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  • ‘Cheetah Girls 4’: Raven-Symoné lidera el regreso de la franquicia junto a una nueva generación

    ‘Cheetah Girls 4’: Raven-Symoné lidera el regreso de la franquicia junto a una nueva generación

    Disney anunció oficialmente el desarrollo de la cuarta entrega titulada “The Cheetah Girls: Next Gen”, reuniendo al elenco clásico e introduciendo nuevos talentos en una aventura en África.

    -Mateo Segura

    El regreso de un clásico musical juvenil

    A más de dos décadas del estreno de la película original, Disney confirmó el relanzamiento de una de sus propiedades musicales más queridas con el desarrollo de The Cheetah Girls: Next Gen. Esta cuarta entrega cinematográfica tiene como propósito presentar el icónico universo musical de la saga a una nueva generación de espectadores, manteniendo una conexión directa y nostálgica con la historia que marcó a toda una época en la televisión juvenil.

    Elenco confirmado

    El anuncio oficial destaca el regreso de figuras clave del reparto original. Raven-Symoné retomará su emblemático papel como Galleria Garibaldi, mientras que Adrienne Bailon-Houghton volverá a dar vida a Chanel Simmons. Asimismo, se confirmó que Sabrina Bryan tendrá una participación especial en el papel de Dorinda Thomas. El entorno familiar de las protagonistas también mantendrá continuidad con los retornos de Lynn Whitfield como Dorothea Garibaldi y Lori Alter como Juanita Simmons. Por el contrario, la actriz Kiely Williams, encargada de interpretar a Aquanette “Aqua” Walker en la trilogía original, no figura en la lista de talentos confirmados para este nuevo proyecto hasta la fecha.

    Sinopsis y la nueva generación 

    La trama de esta entrega trasladará la acción al continente africano cuando Galleria y Chanel emprenden un viaje junto a Faith —la hija de Galleria— y tres de sus amigas para realizar un voluntariado en un santuario de vida silvestre. Durante la travesía, las cuatro adolescentes pondrán a prueba los lazos de su amistad, encontrarán su propia voz artística y descubrirán el auténtico espíritu de las Cheetah Girls mientras salvan la reserva natural y suben a los escenarios.

    Para estructurar la transición generacional, la producción ha diseñado una distribución de personajes que entrelaza los lazos del elenco clásico con las nuevas protagonistas:

    • Galleria Garibaldi (Raven-Symoné): Elenco original / Personaje principal
    • Chanel Simmons (Adrienne Bailon-Houghton): Elenco original / Personaje principal
    • Dorinda Thomas (Sabrina Bryan): Elenco original / Participación especial
    • Faith (Leah Sava’ Jeffries): Nueva generación / Hija de Galleria
    • Dior (Carmen Sanchez): Nueva generación / Hermana de Chanel
    • Ruby (Kaileen Chang): Nueva generación / Protagonista
    • Brooklyn (Sophie Lennon): Nueva generación / Protagonista
    • Kendi (Kamogelo Ramashala): Nueva generación / Debutante
    • Jennifré (Sophia Bush): Reparto secundario

    Equipo de producción 

    Detrás de cámaras, el largometraje reúne a nombres con un fuerte legado en la saga. Debra Martin Chase, quien se desempeñó como productora ejecutiva de las tres cintas originales, regresa en la misma función. Compartirá este rol con Raven-Symoné, quien asume labores de production ejecutiva además de su actuación, mientras que Adrienne Bailon-Houghton fungirá como coproductora.

    La dirección estará bajo el cargo de Billie Woodruff, director de la aclamada segunda entrega de la franquicia. El guión ha sido desarrollado de forma conjunta por Kara Holden, Sarah Watson y Deborah Swisher, en tanto que las coreografías musicales serán diseñadas por Kyle Hanagami. El rodaje principal está programado para comenzar este mismo mes en locaciones de Sudáfrica, hecho que Raven-Symoné celebró en sus redes sociales publicando contenido desde dicho país calificando el regreso como “cheetahlicious”.

    El legado histórico de la franquicia

    Inspirada originalmente en la serie de novelas escritas por Deborah Gregory, la marca debutó en el año 2003 como una película original de Disney Channel, convirtiéndose velozmente en uno de los éxitos comerciales más masivos de la cadena. Su impacto dio pie a dos secuelas: The Cheetah Girls 2 (2006) y The Cheetah Girls: One World (2008), además de catapultar una carrera musical en el mundo real mediante discos y extensas giras internacionales.

    Cabe recordar que Raven-Symoné no formó parte de la tercera película debido a que optó por enfocarse en su carrera solista en aquel momento. El éxito histórico sin precedentes de las Cheetah Girls pavimentó el camino regulatorio dentro de Disney para dar luz verde a otros fenómenos de masas globales posteriores basados en el formato musical, tales como High School Musical, Camp Rock y la saga de Descendants.

  • Hablando se engaña a la gente

    Hablando se engaña a la gente

    ¿Qué tan distinto era el mundo hace un cuarto de siglo? Llegamos al año 2000, el último del siglo XX, con mucho miedo a un cero, y finalmente no pasó nada. Aquel miedo tenía nombre: el efecto Y2K: dado que muchos sistemas informáticos representaban las fechas con dos dígitos para el año, cundió el temor de que, al llegar el sábado 1° de enero de 2000, muchos sistemas interpretarían el “00” como 1900 en lugar de 2000 u otros despropósitos, lo que habría de provocar fallos críticos en bancos, servicios públicos y redes de transporte… A la mera hora, no pasó nada. Si bien el dichoso efecto Y2K no colapsó la dimensión digital de la Humanidad, sí que mostró a las claras que tecnología no mata ansiedades, más bien al contrario.

    Aunque no hay cifras oficiales de la Organización Mundial de Salud (OMS) para el año 2000, se estima que alrededor de un 2% de la población global padecía trastornos de ansiedad —trastornos mentales, del comportamiento o del neurodesarrollo caracterizados por miedo o ansiedad excesivos que persisten durante un período prolongado, son desproporcionados respecto al contexto y provocan un deterioro significativo en el funcionamiento de la gente—. Estudios independientes calculaban que en 2015 los trastornos de ansiedad afectaban al 2.5% de las personas en todo el orbe. Según la OMS, hace veinticinco años, el 4% de la población total del mundo padecía depresión —un trastorno mental común que implica un estado de ánimo deprimido o una pérdida de placer o interés en actividades durante largos períodos de tiempo—. A la fecha, el mismo organismo de Naciones Unidas estima que ha habido un aumento de un punto porcentual, tanto en la ansiedad como en la depresión. Y quizá de 4 a 5% no suene mucho, pero considere usted que la población mundial, a lo largo del último cuarto de siglo, aumentó de 6,145 millones a 8,185 millones, es decir, ¡33%! Luego entonces el contingente de seres humanos en depresión pasó de 210 millones de hombres y mujeres a más de 410 millones. Ese volumen de gente ya no se aprecia menor, ¿cierto? Estamos hablando de todos los hombres y mujeres que habitamos México… ¡triplicados!

    En el año 2000 la globalización era entendida como el feliz puerto de destino al que toda la humanidad estaba llegando, con el acelerador a fondo y con unas ganas locas de generar riqueza y sobre todo de consumir sin medida. Impulsado por la digitalización, internet y el inicio de la expansión vertiginosa de la telefonía móvil, el acercamiento de culturas —o su disolución en el mainstream occidental— y la expansión de las economías neoliberales —en realidad la aceleración bestial de la polarización de los recursos— se veía como un sino inevitable. La velocidad con que todo se movía en la llamada “súper carretera de la información” todavía inspiraba optimismo. Con todo, la burbuja de las punto-com estallaba, revelando que los viejos y conocidos riesgos del destrampe capitalista no se iban a controlar por obra y magia de los microchips, sino más bien al contrario. Geopolíticamente, Estados Unidos mantenía la ilusa ilusión de permanecer por los siglos de los siglos como la única superpotencia tras la Guerra Fría. En Europa, el euro comenzaba a circular, y la integración continental parecía una ruta que nadie abandonaría.

    Hace veinticinco años, el mundo vio la llegada de los teléfonos con cámara, que revolucionaron la forma de capturar momentos cotidianos, y el auge de internet como herramienta de comunicación y acceso a información personal. La pandemia de exhibicionismo/voyerismo comenzó a propagarse, a meterse en las habitaciones, los baños, las mesas, la intimidad de todas y todos: tan sólo trece años después, la palabra selfie fue elegida como Palabra del Año por el Oxford English Dictionary: el rostro de una persona posando para sí misma y retratada por sí misma, se convirtió en un fiel icono del hiper individualismo.

    El ánimo social colectivo apuntaba más hacia una renovada fe en el progreso. Avances científicos como el Proyecto Genoma Humano atizaban la esperanza. Mucha gente celebraba el nuevo milenio con fiestas globales, pero cierta sensación difusa de que el futuro sería más complejo de lo imaginado comenzaba a permear, a sentirse en el aire… El cambio climático preocupaba más bien poco y a pocos, era algo que el gran público percibía distante y no había aún sentido en carne propia.

    Justo en el año 2000, Jimmy Wales y Larry Sanger lanzan Nupedia, una enciclopedia en línea con artículos revisados por expertos. Un año después nace Wikipedia, y con ella el espejismo de la universalización de la sabiduría empieza a propagarse a la velocidad de la luz. 

    Según datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones y el Banco Mundial, en el año 2000, aproximadamente 6.7% de la población mundial tenía acceso a Internet. Eso equivalía a unos 413 millones de usuarios —la enorme mayoría de ellos habitantes de países desarrollados— de un total de 6,100 millones de personas en el planeta. En términos relativos, pues, muy poca gente estaba conectada a la red. Con todo, no recuerdo que nadie se quejara. La falta de información, la desinformación o la mala información no eran tema. Desde entonces, el acceso a Internet ha crecido exponencialmente: para 2015, el 43% de la población mundial estaba conectada —3.2 mil millones de usuarios—. En 2025, se estima que el 68% de la población mundial tiene acceso a Internet, lo que equivale a 5.560 millones de personas. 

    Es innegable, pues, que hoy día muchísimas más personas que antes pueden estar informadas. Nunca antes a lo largo de toda la historia de la humanidad tanta gente estuvo en contacto con tanta gente, claro, no en términos absolutos, pero tampoco en términos proporcionales. Nunca habíamos estado tan comunicados. ¿Con qué resultado? Medite usted un momento en lo siguiente: en el año 2000 ni la desinformación ni mucho menos las fake news eran preocupaciones globales. Vale recordar que el término fake news comenzó a popularizarse a nivel mundial en 2016, especialmente durante la campaña electoral para la presidencia de Estados Unidos: irónicamente, la palabra se popularizó cuando Donald Trump utilizó este término para referirse a noticias que consideraba negativas o falsas sobre su persona y sus acciones. Resulta pues que uno de los mayores generadores de noticias falsas fue quien popularizó el vocablo. Y agregue usted esto otro: ¿sabe usted cuál es el principal riesgo a corto plazo al que se enfrenta el mundo en 2025, según el Foro Económico Mundial? Pues según leo en su The Global Risks Report 2025, publicado a principios de año, no es ni el cambio climático ni la guerra arancelaria ni la guerra a bombazos y misiles ni una nueva pandemia… El principal riesgo al que hoy por hoy nos enfrentamos globalmente según los casi mil expertos consultados por el Foro es ni más ni menos que la misinformation, es decir, la información falsa o incorrecta difundida sin intención de engañar, y la disinformation, o sea la información falsa difundida a propósito, con la intención de manipular o engañar. La conclusión me parece evidente: es imposible tomarle el pelo a alguien con el cual no haya manera de comunicarse. Hace años, quizá más de veinticinco, había una campaña de publicidad de Teléfonos de México cuyo slogan era Hablando se entiende la gente, y es cierto, tan cierto como que hablando se engaña a la gente…