Etiqueta: Carlos Bortoni

  • Entregar hasta lo que no se pueda entregar

    Entregar hasta lo que no se pueda entregar

    Ya lo decía Don Enrique Peña Nieto; “no hay chile que les embone”. Resulta que es entreguista y condenable —porque viola algunas leyes como la Constitución y la Ley de Seguridad Nacional— que Maru Campos, estoica y patriótica gobernadora PANista del Estado de Chihuahua, deje la seguridad de su estado en manos de la CIA y otras agencias del gobierno de los Estados Unidos, reconociendo, como reconocidamente se reconoce, su incapacidad para garantizar la seguridad de los chihuahuenses, ¿que van a decir después? ¿Qué está mal querer vivir en un mejor lugar, en el estado 52 de los Estados Unidos?

    El Gobierno de Chihuahua, liderado por la falta de liderazgo de Maru Campos, quien ha decidido gobernar entregando el gobierno a autoridades extranjeras, combate al crimen organizado, le moleste a quien le moleste, sólo que no es el Gobierno de Chihuahua quien lo combate, es la CIA.

    Y eso debería ser motivo suficiente para que estemos orgullosos, como lo está Ricky Riquín Canallín, del entreguismo de su no entreguista gobernadora. Si su actuar viola la ley, modifiquemos la ley, ¿qué digo modifiquemos? Deroguemos la ley. Habrá quienes cuestionen que se destine un piso completo de la Torre Centinela, el centro de seguridad más moderno de Chihuahua, a personal de la DEA, FBI y CIA para que opere en Chihuahua. No entienden que no hay mayor seguridad que doblar las manos, claudicar y ponerse de pechito para que hagan con uno lo que se les antoje, no entienden que sin sumisión no hay seguridad, que soberanía y libertad caminan de la mano con incertidumbre e inseguridad, no entienden que no tiene caso aferrarnos a ser una nación independiente cuando podemos, de la noche a la mañana, ¡pertenecer al primer mundo! El sueño de todo mexicano de bien que sueña con preservar sus privilegios sacrificando al resto del país.

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    Lamentablemente, no todo es aplaudible en el actuar del Gobierno de Chihuahua que simula que es gobierno. Resulta condenable que Maru y compañía vistieran, con uniformes de la Agencia Estatal de Investigación de Chihuahua, a los agentes de la CIA y les pidieran que se cubrieran el rostro para parecer autoridades locales, ¿de qué se trata? ¿Cuál era la necesidad de humillar a los héroes intervencionistas y hacerlos pasar por policías mexicanos? ¿Queremos ser primer mundo o no? ¿Somos súbditos orgullosos del imperio o payasos? Estamos buenos para pedir al gobierno de Estados Unidos que intervenga en asuntos nacionales, dejando a Trump —con cuatro agentes menos— a la merced de un psicópata que destrozó dos juegos de vajillas y cinco servilletas, en la cena de Corresponsales de la Casa Blanca, pero no estamos buenos para presumir abiertamente que la CIA opera en territorio nacional, así no se puede, ¿por qué avergonzarse de ser una vergüenza?

    • Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.
  • Por favor, tratadnos como a viles imbéciles

    Por favor, tratadnos como a viles imbéciles

    Se agradece como agradecidamente se agradece cuando a uno lo tratan como imbécil, que los aparatos de control nos traten como se trata a un imbécil. Es loable que nuestra dirigida clase dirigente no solo se responsabilice de inventar realidades irreales, sino que también cargue con el pesado peso de convencernos de la realidad de lo irreal. Las últimas semanas dieron muestras de ello. Desde el bloqueo al bloqueo del estrecho de Ormuz, hasta la nada ridícula y peninsular forma de hablar del imitador teotihuacano de Columbine, pasando por el fracking del pueblo.

    Y es que si salvarnos de lidiar con la realidad es noble, hacerlo de manera que podamos imaginar que vivimos en una caricatura, una película con doblaje barato o una novela de Televisa, es ir más allá del más allá.

    Ahí está Doña Claudia Sheinbaum hablando de nuevas técnicas de fracturación con “bajo impacto ambiental” para extraer gas natural, una suerte de fracking sustentable, fracking bueno, fracking que benéficamente agrave el estrés hídrico, contamine suelo y aguas, libere metano a la atmósfera, erosione la tierra e induzca sismos, por enlistar algunas de sus virtudes. Ahí está la presidenta hablando de un fracking que fracture la idea misma del fracking.

    Igual que Don Donald Trump, inaugurando, con el bloqueo el bloqueo del estrecho de Ormuz, una sucesión de bloqueos donde no quede nada sin bloquear que no hubiera sido previa bloqueado por otro bloqueo a la espera de ser bloqueado. La madre de todos los bloqueos bloqueada por un bloqueo venidero. Sintetizando, en un bloqueo absoluto, aquella máxima de la derecha, que no se cansa de despreciar al otro por bien del otro, que reza que el pobre es pobre porque quiere, en un sencillo bloqueo que está bloqueado porque no bloquea.

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    Resulta imposible cerrar esta breve antología, donde imbécilmente se agradece ser tratados como imbéciles, sin mencionar el burdo y melodramático, que no por burdo y melodramático es menos lamentable, atentado estilo preparatoria gringa a la teotihuacana. Una mala copia de una realidad tan irreal como insultante, donde el más decadente híbrido de Hernán Cortés y Travis Bickle, amenazó, a quienes tenía amagados, con frases como: “Y vosotros, y mierda, que habéis venido desde la puta Europa, no vais a regresar”, y “Si os movéis os sacrifico, esto se construyó para sacrificar, cabrones, no para que vengáis a hacer la puta fotito de mierda”, siguiendo un guión más kitsch, trillado y de mal gusto que la actuación más kitsch, trillada y de mal gusto de Laura Zapata en su peor telenovela, dejando claro que somos producto de una cultura tan carente de respuestas como de imaginación y alternativas que permitan algo diferente a ser tratados como se trata a un imbécil que no entiende que no entiende.

    • Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.
  • No es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario

    No es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario

    Los odiadores profesionales de aquello que resulta despreciable, los resentidos que resienten la marginación, los aplaudidores de la destrucción de un régimen creado para privilegiar a los privilegiados, se burlan de Javier Milei, presidente de Argentina —mejor conocido como el gatito mimoso, papadas, papafrita, la peluca, el loco o presiduende— por declarar que “no sólo no aumentó el desempleo sino que aumentó la cantidad de personas que buscan trabajo”. Se burlan porque les parece que decir que no aumentó el desempleo, cuando se han perdido 280 mil empleos formales, es una mentira, y porque consideran que el oximorón presidencial es imperdonable incluso para un personaje de la baja estatura de Milei.

    Y es que ahí está el detalle, para el zurdo promedio, que cree que la justicia social es responsabilidad del Estado y no una profunda y absurda responsabilidad individual, el Estado es el responsable de la crisis de empleo, seguridad, vivienda, educación, salud, migración… en fin, para su zurda forma de pensar zurdamente, todo lo que es responsabilidad del Estado, y para lo que el Estado fue creado, es obligación del Estado, ¡haganme el favor!

    Como si el Estado no estuviera ocupado cuidando los intereses de la clase privilegiada, como si le sobrara tiempo para atender las minucias de nuestras insignificantes existencias, ¡pongámonos serios, carajo!

    Cuando Milei dice que “aumentó la cantidad de personas que buscan trabajo”, está dando una clase a la ciudadanía para que asuma su responsabilidad individual, y otra clase —al mundo entero— en cuanto a comunicación social se refiere. No hay crisis de desempleo, la gente no encuentra trabajo. No es crisis de seguridad, la gente no sabe vivir tranquila. No existe una crisis inmobiliaria, la gente no encuentra una casa que pueda pagar. No hay crisis en la educación, los alumnos no aprenden. No es una crisis de salud, la gente no se organiza para enfermar de forma escalonada. No es que haya crisis migratoria, la gente sale de sus países y no tiene en donde vivir. El pobre es pobre porque quiere, porque se niega a ser millonario y vivir en abundancia, el Estado no puede obligarlos a vivir bien si no quiere vivir bien.

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    Esos zurdos que piensan que el Estado debe garantizar lo que el Estado debe garantizar, son los mismos que se indignan por los humanistas ataques de EE.UU e Israel que buscan liberar y democratizar Irán, al tiempo que aniquilan la amenazantemente inexistente amenaza atómica, que representa ese bastión petrolero, bombardeando escuelas y hospitales. Son los mismos que anteponen la totalitaria responsabilidad del Estado a la misericordiosa tolerancia del mercado, donde cada uno puede elegir libremente cómo morir de hambre, si no muere, antes, aniquilado por una bomba.

    Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.

  • Cantinflear con ideológica desideologización

    Cantinflear con ideológica desideologización

    Da gusto que la política mexicana cantinflee y reivindique elementos propios de la idiosincrasia nacional que parecían despreciados por las altas esferas partidistas, que se alejan de aquello que les resulta innegablemente próximo. La carta de presentación de ese baluarte de la democracia y la libertad que constituye Somos México, en proceso de convertirse en partido político nacional, afirmando que “no pertenecen a ninguna etiqueta ideológica tradicional” que “no es un partido de ideologías duras” que no es “de izquierda ni de derecha”, deja tan claro como el lodo cuales son sus principios, y que, si a alguien no le gustan, tienen otros.

    En Somos México convergen tres vertientes distintas que provienen del mismo afluente  de indefinición pragmática y lucha por la recuperación de los privilegios perdidos, se puede encontrar desde ex árbitros electorales que dominaron el arte del gatopardismo democratico para que todo cambiara sin que nada cambiara, mientras se aferraron al IFE/INE como un hueso que no se puede soltar; pasando por ciudadanos apartidistas, más partidistas que los partidarios, defensores del mercado, críticos de las políticas redistributivas, y que privilegian el papel de élites, instituciones y la “racionalidad”, sobre demandas populares; hasta demócratas constipados como Guadalupe Acosta Naranjo, Emilio Álvarez Icaza, Cecilia Soto y Fernando Belaunzarán, aliados del orden institucional jerárquico y de un estilo de política poco participativa, más de élite, autoritarios moderados pues.

    En pocas palabras, nada de ideologías, sino todo lo contrario, una firme ideología no ideológica disfrazada y no declarada. Una ideología encubierta, funcional al statu quo y los privilegios de los privilegiados, que reniega de una visión transformadora y reduce la política a la mera “gestión eficiente”, después de todo, ¿qué necesidad hay de cambiar algo si no hay nada que cambiar? México es un paraíso igualitario, justo y democrático, al que sólo le falta decretar que es primer mundo para ser primer mundo, al que sólo le falta creérsela, imaginar cosas chingonas.

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    Lo bueno, es que esto de no ser de izquierda ni de derecha o ser de izquierda al mismo tiempo que se es de derecha sin dejar de ser de derecha, ni dejar de ser de izquierda, pero no por eso siendo de izquierda o de derecha, no es exclusivo de Somos México. No. Morena cubre todo el pantone político, el PAN sostiene que sus valores son patria, familia y libertad, al mismo tiempo que promueve políticas a favor del mercado que desarticulan la vida familiar, y el PRI y Movimiento Ciudadano como dicen una cosa, dicen otra. México es, afortunadamente y pesele a quien le pese, un país libre de ideologías que navega a la deriva del mercado, protegido por su invisible mano interventora, omnipresente y omnipotente.

    • Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.

  • Meterse el pie como estrategia

    Meterse el pie como estrategia

    Si algo deja claro el zafarrancho de Marx Arriaga y Mario Delgado en la SEP, es que los cuatroteros dominan el arte de la comunicación fallida y el escándalo controlado donde todo arde para que nada arda. Me dirán que no hay que buscarle tres pies al gato, que simplemente la 4T tiene un terrible problema de comunicación. No me sorprende, asumir que la cuatrote es más maquiavélica que Maquiavelo, que comunica mal como estrategia para regular el debate público, que parece que deja la mesa puesta a la oposición para que los ataque, pero que lo único que hace es levantar polvo, demanda dosis altas de sospechosismo.

    Los cuatreros superan a Maquiavelo, quien insistía en que el príncipe debe gobernar la percepción de sus actos mediante acciones espectaculares y bien calculadas, en pocas palabras, que debe controlar la narrativa.

    Nadie controla la narrativa como la cuatrote, la controla dándole una vuelta de tuerca que la hace ver descontrolada. Los cuatreros producen sus peligros de forma espectacular y bien calculada, permiten que —lo de la SEP es solo un ejemplo— Marx Arriaga detone una serie de bombas y no dicen nada, dejan que acuse de traición a los traidores y no dicen nada, dan espacio para que monte un escandaloso escándalo durante días y no dicen nada. Luego, cuando las aguas están más agitadas, cuando se ha levantado tanto polvo que resulta imposible distinguir algo, cuando todo parece venirse abajo, salen tranquilos para presentar los oficios y los libros en cuestión, para desmentir lo que se pudo desmentir desde el minuto uno.  

    ¡Autosabotaje! ¡Incapacidad! Nada de eso, la cuatrote pone y la cuatrote quita de la mesa los temas que quiere que se discutan. Domina el arte de controlar lo que se ve de ella —como también sugería Maquiavelo. No permite que la oposición dormida y soporífera discuta nada que a la cuatrote no le interese que se discuta. Si va a ser criticada, será criticada por lo que ella quiere que se critique, si va a ser atacada, será atacada por lo que ella quiere que se ataque. Y en cuanto ella quiere, la crítica y el ataque desaparecen y se diluyen en el olvido más olvidado, dejando que el polvo se asiente ahí donde se asienta el polvo.

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    No es que la cuatrote controle la narrativa de forma totalitaria, como burdamente sostienen quienes sostienen lo burdo (con perdón de Alazraki y compañía), es que la cuatrote opera de forma omnipresente, cuenta con los perfiles más incendiarios de los incendiarios, como Arriaga, Taibo o El Fisgón, y con los más pro empresariales de los pro empresariales, como Ebrard o Delgado. Gracias a ello, abarca el pantone político de derecha a izquierda y de libertarismo a estatismo, lo que le permite ser tan neoliberal como quiera, o tan radical como se necesite.

    • Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.
  • Ese bloqueo inexistente que sin bloquear bloquea

    Ese bloqueo inexistente que sin bloquear bloquea

    Nada demuestra mejor la inexistencia del bloqueo a Cuba que la amenaza del gobierno trumpista —que es lo mismo que cualquier gobierno  de EE.UU., pero sin la hipocresía de los demócratas y con un tono de piel anaranjado— de imponer aranceles a las exportaciones de los países que envíen petróleo a Cuba. La cual fue lanzada junto con una orden ejecutiva que califica a Cuba como “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad y la política exterior estadounidenses”. Y es que no hay nada más amenazante que lo inusual cuando lo inusual es extraordinario. La idea es simple y clara: estrangular a Cuba, acelerar su colapso.
    Se que a más de uno esto le parecerá un acto de bravuconería, pero nadie obligó al Gobierno Cubano a “alinearse con países y actores malignos adversos a Estados Unidos” y difundir “ideas, políticas y prácticas comunistas por todo el hemisferio occidental”.

    Como con sabia sabiduría, ni definición de lo que significa ser un actor maligno adverso, afirmó el siempre anaranjado Donald. Si la Mayor de las Antillas no insistiera en preservar su dignidad y soberanía, nada de esto sucedería, tan fácil que es agachar la cabeza y someterse sumisamente. Pero no, los cubanos insisten en ser libres, ¿hay algo más maligno que ello?

    Lo interesante no es que exista un inexistente bloqueo que apuesta por ahogar a Cuba en su propia libertad. No. Lo  interesante es que la amenaza trumpetera se hiciera el 29 de enero y Cuba no haya recibido combustible desde diciembre. La amistosa amenaza anaranjada sólo confirmó lo que ya era un hecho luego de que a Maduro lo adujeron en un operativo de ICE a la inversa y con ello terminará el envío de 27,000 barriles diarios desde Venezuela. Lo interesante es que, tras el éxito del no neoliberal gobierno de izquierda neoliberal mexicano al consolidarse como el principal socio comercial del imperio, México cada vez esté más atado de manos, y no tenga forma de ser soberano y solidario al mismo tiempo, teniendo que cancelar los 17,000 barriles diarios que enviaba a Cuba. Lo interesante es que China y Rusia cumplieron con la expectativa de no cumplir su promesa y no han enviado nada a la isla caribeña.

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    Puede que sean muy pocos quienes tengan la estatura suficiente para ver las cosas desde las alturas de Don Donald Trump, santo patrono de la libertad imperial y la democracia sumisa, pero el nuevo bloqueo que no es bloqueo pero que sí bloquea, acarrea un sinfín de beneficios para los cubanos. De entrada, socava esa terrible idea de la libre determinación de los pueblos, demostrando que los pueblos no se determinan libremente, los determina el mandamás o termina con ellos, y reafirma la idea de libertad, democracia,y justicia del infinitamente limitado entendimientos de quienes entendiendo los límites se limitan a ellos.

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  • Liberar el liberalismo libremente

    Liberar el liberalismo libremente

    El gobierno trumpetista del trumpetas trumpetero, montó un enorme happening en Minneapolis para mostrar al mundo lo que libertad y democracia significan en el libre mercado. Porque una cosa es condenar dictaduras y gobiernos totalitarios en Rusia, China, Venezuela, Irán o Cuba, y otra es ir tan lejos como se pueda, para defender los sacrosantos valores occidentales.

    Lo esencial radica en extender la lucha en contra de la migración más allá de la migración y otorgar a las fuerzas del orden la facultad de reprimir y disparar a diestra y siniestra sin necesidad de aplicar ningún protocolo o criterio que no sea la falta de protocolo y criterio.

    Nada que ver con la represión totalitaria de los malvados regímenes totalitarios ante los que totalitariamente se arrodillan los fanáticos totalitarios de la izquierda totalitaria. No. Esto es democracia llevada a la calle. Para muestra Renee Nicole Good, mujer blanca, ciudadana estadounidense por nacimiento y “terrorista doméstica” según los muy liberales e infundados informes federales, asesinada por un agente del ICE el 7 de enero de 2026, y Alex Pretti, hombre blanco, ciudadano estadounidense por nacimiento y, de acuerdo con la siempre humanitaria Kristi Noem, un manifestante violento que tenía la intención de “masacrar a los agentes de la ley”, también asesinado a tiros por agentes federales el 24 de enero de 2026.

    Y es que para “restaurar la paz a través de la fuerza para una nueva era dorada de Estados Unidos”, subtítulo de la Estrategia de Defensa Nacional del Departamento de Guerra de EE.UU, no basta con borrar del mapa a Palestina, secuestrar a Maduro, mantener tranquila  a Rusia, abandonar a su suerte a Europa, decir tonterías alrededor de Groenlandia (o Islandia), amenazar un día sí y otro también a Irán, y competir no militarmente con China. No. Es necesario limpiar la casa y erradicar toda oposición que se oponga a las patadas de ahogado del gobierno de EE.UU. por preservar una hegemonía que cada vez se ve más diluida y por la que empiezan a manifestar, más que nostalgia, melancolía, una fatal adhesión al poder perdido, y una incapacidad de soltar las glorias del pasado.

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    Nadie podrá celebrar tranquilamente la caída del imperio, no porque la revolución no será televisada, o porque no habrá revolución y pasaremos de ser súbditos de un imperio a ser súbditos de otro, sino porque el imperio no se irá sin patalear y destruir todo lo que pueda destruir con su caída. La ruptura del orden mundial y la construcción de un nuevo orden no incorporará valores como derechos humanos, desarrollo sostenible y solidaridad para garantizar la supervivencia de las desigualdades prexistentes. No. Profundizará las desigualdades preexistentes, sentando sus reales sobre los escombros que sobrevivan a la libre liberación del liberalismo.

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  • Seamos libres, aniquilemos la libertad

    Seamos libres, aniquilemos la libertad

    La derecha latinoamericana sigue cosechando triunfos, el más reciente, la captura de Nicolás Maduro. Y no es que hayan conseguido doblegar la voluntad del gobierno trumpista para satisfacer sus más perversos fetiches, sino que ha sabido doblegar sus más perversos fetiches para que coincidan con los intereses del gobierno de Estados Unidos de América, aquello que las buenas conciencias llaman “ruptura del derecho internacional” y “violación de la soberanía venezolana”, no es más que la labor altruista de un imperio para establecer los límites claros de su área de influencia, de su área de injerencia: América para los americanos, y los americanos para America… sin rusos ni chinos metiendo las narices en un continente que ya tiene dueño. 

    Sin lugar a dudas, no faltarán quienes denuncien la apropiación de recursos naturales y la invasión como si fuera algo condenable, quienes vean la extracción de Maduro y la toma de control de Venezuela como un simple golpe en la mesa para decir “aquí mando yo”, y no como un acto de honestidad brutal y desgarradora que liberará al pueblo latinoamericano del ridículo juego de salir a la calle para manifestar la voluntad popular en las urnas, ¿para qué? Si la voluntad popular debe de estar por debajo de la voluntad imperial, de la voluntad del mercado, ahorremos tiempo, recursos e ilusiones y dejemos que sea el mercado quien ponga y quite representantes imperiales.  

    La ventaja de esto es tan deslumbrante que oscurece el panorama, no sólo termina con la angustia que conlleva asumirse como ciudadano de cara al Leviatán estatal. No. También erradica la condena de ser libres, nos emancipa de arrastrar las pesadas cadenas de estar obligados a elegir, de ser responsables de nuestras vidas y acciones. La maldición del siervo liberado se conjura restaurando la servidumbre, el vasallaje, abrazando un capitalismo feudal donde todos somos súbditos del capataz en turno en el gobierno del imperio. Ya no hará falta preocuparse por el mañana, por forjar un destino, la suerte está echada y nadie puede negarlo, depositemos libremente nuestro destino en manos de quien acabará con nuestra libertad.

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    Los patriotas latinoamericanos de derecha no quitarán el dedo del renglón para que las fuerzas armadas de EE.UU. hagan en México, Brasil, Colombia, Bolivia y en cualquier otro rincón de la región, lo mismo que hicieron en Venezuela, sacrificar a unos cuantos para liberarlos de ellos mismos, apoderarse de sus recursos naturales en aras de garantizar la satisfacción de los intereses del gran capital. Nada de ello es necesario, el mensaje fue claro, quien quiera seguir siendo libre, debe renunciar a su libertad, quien quiera conservar su soberanía, debe postrarse soberanamente cuando el soberano lo exija. No hay más.

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  • Marchen hasta que se marchen

    Marchen hasta que se marchen

    Gratamente sorprendió que el pasado 15 de noviembre, las juventudes apartidistas desbordaran las calles de las principales ciudades mexicanas para exigir acciones concretas contra la violencia y la inseguridad. Lo que no sorprende, es que los aplaudidores de la destrucción de la democracia liberal y los privilegios de la clase privilegiada, pongan el acento en el hecho de que no fueron juventudes, ni apartidistas y no desbordaron las calles —se estima un máximo de 85 mil asistentes en todo el país, menos del 30% pertenecientes a la Generación Z, en más de la mitad de las ciudades donde hubo manifestaciones se juntaron menos de 200 personas, y en 15 ciudades ni siquiera alcanzaron a ser 50 manifestantes. 

    Para algunos resulta más importante la realidad que el fantaseo de la opositora oposición. No entienden que joven es quien se auto percibe joven, que los años que alguien tiene sólo sirven para encasillarlo en un constructo sociocultural estrecho, que la edad es subjetiva, que la brecha generacional se diluye cuando los privilegios de unos pocos, el 0.065% de la población, que no pidieron nacer con privilegios, se ven amenazados por la irrupción violenta, salvaje y desmedida de las mayorías en la vida pública. Si la generación Z se ve menos joven de lo que el gobierno y sus huestes esperaban, es problema del gobierno, sus huestes y sus prejuicios y no de la impostura geriátrica de la sociedad civil apartidista que no es de izquierdas ni de derechas, sino antes todo lo contrario.

    Y es que ese es otro tema, resulta que sólo porque algunos políticos militantes participaron activamente en la marcha, haciendo que las protestas nepalíes sonaran como siempre ha sonado el berrinche de la oposición prianista, la marcha no fue apartidista. Es más, dicen que sólo porqué Edson Andrade, uno de los principales impulsores y convocantes de la marcha, tenía un contrato con el PAN por más de 2 millones de pesos, Edson Andrade no es apartidista. Como si cobrar por realizar servicios a favor de un partido político generará un conflicto de intereses, como si recibir pagos mensuales del PAN comprometiera el pedigrí apartidista.

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    Insistir en que la marcha de la Generación Z no desbordó las calles por el simple hecho de que no desbordó las calles, resulta mezquino. Cuando la gente bonita se manifiesta, necesita espacio, la clase aspiracionista, acostumbrada a comer las migajas que caen de la mesa de la clase privilegiada, no puede participar en marchas hacinadas. Cada manifestante aspiracionista que salió a defender los privilegios de sus patrones, vale por más de 200 chairos, hagan cuentas. La indignación está indignada y nadie podrá callarla, otra cosa será —desde luego— que alguien logre escucharla.

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  • La clase política será gatopardista o no será

    La clase política será gatopardista o no será

    a Darío Bortoni, que no me deja irme con la finta.

    Sobresalieron en los últimos días tres estampas que reflejan el compromiso de nuestra heroica clase política con el actuar para que todo quede igual. Por un lado, la presidenta Sheinbaum celebró que una autoridad del gobierno de España lamentara lo sucedido durante la Conquista Española; por otra, Paco Ignacio Taibo hizo gala de una admirable sensibilidad de izquierda patriarcal, misoginia y soberbia; por último, la Generación Z resultó más geriátrica y rancia que la oposición mexicana y convocó a tomar las calles, al mejor estilo nepalí, para sacudir a la tiranía cuatrera cuatrotera que democráticamente se ha impuesto.

    La celebración de la presidenta a las escuetas palabras no del Rey, no del Presidente del Gobierno, sino del ministro de Asuntos Exteriores de España, que no fueron un perdón sino un lamento, felizmente contrasta con la aplastante realidad que no deja de aplastar a los pueblos originarios que siguen padeciendo “dolor e injusticia”, baja participación en cargos de representación popular y afectaciones, en aras de no afectar al capital, por concesiones mineras (en alguna medida limitadas por los gobiernos cuatreros) y de agua, que benefician a Coca Cola, Heineken, Danone, Peñafiel, Nestle, Grupo México, etc. Que se lamente quien quiera lamentarse mientras su lamento no beneficie la realidad de los pueblos originarios que egoístamente insisten en decidir sobre los suyo sin preocuparse por las necesidades del capital.

    Sobre Paco, nada resulta más transformador, ni más de izquierda que lanzar una colección de libros donde menos del 30% fueron escritos por mujeres. La sociedad debería agradecerlo sumisamente y aplaudir, el hombre blanco heterosexual permitió que algunas escritoras formen parte de su colección. Sin embargo, como bien quienes se ponen de tapete a los pies de Taibo, “los etern@s ofendid@s, [prefieren] tramitar algo de sus daddy issues sin gastar en terapia”, en lugar de ponerse en los zapatos taibianos y entender que entender el ser y actuar del hombre blanco heterosexual, es obligación incuestionable de los, las y les militantes de izquierdas, ¡faltaba más!

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    Resulta imposible cerrar este recuento gatopardista sin dar cuenta que la convocatoria que la Generación Z, recurriendo a portavoces solidarios y jóvenes de espíritu como Molotov, Joaquín “el cochiloco” Cosío, Mariana Gómez, Max Kaiser, Víctor Trujillo, Carlos Loret y Lilly Téllez, lanzó de forma espontánea para salir a las calles a defender la democracia. Hace falta mucho sospechosismo para extrañarse de que las demandas de la Generación Z resulten casi calcadas de la agenda apartidista, no política, desde la sociedad civil, de Claudio X. González Guajardo, el hombre de las mil “X” y la sonrisa auténtica.

    • Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.