El PAN arranca con un año de anticipación la sucesión en Michoacán bajo la figura de “coordinadores”, mientras su carta fuerte en Morelia arrastra señalamientos por 154 contratos y 576 millones de pesos, en medio de críticas por inseguridad y servicios deficientes.
Bajo la dirigencia de Jorge Romero Herrera, el Partido Acción Nacional comienza a nombrar “coordinadores estatales” que, en los hechos, perfilan a sus candidatos para 2027, adelantando la contienda con una estrategia que durante años cuestionó a Morena.
Este experimento arrancó en Michoacán con Alfonso Martínez Alcázar, quien actualmente funge como presidente municipal de Morelia, nombrándolo “coordinador del cambio y defensa de la familia”. El cargo suena a una etiqueta para desviar una campaña hacia lo que ya opera como promoción rumbo a junio de 2027.
Pero, ¿quién es Alfonso Martínez Alcázar?
La figura política no llega limpia, puesto que el alcalde arrastra señalamientos por presunto uso de recursos públicos para apuntalar su aspiración, así como críticas constantes por el deterioro de Morelia, como baches, servicios irregulares y una percepción de inseguridad que no cede.
Las acusaciones más graves hablan de una red de influencias. De acuerdo con denuncias presentadas por actores políticos, su administración habría asignado 154 contratos de obra pública por adjudicación directa, a lo que llamaron “Cártel de la Construcción”, acumulando una inversión de más de 576 millones de pesos en manos de allegados.

El caso escaló hasta instancias federales y estatales, ya que se presentaron denuncias ante la Fiscalía General de la República, la fiscalía estatal, la Unidad de Inteligencia Financiera y la Auditoría Superior de Michoacán por presuntos delitos que van desde abuso hasta lavado de dinero.

A esto se añade un hecho que intensificó la sospecha: la presunta eliminación de contratos y documentos de portales oficiales de transparencia, justo después de que se hicieran públicas las irregularidades. Aunque se asegura que las pruebas fueron certificadas previamente, el daño a la credibilidad quedó marcado.
El adelanto de la contienda y la protección política bajo nuevas etiquetas no borran los señalamientos ni mejoran la realidad en las calles. Por el contrario, exhiben a un PAN que apuesta por reciclar prácticas que antes condenaba, mientras uno de sus perfiles principales en Michoacán avanza cargando cifras, denuncias y una gestión cuestionada que pesa más que cualquier discurso.


