La diplomacia global sienta sus bases en el reconocimiento de nuestros pueblos, costumbres y raíces, reconociendo la política social como un instrumento del desarrollo local, nacional e internacional que hoy se forja en el territorio. La semana pasada, la Ciudad de México albergó el Buró Ejecutivo de la CGLU (Ciudades y Gobiernos Locales Unidos), la red mundial más grande e influyente de alcaldes, metrópolis y gobiernos regionales.
Este encuentro internacional no es menor: representa el espacio donde las ciudades definen las soluciones reales a las crisis globales, trazando la agenda estratégica que culminará con los grandes acuerdos de la próxima Cumbre Mundial en Tánger.
En este marco de cooperación, el próximo Mundial de fútbol adquiere un significado profundo. Más allá de la justa deportiva, el Mundial hermana a nuestros pueblos, junta a las naciones e imprime alegría, fraternidad y paz en la gente. Esta efervescencia quedó plasmada en la camaradería del foro, destacando momentos de diplomacia viva, como cuando el copresidente de CGLU y representante de Sudáfrica bromeó amistosamente apostando a favor de su equipo contra nuestro majestuoso Teatro Esperanza Iris para el partido inaugural. Ese es el espíritu: una fiesta global que nos une en un mismo diálogo de respeto.
Esa autoridad moral para entablar un diálogo global sobre el espacio público no es casualidad; es el resultado de una vida entera de militancia. Durante su intervención, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, hizo un recorrido histórico que es, en sí mismo, la radiografía del municipalismo transformador: desde sus inicios como jefa de manzana y dirigente de barrio en las zonas más humildes de Iztapalapa, hasta su consolidación como gobernante de la capital. Esa es la verdadera escuela de la política pública.
No es fortuito que este mensaje retumbe ante el mundo justo en abril, mes que marca el 21 aniversario del desafuero de Andrés Manuel López Obrador, el episodio histórico que detonó la gran “revolución de las conciencias”. Aquel embate autoritario le enseñó a nuestro pueblo a luchar, a resistir y a vencer. Hoy, más de dos décadas después, esa misma semilla de dignidad es la que le permite a la Ciudad de México exportar su modelo de transformación.
Y en ese diálogo, nuestra ciudad marca la pauta. Sariha Moya, Ministra de Economía y Planificación, definió el municipalismo con una precisión milimétrica: “A nosotros nos junta cuidar el territorio, a la gente, lo público”. Este es el verdadero “Derecho a la Ciudad”, un concepto que Clara Brugada ha materializado al poner la política de cuidados al centro de la agenda y construir Utopías que son vehículos de justicia territorial. Como ella misma sentenció: “Nuestra brújula es gobernar desde el territorio, no desde el escritorio”.
Sin embargo, el verdadero peso histórico de este foro llegó con su posicionamiento global frente a las tensiones geopolíticas actuales. En un contexto donde el orden multilateral cruje, Brugada lanzó un mensaje contundente contra quienes apuestan por “la ley del más fuerte” y recurren a la amenaza en las relaciones internacionales. “Se equivocan quienes pretenden arrastrarnos de regreso a la guerra”, advirtió con firmeza.
Este no fue el mensaje de una gobernante local; fue el posicionamiento inquebrantable de una mujer de Estado defendiendo la soberanía, la paz y la dignidad de nuestro pueblo frente a cualquier presión externa. Una visión de altura que deja muy claro quién tiene el temple, la narrativa internacional y el liderazgo indiscutible que los nuevos tiempos de nuestra nación demandan.
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