un entrenador vio su talento en un parque público, le pidió que se uniera a su equipo para sustituir a un jugador lesionado. Deseoso de ayudar económicamente a su familia tras la pérdida de su padre, el deporte se convirtió en su forma de ganarse la vida.
Seis años más tarde de la muerte de su padre, ISIS tomó posesión de su pueblo y destruyó la zona, incluida su casa. Su hermano, quien se desempeñaba como policía local, fue secuestrado. Hasta el día de hoy, Aymen Hussein aún no conoce el paradero de su hermano.
“Nadie sabe realmente qué fue lo que le pasó exactamente”, confesó Aymen Hussein. “Esta no es la primera historia de terrorismo en mi familia. Probablemente no será la última”, lamentó.
Deseoso de ayudar económicamente a su familia tras la pérdida de su padre, el deporte se convirtió en su forma de ganarse la vida, algo que él mismo reconoce con profunda gratitud.
En sus propias palabras: “Si dejo el fútbol, no cambiará nada. No recuperaré ninguna de las cosas que perdí. Es más, doy gracias a Dios por mi situación. En mi casa tengo paredes. Muchos de los iraquíes desplazados viven en tiendas de campaña.”
Aymen Hussein se ha convertido en una figura histórica para su país, anotando el gol que los clasificó a sus primeros Juegos Olímpicos y, posteriormente, a su segundo Mundial.
En el repechaje FIFA celebrado en Monterrey ante Bolivia, marcó el gol agónico para llevar a su país a su segundo Mundial, en la misma tierra donde hace 40 años debutaron.
Tras la clasificación, Aymen Hussein compartió en redes sociales un video de una entrevista de 2017 en la que prometía llevar a Iraq a un Mundial. La promesa, que no pudo cumplirse para Rusia ni para Qatar, se hizo realidad en el 2026.
Sus palabras al celebrar fueron contundentes: “Un hijo de Iraq, si hace una promesa, la cumple; si habla, dice la verdad; y si se levanta, sacude la tierra bajo los pies de la desesperación.”
Su llegada a Estados Unidos tampoco estuvo exenta de dificultades: al aterrizar en el aeropuerto de Chicago fue interrogado durante cerca de siete horas por el Servicio de Inmigración. “Me trataron como terrorista“, confesó.
Ya en el torneo, Aymen Hussein marcó para Iraq en el duelo ante Noruega, poniendo fin a una sequía de 40 años en los Mundiales.
Con su imponente juego aéreo y su liderazgo indiscutible, Aymen Hussein busca demostrar que el fútbol iraquí está de regreso en los mundiales. Para millones de iraquíes, su historia es el símbolo viviente de un pueblo que sobrevive, que resiste y que sueña.

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