Pez Totoaba: moneda del narco para fentanilo que amenaza la vaquita marina

El tráfico ilegal de pez totoaba es una pieza clave del crimen organizado transnacional, incluso funciona como moneda de cambio entre cárteles mexicanos y redes criminales chinas. De acuerdo con la investigación de Fanny Miranda para Milenio, los buches de totoaba son intercambiados por precursores químicos utilizados en la fabricación de fentanilo, evitando así el uso del sistema financiero internacional y dificultando el rastreo de estas operaciones.

Este esquema ilícito tiene consecuencias ambientales críticas, particularmente para la vaquita marina, especie endémica del Alto Golfo de California que se encuentra en peligro crítico de extinción. Las redes de enmalle utilizadas para capturar totoaba provocan la muerte incidental de estos cetáceos, cuya población ha caído en 98.6% en las últimas décadas, pasando de 567 ejemplares en 1999 a menos de 10 en registros recientes.

La especialista en crimen organizado Vanda Felbab-Brown advierte que el involucramiento del Cártel de Sinaloa ha sido determinante en la expansión de este mercado. Según sus investigaciones, el intercambio de vida silvestre por insumos químicos representa una solución logística y financiera para los grupos criminales, al permitirles mover valor sin dejar rastro bancario. Este modelo, comparado con un “Bitcoin biológico”, facilita el lavado de dinero y reduce los riesgos de detección.

El negocio resulta altamente rentable debido al bajo costo de los precursores químicos frente al alto valor de los buches en el mercado asiático. Estos insumos pueden costar alrededor de 20 millones de dólares para un año; mientras en México el pez carece prácticamente de valor, en Asia su buche puede alcanzar precios superiores a los 14 mil dólares por kilo, e incluso más en piezas grandes y añejadas que son adquiridas por coleccionista.

Aunque autoridades mexicanas han intensificado operativos contra la pesca ilegal, con decomisos, aseguramiento de embarcaciones y reducción de hasta 97% de actividad en zonas protegidas, especialistas advierten que de continuar esta dinámica, el crimen organizado podría expandir la explotación de otras especies, profundizando el daño a los ecosistemas y acercando a la vaquita marina a su desaparición definitiva.

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