Nuevas cifras confirman una expansión acelerada de asentamientos israelíes y cientos de viviendas palestinas destruidas en los últimos meses.
Cisjordania atraviesa una de las etapas más duras de su historia reciente. Israel aprobó la construcción de 763 nuevas unidades habitacionales para colonos en la localidad de Eli, según confirmó teleSUR el pasado 26 de julio. La decisión llegó tras una declaración conjunta del primer ministro Benjamin Netanyahu y el ministro de Defensa, Israel Katz.
Ambos funcionarios pidieron además el envío de más tropas a la zona. Solicitaron también la demolición de viviendas en la aldea de Tell y la recolección de armas entre la población palestina. Bezalel Smotrich, otro alto funcionario israelí, fue más allá en sus declaraciones. Afirmó que localidades como Iraq Burin y Beit Furik deben transformarse hasta parecerse a los campamentos de refugiados de Nablus y Tulkarm, ya devastados por demoliciones previas.
Los datos sobre destrucción de viviendas resultan igual de alarmantes. Human Rights Watch documentó, mediante imágenes satelitales, al menos 850 viviendas demolidas o gravemente dañadas en los campamentos de Nur Shams, Tulkarem y Yenín. La organización explicó que esta destrucción busca crear zonas de amortiguamiento. El objetivo, según sus investigadores, es rediseñar permanentemente el trazado urbano de estos campamentos y reforzar el control israelí sobre la región.
La Comisión Palestina de Resistencia al Muro y los Asentamientos ofrece otro dato preocupante. Durante la primera mitad de 2026, los colonos israelíes cometieron 3.488 ataques contra palestinos y sus propiedades. Analistas consultados por medios internacionales advierten que esta triplicación de asentamientos podría preparar el terreno para una anexión formal del territorio ocupado. Esa medida violaría abiertamente el derecho internacional vigente.
Mientras tanto, la comunidad internacional mantiene una postura pasiva ante estos hechos. Organismos globales han calificado los asentamientos como ilegales desde hace décadas, pero las condenas rara vez se traducen en acciones concretas. La situación en Cisjordania continúa deteriorándose sin que existan señales claras de una respuesta diplomática efectiva.

