Etiqueta: Carlos Bortoni

  • Democratización educativa expréss

    Democratización educativa expréss

    El escándalo en el proceso de admisión 2026 de la UNAM y el examen de ingreso (en línea) a licenciatura —que arrojó resultados inusuales— demuestra la superioridad de la  iniciativa privada, en cuanto a democratización de la educación se refiere, sobre el sistema de educación pública. La decisión del rector Leonardo Lomelí Vanegas y el equipo responsable de adjudicar a la empresa Territorium Life para proporcionar la plataforma y los servicios tecnológicos para aplicar el examen de admisión en línea, incluyendo vigilancia remota, validación de identidad y protección del banco de reactivos, se tradujo en una alza clara y extendida en los cortes, el puntaje del último aspirante que obtuvo lugar en una carrera, en un rango mínimo del 10%. No es poca cosa, pero no es suficiente.

    No basta con reconocer el trabajo de Territorium Life, empresa de tecnología educativa fundada por ex alumnos del Tecnológico de Monterrey y la administración del Rector Lomelí, para mejorar los resultados del examen de admisión.

    No basta con celebrar la formación ético/académica de los estudiantes que no tuvieron tapujos al momento de utilizar herramientas de IA para presentar un mejor examen. No basta con aplaudir la nobleza de quienes ofrecían responder el examen a cambio de una módica retribución. No basta con reconocer a las empresas que compraron el banco de reactivos para vender cursos de preparación para el examen. Urge que vayamos más allá. Urge oficializar la impresión de títulos en Santo Domingo, la posibilidad de que desde un principio alguien pague una cuota extra por acreditar el examen, el otorgamiento de títulos honoris causa por aportación voluntaria.

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    2026 es un año que debería grabarse con letras doradas en la historia nacional, pasamos de 4 puntajes perfectos en 2025 a 14; y la cantidad de aspirantes con 110 aciertos o más (puntaje de excelencia) se multiplicó 5.6 veces, de 1,455 a 8,162. Un año que nos permita imaginar cosas chingonas, no nos detengamos en nimiedades como una combinación de uso de inteligencia artificial, circulación de los reactivos previo al examen, vigilancia insuficiente (una persona por cada 150 aspirantes) y opacidad institucional. Dejemos de privilegiar a los estudiantes mejor preparados y premiemos el esfuerzo de quienes —libres de escrúpulos— rompen los límites estructurales para acreditar el examen “haiga sido como haiga sido” y democratizar el acceso a la educación pública para limitarlo a quienes tengan más privilegios que otros. Parafraseando a Juan Miguel Zunzunegui, ese gran pensador mexicano del pragmatismo resolutivo, dejemos de castigar el esfuerzo colectivo, la trampa socializada, la venta de respuestas en la plaza pública, empecemos a recompensar la corrupción disfrazada de meritocracia.

    Carlos Bortoni es escritor.
    Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.

  • Que sólo voten quienes voten a favor de la clase privilegiada

    Que sólo voten quienes voten a favor de la clase privilegiada

    El que la guerra sea la continuación de la política por otros medios, o la política sea la continuación de la guerra, demuestra que el voto es la continuación del paredón de fusilamiento por otros medios. Ese es el uso que le da la clase privilegiada a lo que llaman la fiesta de la democracia, el voto como elemento para ajusticiar a quienes osan votar en sentido opuesto al que la clase privilegiada necesita que voten, para condenar al ostracismo a quienes viven en el ostracismo. El problema aparece, cuando el voto mayoritario se manifiesta en sentido opuesto a la clase privilegiada, cuando los marginados dejan de temer a la marginalidad.

     Si el voto deja de ser una herramienta del escarnio público y se convierte en bache para quienes detentan el poder de facto, no queda más remedio que recurrir a adoradores de Joseph Goebbels, como Natalia Torres, Ignacio Abello, las juventudes PANistas, o el decadente tío Richie, a quienes “les turbo vale madres” declarar absurdo dar el mismo peso al voto de una persona con doctorado, que al de alguien que lo único que hace es “echar la güeva todo el día”; que sólo debe votar quien tiene el conocimiento mínimo de lo que hace el Estado; que el voto lo ejerza el hombre de la casa pensando en su esposa, en sus hijos, y en sí mismo. Recurrir a esos demócratas totalitarios que entienden  que nada amenaza más a su democracia que una mayoría que no se preocupa por los derechos de la clase privilegiada.

    Y no es que estos ideólogos de la reacción posmoderna ignoren que las condiciones materiales determinan el ser social de los sujetos, que establecen un horizonte de lo posible y lo que no es posible. No es que ignoren que quien se ve obligado a vender su fuerza de trabajo para sobrevivir tiene comprometido su tiempo, su cuerpo y su energía vital, limitando el desarrollo de sus capacidades. O que el objetivo de la democracia debería ser equilibrar la balanza entre quienes más tienen y quienes menos tienen. No, estos próceres de la derecha lo entienden perfectamente y por ello se lanzan en contra del voto universal, para conjurar la amenaza que representa para las buenas costumbres, el stau quo y la gente bonita.

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    Si votar sirviera de algo, como falsamente se dice que dijo Mark Twain, no nos dejarían hacerlo. Nadie con dos dedos de inteligencia se preocupa porque el voto masivo vaya a transformar las condiciones materiales que determinan al ser social. No. Lo que les preocupa es que el voto desbordado de la masa alimenta el orgullo de la masa por la masa misma, alimenta cierto sentido de pertenencia en el que se deja de temer al paredón de fusilamiento, en el que la marginalidad se convierte en identidad colectiva y deja de ser sentencia individual. Eso no podemos permitirlo, no, si queremos que la clase privilegiada siga viviendo privilegiadamente.

    • Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.
  • Votar en contra de lo contrario a los intereses contrarios

    Votar en contra de lo contrario a los intereses contrarios

    Da gusto atestiguar que un amplio sector de la izquierda institucional latinoamericana acusa al electorado colombiano, que votó por De la Espirella, de entregarse a la extrema derecha, de ser ignorante y manipulable, de traicionar los intereses populares, de ser estúpido. Da gusto que desde la izquierda se culpe a las clases subalternas de votar “en contra de sus intereses”, porque ello da fe de la renuncia de la izquierda al proyecto de la izquierda; el de construir una verdadera conciencia de clase y una organización que hable de tú a tú con todos aquellos que perdiendo el trabajo perdemos el sustento. Da gusto porque es la izquierda hablando con la voz de la derecha.

    Hacer de la izquierda política un partido de derecha, sonroja al más reaccionario y fascista de los fascistas reaccionarios. Renunciar a entender el problema como uno de orden estructural, donde los de abajo aceptamos como natural lo que dictan los de arriba, es renunciar a entender la enajenación como la piedra angular de la dominación.

    Si el dominado lustra la bota que lo aplasta es porque está seguro de que si la bota lo deja de aplastar, su vida —su precaria seguridad, su precaria estabilidad, su precario sustento— se irá al carajo por completo, es porque habita un sistema de creencias en el que el fracaso es culpa individual y no un mecanismo de control social.
    Decir que el votante se equivoca cuando elige algo que no es la izquierda, es hacer volar por los aires la columna vertebral de todo pensamiento de izquierda, es sepultar la idea de que el sujeto tiene toda la capacidad de tomar decisiones. El que la izquierda institucional sostenga que el votante no sabe lo que es mejor para el votante, es afirmar desde la derecha de la izquierda que no hay revolución posible, que no hay contrahegemonía viable, que la acción colectiva es guajira y chabacana, un discurso de mercadotecnia política que nunca aspiró a conquistar horizonte alguno, al que jamás le interesó buscar nuevas posibilidades.

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    Cuando la izquierda institucional del siglo XXI considera que una vez que el electorado ha votado por ella, no hay marcha atrás, se acerca a la derecha que le dice a la ciudadanía que debe votar por ella porque la ciudadanía no sabe lo que es mejor para ella. El relato es el mismo, aunque no sea igual. Ni a la derecha, ni a la izquierda le interesa transformar la estructura social, la realidad material y pulverizar el supuesto sentido común que las legitima. Nada de eso, por el contrario, buena parte de la izquierda institucional latinoamericana ha entendido que el poder no está para servir, que el poder está para servirse.

    • Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.
  • Oprobioso oprobio cabaretero

    Oprobioso oprobio cabaretero

    La poesía es un asunto de espíritus elevados, elegidos y encumbrados, gente de bien, privilegiados entre los privilegiados, no un tema que competa a la torpe sensibilidad de las masas. El pópulo debe admirar a los poetas, no entenderlos. Ni siquiera hace falta que los lean. Lo sucedido con la Casa del Poeta Ramón López Velarde, el que la Secretaría de Cultura de la CDMX haya querido hacer público y cabaretero lo que debe ser solemne y de unos cuantos, no es otra cosa que la desastrosa lógica de quienes creen que pueden tomar la cultura en sus manos.

    El vencimiento del permiso administrativo temporal que tenía la Fundación Casa del Poeta I.A.P., devino en la arbitraria, autoritaria y completamente legal toma de control del inmueble, que forma parte del patrimonio inmobiliario público de la Ciudad de México desde que el gobierno lo comprara en 1989, y la desastrosa iniciativa anti libertaria de arrebatar de las manos de Guillermo Sheridan y su I.A.P. “[…] una apta casita simbólica y casi secreta que nunca había molestado a nadie […]” como él mismo escribió en su columna Minutario en El Universal, y quererla convertir en un cabaret público.

    No hay nada más insultante de las buenas costumbres del bien vivir a costillas del erario, que perder el control de una casita que año con año recibía subsidio del Gobierno de la Ciudad de México, de una casita desde la cual se dictaba, de forma ideologicamente no ideologica y partidariamente no  partidista, el canon de una poesía tan plural que se mantenía abierta a todo aquel que aplaudiera a quienes dictaban el canon.

    Pero si a eso le sumamos que se intentó convertir esa castiza casita secreta en un cabaret, la afrenta deja de ser afrenta y se convierte en atentado ¡¿Qué clase de poesía puede albergar un cabaret?! Alimañas como Tristan Tzara y los dadaístas hicieron del cabaret el epicentro de sus aullidos y manifiestos. La sabandija de Bertol Brecht se apropió del cabaret para politizar el entretenimiento y colocar al espectador en posición crítica ¡Oprobioso orpobio marxista ese de llevar la poesía al populacho y querer politizarlo!

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    El Comité de Defensa de la Casa del Poeta, héroes desideologizados que defienden el ideológico derecho a ser los dueños de la poesía, sostiene que la propuesta de la Secretaría de Cultura de la CDMX de hacer un cabaret en la la Casa del Poeta Ramón Lopez Velarde, implica un conflicto de interés dada la trayectoria cabaretera de Ana Francis Mor, Secretaria de Cultura de la CDMX. Se quedan cortos, el conflicto es mucho mayor, Ana Francis Mor no sólo se ha dedicado al cabaret, lleva años metida en el mundo de la cultura y ahora es secretaría de cultura de la CDMX y, como si eso fuera poco, ¡quiere ejecutar políticas culturales! ¡Oprobioso oprobio transformacional!

    • Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.
  • Autopercepción autopercibida

    Autopercepción autopercibida

    Vivir en tiempos de autopercepción es una ventaja histórica que, afortunadamente,  ha impregnado todas las esferas de nuestra existencia. La legolización identitaria —el que una realidad compleja se fragmente en bloques modulares intercambiables, diseñados para ensamblarse de múltiples formas, a costa de simplificar o estandarizar su contenido— no es ajena al quehacer político de nuestra noble y siempre honesta clase dirigente. Basta con que un gobierno se autoproclame de izquierda, para que ese gobierno sea de izquierda. Que su actuar dice otra cosa, ¿a quien le importa? Son de izquierda porque dicen que son de izquierda.

    Sólo así se entiende lo que sucede en México con el Mundial de Fútbol, no es la ley de la FIFA, es justicia social. Pintar de morado la infraestructura urbana en lugar de arreglarla, la renovación del AICM, la modernización de la línea 2 del Metro y del Tren Ligero, y la puesta en marcha del tren Buenavista–AIFAno son parte de parte de las “garantías gubernamentales” que la FIFA exige expresamente, son actos de justicia social (Brugada dixit). Igual que lo es la exención total de impuestos que México (Estados Unidos y Canadá negociaron esquemas limitados) otorgó a la FIFA. Justicia social que apuesta por la derrama económica neoliberal, que no entra en un pleito con la FIFA para no correr el riesgo de dejar de ser sede mundialista.

    Izquierda que se doblega ante el capital extranjero no deja de ser izquierda, reza el manual de autopercepción gubernamental, y Topolobampo con su planta de amoniaco y metanol es otra muestra de ello. El capital extranjero manda y el gobierno de izquierda considera que no hay nada socialmente más justo que poner en riesgo la vida humana, los ecosistemas y la cultura de los pueblos originarios.

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    El que la CNTE sirva a la derecha, con bloqueos de infraestructura, plantones, toma simbólica de espacios y acciones de presión de alto impacto, no es autopercepción identitaria. La CNTE de  izquierda era diferente, realizaba bloqueos de infraestructura, plantones, toma simbólica de espacios y acciones de presión de alto impacto. La Coordinadora derechizada, que exige a Morena gobernar como un gobierno de izquierda, lucha por privilegios: pensiones, reforma educativa, democracia sindical, mejora salarial y de condiciones laborales; la Coordinadora, cuando era de izquierda e increpaba al PRIAN, luchaba por derechos: pensiones, reforma educativa, democracia sindical, mejora salarial y de condiciones laborales. El cambio es innegable. Pero no todo es malo, mientras la CNTE se recorrió a la derecha, el SNTE se autopercibe de izquierda, en especial Alfonso Cepeda Salas (otrora colaborador de la camarada Elba Esther Gordillo), secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y senador por Morena, el magisterio está en buenas manos.

    • Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.
  • Mario Delgado | La SEP | Y algunos asuntos que no se resolverán

    Mario Delgado | La SEP | Y algunos asuntos que no se resolverán

    Sorprende la crítica que Mario Delgado lanzó en contra de Mario Delgado. Puede parecer bipolar que el secretario de Educación Pública cuestione (dos años después de asumir el puesto) la permanencia de prácticas que el secretario de Educación Pública debería —cuando menos— encaminar en su resolución, pero no deja de ser digno de aplauso que señale que esas prácticas delatan que la educación en México sigue siendo una farsa diseñada para adiestrar a los alumnos a someterse ante los dueños del mercado, no para formar ciudadanos con criterio. Digno de aplauso porque lo señala como si no fuera su responsabilidad definir y ejecutar la política educativa nacional.

    Lo que no sorprende es que a seguidores y detractores del cuatroteismo, les moleste la lucidez de Don Mario, que no soporten verlo predicando en el desierto, porque podrán decir lo que quieran, pero es un hecho que las últimas semanas del ciclo escolar “se mantienen las aulas abiertas […] sin un propósito pedagógico, solo por cumplir un conteo”, que “se desvirtúa la dignidad docente”, que “se convierte a la escuela en una estancia forzada”, que asistir a clases afecta “la salud mental de nuestra niñez”, y que la lógica laboral ha reducido a las escuelas a “un lugar de resguardo […] por conveniencia del mercado”.

    Por desgracia, Mario Delgado, el Secretario de Educación Pública, no ha hecho nada para hacer frente a los cuestionamientos que Mario Delgado, el crítico implacable, pone sobre la mesa. No ha hecho nada para que mientras las aulas se mantengan abiertas exista un propósito pedagógico, para dignificar la labor docente, o para que la escuela no sea una estancia forzada al servicio del mercado. Si Mario Delgado reconociera el valor de la crítica de Mario Delgado, Mario Delgado impulsaría iniciativas para que la escuela contribuya a la salud mental de los estudiantes, para apoyar a los docentes, y para que los padres de familia no tengan que “buscar dónde dejar a sus hijos para poder trabajar”. Pero no, desde las alturas de la Secretaría de Educación Pública del Gobierno Federal, Mario Delgado es incapaz de escuchar al secretario de Educación Pública del Gobierno Federal.

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    Esperemos que la bipolaridad de Mario Delgado se propague y veamos legisladores demandando mejores iniciativas de ley, jueces exigiendo acceso efectivo a la justicia, representantes del poder ejecutivo protestando porque hay baches en las calles o porque el camión de la basura no pasa. Mario Delgado ha elevado la vara, confiemos en que el resto de los servidores y representantes públicos estarán a la altura y sabrán criticarse, como él se ha criticado, y al mismo tiempo cruzarse de brazos, como él se ha cruzado.

    • Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.
  • Entregar hasta lo que no se pueda entregar

    Entregar hasta lo que no se pueda entregar

    Ya lo decía Don Enrique Peña Nieto; “no hay chile que les embone”. Resulta que es entreguista y condenable —porque viola algunas leyes como la Constitución y la Ley de Seguridad Nacional— que Maru Campos, estoica y patriótica gobernadora PANista del Estado de Chihuahua, deje la seguridad de su estado en manos de la CIA y otras agencias del gobierno de los Estados Unidos, reconociendo, como reconocidamente se reconoce, su incapacidad para garantizar la seguridad de los chihuahuenses, ¿que van a decir después? ¿Qué está mal querer vivir en un mejor lugar, en el estado 52 de los Estados Unidos?

    El Gobierno de Chihuahua, liderado por la falta de liderazgo de Maru Campos, quien ha decidido gobernar entregando el gobierno a autoridades extranjeras, combate al crimen organizado, le moleste a quien le moleste, sólo que no es el Gobierno de Chihuahua quien lo combate, es la CIA.

    Y eso debería ser motivo suficiente para que estemos orgullosos, como lo está Ricky Riquín Canallín, del entreguismo de su no entreguista gobernadora. Si su actuar viola la ley, modifiquemos la ley, ¿qué digo modifiquemos? Deroguemos la ley. Habrá quienes cuestionen que se destine un piso completo de la Torre Centinela, el centro de seguridad más moderno de Chihuahua, a personal de la DEA, FBI y CIA para que opere en Chihuahua. No entienden que no hay mayor seguridad que doblar las manos, claudicar y ponerse de pechito para que hagan con uno lo que se les antoje, no entienden que sin sumisión no hay seguridad, que soberanía y libertad caminan de la mano con incertidumbre e inseguridad, no entienden que no tiene caso aferrarnos a ser una nación independiente cuando podemos, de la noche a la mañana, ¡pertenecer al primer mundo! El sueño de todo mexicano de bien que sueña con preservar sus privilegios sacrificando al resto del país.

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    Lamentablemente, no todo es aplaudible en el actuar del Gobierno de Chihuahua que simula que es gobierno. Resulta condenable que Maru y compañía vistieran, con uniformes de la Agencia Estatal de Investigación de Chihuahua, a los agentes de la CIA y les pidieran que se cubrieran el rostro para parecer autoridades locales, ¿de qué se trata? ¿Cuál era la necesidad de humillar a los héroes intervencionistas y hacerlos pasar por policías mexicanos? ¿Queremos ser primer mundo o no? ¿Somos súbditos orgullosos del imperio o payasos? Estamos buenos para pedir al gobierno de Estados Unidos que intervenga en asuntos nacionales, dejando a Trump —con cuatro agentes menos— a la merced de un psicópata que destrozó dos juegos de vajillas y cinco servilletas, en la cena de Corresponsales de la Casa Blanca, pero no estamos buenos para presumir abiertamente que la CIA opera en territorio nacional, así no se puede, ¿por qué avergonzarse de ser una vergüenza?

    • Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.
  • Por favor, tratadnos como a viles imbéciles

    Por favor, tratadnos como a viles imbéciles

    Se agradece como agradecidamente se agradece cuando a uno lo tratan como imbécil, que los aparatos de control nos traten como se trata a un imbécil. Es loable que nuestra dirigida clase dirigente no solo se responsabilice de inventar realidades irreales, sino que también cargue con el pesado peso de convencernos de la realidad de lo irreal. Las últimas semanas dieron muestras de ello. Desde el bloqueo al bloqueo del estrecho de Ormuz, hasta la nada ridícula y peninsular forma de hablar del imitador teotihuacano de Columbine, pasando por el fracking del pueblo.

    Y es que si salvarnos de lidiar con la realidad es noble, hacerlo de manera que podamos imaginar que vivimos en una caricatura, una película con doblaje barato o una novela de Televisa, es ir más allá del más allá.

    Ahí está Doña Claudia Sheinbaum hablando de nuevas técnicas de fracturación con “bajo impacto ambiental” para extraer gas natural, una suerte de fracking sustentable, fracking bueno, fracking que benéficamente agrave el estrés hídrico, contamine suelo y aguas, libere metano a la atmósfera, erosione la tierra e induzca sismos, por enlistar algunas de sus virtudes. Ahí está la presidenta hablando de un fracking que fracture la idea misma del fracking.

    Igual que Don Donald Trump, inaugurando, con el bloqueo el bloqueo del estrecho de Ormuz, una sucesión de bloqueos donde no quede nada sin bloquear que no hubiera sido previa bloqueado por otro bloqueo a la espera de ser bloqueado. La madre de todos los bloqueos bloqueada por un bloqueo venidero. Sintetizando, en un bloqueo absoluto, aquella máxima de la derecha, que no se cansa de despreciar al otro por bien del otro, que reza que el pobre es pobre porque quiere, en un sencillo bloqueo que está bloqueado porque no bloquea.

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    Resulta imposible cerrar esta breve antología, donde imbécilmente se agradece ser tratados como imbéciles, sin mencionar el burdo y melodramático, que no por burdo y melodramático es menos lamentable, atentado estilo preparatoria gringa a la teotihuacana. Una mala copia de una realidad tan irreal como insultante, donde el más decadente híbrido de Hernán Cortés y Travis Bickle, amenazó, a quienes tenía amagados, con frases como: “Y vosotros, y mierda, que habéis venido desde la puta Europa, no vais a regresar”, y “Si os movéis os sacrifico, esto se construyó para sacrificar, cabrones, no para que vengáis a hacer la puta fotito de mierda”, siguiendo un guión más kitsch, trillado y de mal gusto que la actuación más kitsch, trillada y de mal gusto de Laura Zapata en su peor telenovela, dejando claro que somos producto de una cultura tan carente de respuestas como de imaginación y alternativas que permitan algo diferente a ser tratados como se trata a un imbécil que no entiende que no entiende.

    • Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.
  • No es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario

    No es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario

    Los odiadores profesionales de aquello que resulta despreciable, los resentidos que resienten la marginación, los aplaudidores de la destrucción de un régimen creado para privilegiar a los privilegiados, se burlan de Javier Milei, presidente de Argentina —mejor conocido como el gatito mimoso, papadas, papafrita, la peluca, el loco o presiduende— por declarar que “no sólo no aumentó el desempleo sino que aumentó la cantidad de personas que buscan trabajo”. Se burlan porque les parece que decir que no aumentó el desempleo, cuando se han perdido 280 mil empleos formales, es una mentira, y porque consideran que el oximorón presidencial es imperdonable incluso para un personaje de la baja estatura de Milei.

    Y es que ahí está el detalle, para el zurdo promedio, que cree que la justicia social es responsabilidad del Estado y no una profunda y absurda responsabilidad individual, el Estado es el responsable de la crisis de empleo, seguridad, vivienda, educación, salud, migración… en fin, para su zurda forma de pensar zurdamente, todo lo que es responsabilidad del Estado, y para lo que el Estado fue creado, es obligación del Estado, ¡haganme el favor!

    Como si el Estado no estuviera ocupado cuidando los intereses de la clase privilegiada, como si le sobrara tiempo para atender las minucias de nuestras insignificantes existencias, ¡pongámonos serios, carajo!

    Cuando Milei dice que “aumentó la cantidad de personas que buscan trabajo”, está dando una clase a la ciudadanía para que asuma su responsabilidad individual, y otra clase —al mundo entero— en cuanto a comunicación social se refiere. No hay crisis de desempleo, la gente no encuentra trabajo. No es crisis de seguridad, la gente no sabe vivir tranquila. No existe una crisis inmobiliaria, la gente no encuentra una casa que pueda pagar. No hay crisis en la educación, los alumnos no aprenden. No es una crisis de salud, la gente no se organiza para enfermar de forma escalonada. No es que haya crisis migratoria, la gente sale de sus países y no tiene en donde vivir. El pobre es pobre porque quiere, porque se niega a ser millonario y vivir en abundancia, el Estado no puede obligarlos a vivir bien si no quiere vivir bien.

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    Esos zurdos que piensan que el Estado debe garantizar lo que el Estado debe garantizar, son los mismos que se indignan por los humanistas ataques de EE.UU e Israel que buscan liberar y democratizar Irán, al tiempo que aniquilan la amenazantemente inexistente amenaza atómica, que representa ese bastión petrolero, bombardeando escuelas y hospitales. Son los mismos que anteponen la totalitaria responsabilidad del Estado a la misericordiosa tolerancia del mercado, donde cada uno puede elegir libremente cómo morir de hambre, si no muere, antes, aniquilado por una bomba.

    Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.

  • Cantinflear con ideológica desideologización

    Cantinflear con ideológica desideologización

    Da gusto que la política mexicana cantinflee y reivindique elementos propios de la idiosincrasia nacional que parecían despreciados por las altas esferas partidistas, que se alejan de aquello que les resulta innegablemente próximo. La carta de presentación de ese baluarte de la democracia y la libertad que constituye Somos México, en proceso de convertirse en partido político nacional, afirmando que “no pertenecen a ninguna etiqueta ideológica tradicional” que “no es un partido de ideologías duras” que no es “de izquierda ni de derecha”, deja tan claro como el lodo cuales son sus principios, y que, si a alguien no le gustan, tienen otros.

    En Somos México convergen tres vertientes distintas que provienen del mismo afluente  de indefinición pragmática y lucha por la recuperación de los privilegios perdidos, se puede encontrar desde ex árbitros electorales que dominaron el arte del gatopardismo democratico para que todo cambiara sin que nada cambiara, mientras se aferraron al IFE/INE como un hueso que no se puede soltar; pasando por ciudadanos apartidistas, más partidistas que los partidarios, defensores del mercado, críticos de las políticas redistributivas, y que privilegian el papel de élites, instituciones y la “racionalidad”, sobre demandas populares; hasta demócratas constipados como Guadalupe Acosta Naranjo, Emilio Álvarez Icaza, Cecilia Soto y Fernando Belaunzarán, aliados del orden institucional jerárquico y de un estilo de política poco participativa, más de élite, autoritarios moderados pues.

    En pocas palabras, nada de ideologías, sino todo lo contrario, una firme ideología no ideológica disfrazada y no declarada. Una ideología encubierta, funcional al statu quo y los privilegios de los privilegiados, que reniega de una visión transformadora y reduce la política a la mera “gestión eficiente”, después de todo, ¿qué necesidad hay de cambiar algo si no hay nada que cambiar? México es un paraíso igualitario, justo y democrático, al que sólo le falta decretar que es primer mundo para ser primer mundo, al que sólo le falta creérsela, imaginar cosas chingonas.

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    Lo bueno, es que esto de no ser de izquierda ni de derecha o ser de izquierda al mismo tiempo que se es de derecha sin dejar de ser de derecha, ni dejar de ser de izquierda, pero no por eso siendo de izquierda o de derecha, no es exclusivo de Somos México. No. Morena cubre todo el pantone político, el PAN sostiene que sus valores son patria, familia y libertad, al mismo tiempo que promueve políticas a favor del mercado que desarticulan la vida familiar, y el PRI y Movimiento Ciudadano como dicen una cosa, dicen otra. México es, afortunadamente y pesele a quien le pese, un país libre de ideologías que navega a la deriva del mercado, protegido por su invisible mano interventora, omnipresente y omnipotente.

    • Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.