Etiqueta: Farmear Aura

  • Después de farmear aura

    Después de farmear aura

    En cuestión de semanas, cientos de adolescentes comenzaron a reunirse en plazas y parques para competir por algo que no existe. Frente a frente, caminan, posan, sostienen la mirada y ejecutan gestos que internet convirtió en códigos compartidos. El público decide quién tiene más “aura”. Parece absurdo, hasta que uno se pregunta qué lleva a una generación acostumbrada a encontrarse detrás del celular a salir para disputar reconocimiento en la calle.

    “Farmear aura” combina dos lenguajes. Farmear proviene de los videojuegos y significa repetir acciones para acumular recursos o puntos. Aura, en la jerga digital, representa carisma, seguridad o presencia. Así surgió una puntuación imaginaria: alguien puede ganar “+1000 de aura” por mostrarse imperturbable y perderla cuando se esfuerza demasiado por impresionar.

    La expresión circulaba desde 2024 en comunidades vinculadas con videojuegos, anime y redes sociales. En 2025 adquirió una imagen global con Rayyan Arkan Dikha, el niño indonesio que se volvió viral bailando con absoluta serenidad sobre una embarcación. Para agosto de 2026, el meme había dado un salto inesperado: abandonó momentáneamente la pantalla y ocupó plazas, parques y universidades de distintas ciudades latinoamericanas.

    En México la expansión fue vertiginosa. Hasta el 21 de agosto, el Observatorio de Medios Digitales del Tecnológico de Monterrey registraba más de 16 mil publicaciones y alrededor de 202 millones de visualizaciones asociadas con #farmearaura entre usuarios mexicanos. Otro análisis contabilizó más de 34 millones de impresiones alrededor de la conversación. Mientras algunos adultos calificaban las batallas como ridículas, otros encontraban algo paradójico: después de años preocupados por jóvenes encerrados en sus teléfonos, una moda nacida precisamente ahí estaba consiguiendo reunirlos físicamente.

    Especialistas de la UNAM, la Universidad Autónoma de Zacatecas, el Tecnológico de Monterrey y la Universidad Anáhuac encontraron detrás del juego necesidades menos novedosas que sus gestos: pertenencia, reconocimiento, construcción de identidad y una soledad que la hiperconexión no necesariamente resuelve. Alejandro Zamudio, de la UNAM, lo interpreta como un ritual de reconocimiento mutuo; Jorge Zaruma habla de “encarnar al meme”: darle cuerpo a aquello que antes existía en la pantalla.

    Pero ocupar una plaza también significa entrar en un espacio compartido y sujeto a reglas. Hubo cancelaciones por falta de permisos, intervenciones policiales y hasta agresiones de terceros. Al mismo tiempo, universidades y programas públicos comenzaron a incorporar el lenguaje de la tendencia. Ahí aparece una tensión interesante: las instituciones pueden intentar comprender estas expresiones, regularlas o incluso apropiarse de ellas, pero difícilmente pueden dirigirlas al ritmo con el que nacen y desaparecen.

    Tampoco todos participan desde el mismo lugar. Tener tiempo, conectividad, un teléfono para grabar y acceso a espacios relativamente seguros recuerda que ninguna tendencia representa por sí sola a toda una generación. Incluso sus gestos revelan diferencias: buena parte del repertorio de miradas, mandíbulas marcadas y poses “sigma” proviene de códigos predominantemente masculinos. Detrás de un juego aparentemente sencillo también operan formas de inclusión, aprobación y estatus que conviene observar antes de generalizar.

    Existe, además, una contradicción que quizá explique tanto su éxito como su desgaste: para ganar aura hay que aparentar que no se intenta conseguirla. La autenticidad también se representa. Hay que esforzarse por parecer espontáneo frente a una audiencia que observa, graba y juzga. Es difícil encontrar una metáfora más precisa de una cultura digital que exige ser auténticos mientras convierte nuestra autenticidad en contenido.

    Apenas unas semanas después de su explosión, farmear aura parece haber dejado atrás su mayor impulso. No sería extraño. Antes estuvieron otras tendencias y después vendrán nuevas palabras, gestos y comunidades capaces de recorrer en días el camino entre un algoritmo y una plaza. Algunas desaparecerán sin dejar mayor huella; otras permanecerán como lenguaje, identidad o incluso nuevas formas de relacionarnos.

    Por eso el aprendizaje no consiste en decidir si debemos celebrar o despreciar esta moda. Tampoco en asumir que el próximo fenómeno significará lo mismo. Habrá que analizar cada uno por separado: quién participa, qué necesidad expresa, cómo utiliza el cuerpo y el espacio, qué riesgos genera y qué ocurre cuando instituciones, autoridades o marcas intentan intervenir.

    Farmear aura probablemente pasará. Lo importante será qué hagamos cuando llegue lo siguiente. Porque detrás del próximo gesto que parezca incomprensible puede haber solamente una moda, pero también una nueva manera de encontrarse, pertenecer u ocupar lo público. Antes de aplaudirla, prohibirla o ridiculizarla, quizá nuestra primera responsabilidad sea entenderla.

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  • El uso del espacio público

    El uso del espacio público

    Las tradiciones culturales son interesantes en todos los lugares, aunque en ocasiones no las comprendamos del todo. Esta semana trascendió la noticia sobre los heridos que dejó la Huamantlada, organizada en Tlaxcala y aunque es un evento que emula una tradición de España, aquí se realiza desde el año 1953, por lo cual, representa ahora para esa localidad una tradición. A pesar del operativo de seguridad que se realiza en el evento, el peligro existe. Aún así, la gente se aficiona al espectáculo que se genera alrededor de quienes torean a los animales. Quienes no son afectos a esa actividad criticarán a los participantes, incluso al pueblo de Huamantla, pero necesitamos observar con ojos más analíticos esas fenómenos sociales. 

    En este periodo vacacional han trascendido las reuniones sociales en espacios públicos donde jóvenes se congregan para “farmear aura”. Quizá no sea una tradición como tal, pero sí me gustaría colocarlo en un estado de similitud con esas actividades culturales de los pueblos, donde si no formas parte, te resultan extraños. Las generaciones jóvenes requieren de elementos propios que los integren a un grupo, sobre todo en la etapa adolescente, donde la construcción del sujeto se desarrolla en la medida en que se separa de la generación anterior. 

    Si pensamos en esas expresiones culturales, hay que destacar también los espacios en los que se producen. Los espacios públicos son utilizados para dar paso a las manifestaciones de complicidad, socialización, disfrute, comparación y expresión de los sujetos. La pandemia representó un punto de ruptura de su uso y disfrute. La vida social y cultural ha quedado restringida a las actividades que las autoridades locales determinan lo que provoca que la agencia del sujeto se disipe. 

    En el caso del “farmear aura”, los espacios públicos son tomados por los jóvenes para su disfrute y entretenimiento, de forma orgánica y desinhibida. No hay detrás una organización desde la ciudad, alcaldías, municipios ni alguna otra autoridad, son los jóvenes usando la plaza pública como espacio propio de congregación, entretenimiento, convivencia y socialización. Es una muestra de apropiación de los espacios, de libertad, de democracia y de un intento de reconstrucción del tejido social de estos jóvenes. En mi opinión, el cambio generacional promete ser un grupo de sujetos que han tomado en sus manos el proceso de reconstrucción de su ser a partir de sus propios espacios de relación. 

    La cultura es así, una serie de elementos que paulatinamente se reconstruyen en el marco de las relaciones que se tejen entre el sujeto, su mundo y el contexto. Nuestros espacios sociales son para eso, para jugar con los significados, con las actividades, con la vida.. El uso del espacio público para la diversión, la protesta, la transformación de una generación o la fiesta, es un regalo que hemos construido para estas generaciones. Los espacios públicos los pueden tomar gracias al arraigo de las libertades conquistadas por las luchas de nuestros abuelos, padres y nosotros, nosotras mismas en el devenir histórico. ¡Que tengan un gran futuro! 

  • “Farmear aura”: la tendencia de redes que llegó a las calles

    “Farmear aura”: la tendencia de redes que llegó a las calles

    El concepto, nacido en internet y relacionado con mostrar una personalidad atractiva, ahora protagoniza duelos de poses y actitudes entre jóvenes en distintas ciudades.

    “Farmear aura” es una tendencia que pasó rápidamente de las redes sociales a las calles y que ya reúne a jóvenes en distintas ciudades de México y otros países de América Latina. La dinámica consiste en enfrentamientos breves en los que dos participantes buscan imponerse mediante su presencia, poses, miradas y movimientos inspirados en memes y elementos de la cultura popular.

    El término proviene de “aura farming”, una expresión en inglés que se refiere a hacer cosas con la intención de proyectar una personalidad que otros consideren atractiva o interesante. En redes sociales, la idea se relaciona con “cultivar” la versión más genial de uno mismo, aunque también implica el riesgo de ser objeto de burlas si el intento termina en ridículo.

    La tendencia ya llegó a espacios públicos de México. Este jueves, por ejemplo, se realizó uno de estos duelos en los alrededores del Palacio de Bellas Artes, donde los jóvenes utilizaron poses y gestos conocidos en internet, entre ellos el llamado “six-seven”, acompañado por movimientos alternados de las manos.

    El concepto tiene antecedentes en los videojuegos, donde farming significa repetir acciones para acumular recursos, así como en la animación japonesa y otros productos de la cultura popular. Entre sus posibles referentes también aparecen videos que imitan la actitud despreocupada y las competencias de poses de la película “Zoolander”, mientras que el futbolista Lamine Yamal ha descrito el “aura” como esa presencia especial que una persona transmite al entrar a un lugar.