El presidente brasileño llegó a Évian, Francia, con un mensaje contundente: el modelo económico global está fallando a los más pobres.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, no fue al G7 a aplaudir. Fue a incomodar. Ante los líderes de las economías más poderosas del planeta, denunció que la brecha entre ricos y pobres sigue creciendo sin freno.
Su argumento fue directo: Elon Musk, el hombre más rico del mundo, acumula más riqueza que el 46 por ciento más pobre de toda la población global. Para Lula, ese dato resume décadas de políticas diseñadas para beneficiar a los billonarios.
El mandatario también apuntó contra las ideas que, a su juicio, sostienen ese sistema. Los líderes del G7, dijo, llevan años atrapados en dogmas que defienden la desregulación, el Estado mínimo y la austeridad como si fueran fines y no medios. El resultado, advirtió, es más desigualdad y democracias cada vez más frágiles.
Otro blanco de su crítica fue la Agenda 2030 de la ONU, el plan global para erradicar la pobreza y proteger el medio ambiente antes de que termine esta década. Lula advirtió que el mundo va en sentido contrario: faltan cuatro trillones de dólares para cumplir esas metas.
Las cifras que presentó son preocupantes. El año pasado, la ayuda al desarrollo cayó 23 por ciento. Organismos como el Programa Mundial de Alimentos, Unicef y la Organización Mundial de la Salud recortaron sus presupuestos de forma notable. Millones de personas sienten esas decisiones en carne propia.

