Rusia ejecutó el ataque más intenso del año contra la infraestructura energética ucraniana, dejando a cientos de miles de personas sin calefacción en medio de temperaturas extremas, en un momento clave previo a nuevas negociaciones de paz.
Kiev acusó a Moscú de desplegar la ofensiva más potente del año contra su infraestructura energética, una acción que provocó la interrupción de calefacción en más de mil edificios y afectó a cientos de miles de civiles, con temperaturas por debajo de los -20 °C, en plena temporada invernal.
La arremetida ocurrió horas antes de la visita a Ucrania del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, quien advirtió que este tipo de ataques no refleja voluntad real de avanzar hacia la paz. Durante la noche se registraron múltiples explosiones en la capital ucraniana, mientras autoridades locales activaron protocolos de emergencia ante el colapso de servicios básicos.
El presidente Volodymir Zelenski condenó el golpe directo al sector energético y denunció el uso de un número récord de misiles balísticos, al tiempo que señaló que Rusia aprovechó una breve pausa en las hostilidades —acordada tras gestiones del presidente de EUA, Donald Trump— para reforzar su capacidad ofensiva y atacar en los días más fríos del año.


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