Etiqueta: injerencia extranjera

  • Chihuahua, terreno fértil para la injerencia extranjera en gobiernos prianistas

    Chihuahua, terreno fértil para la injerencia extranjera en gobiernos prianistas

    El caso reciente revive un patrón de años: entrada de agentes extranjeros, opacidad institucional y decisiones que ponen en entredicho la soberanía nacional.

    La polémica en torno a Maru Campos no surgió de la nada.

    Su decisión de autorizar la presencia de agentes estadounidenses en Chihuahua y luego ausentarse en la Feria de San Marcos, mientras minimizaba la muerte de cinco personas como “un accidente”, encaja en una larga historia de permisividad hacia la injerencia extranjera durante gobiernos del PRIAN.

    El episodio actual es revelador: mientras la Fiscalía estatal confirmó que los agentes de la Embajada de Estados Unidos en México participaban en labores de entrenamiento, la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que el gobierno federal no tenía conocimiento.

    Esto podría implicar una violación al Artículo 70 de la Ley de Seguridad Nacional, que obliga a reportar cualquier interacción con agentes extranjeros.

    Pero Chihuahua ya ha sido escenario de hechos similares. En 2011, tras ataques contra personal consular en Ciudad Juárez, agentes del FBI ingresaron para investigar, marcando un precedente de intervención directa en territorio mexicano durante el sexenio de Felipe Calderón. Aquella etapa consolidó una estrategia donde la seguridad nacional comenzó a depender de actores externos.

    Más adelante, bajo el gobierno priista de César Duarte Jáquez, la presencia extranjera volvió a generar controversia.

    La desaparición de agentes de la Interpol en Chihuahua evidenció un manejo opaco y sin rendición de cuentas, donde ni autoridades locales ni federales ofrecieron claridad sobre operaciones de inteligencia en curso.

    Para 2016, la tendencia se profundizó: en Chihuahua se permitió esquemas de inspección conjunta con agentes estadounidenses en su propio territorio, incluso con autorización para portar armas en ciertos casos. Estas decisiones, impulsadas por administraciones del PRI y PAN, consolidaron un modelo de cooperación que, en los hechos, cede control operativo a intereses extranjeros.

    Hoy, el caso de Maru Campos no solo revive ese historial, sino que lo agrava: autoriza la presencia de agentes, no informa a la Federación y después evade responsabilidades desde un evento social.

    Los gobiernos prianistas normalizan la intervención extranjera mientras debilitan la soberanía nacional.

    Chihuahua, una vez más, queda como símbolo de esa política que prioriza acuerdos externos por encima del interés público.

  • ESPECIAL | ¡Llorones internacionales! El PAN no aguanta la democracia y pide auxilio a Estados Unidos

    ESPECIAL | ¡Llorones internacionales! El PAN no aguanta la democracia y pide auxilio a Estados Unidos

    Por Ricardo Sevilla

    El PAN ha recurrido a instancias internacionales en Estados Unidos (especialmente en Washington D.C.) desde hace décadas. Con ánimo injerencista, este partido político de derecha ha ido a acusar a México con Estados Unidos.

    Sin embargo, en los últimos años —y particularmente en 2024 y 2025— esta estrategia se ha intensificado significativamente.

    Lo que comenzó en los años 80 como una búsqueda de legitimidad democrática frente al sistema de partido único, se ha transformado en 2024 y 2025 en una estructura institucionalizada de presión transnacional. El PAN y el PRI ya no ven a Washington solo como una sede diplomática, sino como un tribunal de apelación política.

    Cabe recordar que, en noviembre de 2025, una comitiva encabezada por el vocero Jorge Triana y legisladores como Noemí Luna y Roberto Gil Zuarth acudió a Washington ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para denunciar una supuesta “represión” contra la “Generación Z” durante las marchas del 15 de noviembre.

    Pero no fue el único caso.

    En diciembre de 2025, otra diputada local del PAN, Laura Álvarez, acudió a la OEA en Washington para denunciar “violencia política de género” y acoso por parte de legisladores de Morena, alegando que, según ella, las instituciones en México estaban “secuestradas”.

    En el sexenio de Andrés Manuel López Obrador las cosas no fueron distintas.

    En febrero de 2024, por ejemplo, Santiago Taboada (entonces candidato a la Jefatura de Gobierno de la CDMX) acudió a la OEA y la CIDH en Washington para denunciar “persecución política” que, según él, era encabezada por la Fiscalía de la CDMX. El integrante del PAN le fue a decir al gobierno estadounidense que había en curso una “elección de Estado”.

    Tampoco fue el único caso.

    Entre 2022 y 2023, diversas comitivas de legisladores panistas (como Mariana Gómez del Campo) acudieron de manera recurrente a foros en EU y ante la OEA para denunciar una supuesta “erosión democrática” en contra, alegaban en ese momento, de organismos autónomos como el INE.

    Un año antes, en agosto de 2021, la coalición “Va por México” (PAN, PRI y PRD) viajó a Washington para presentar una denuncia formal ante la OEA y la CIDH por la presunta intromisión del crimen organizado en las elecciones intermedias de ese año.

    Desde la sociología política, este comportamiento se define como el “Efecto Boomerang”, y ocurre cuando los canales internos de comunicación entre oposición y gobierno se rompen; en ese caso, los actores locales, como el PAN, buscan aliados internacionales para que estos presionen al Estado desde fuera.

    Los panistas, lamentablemente, viven en una burbuja. Y es que la soberanía no se defiende en una ventanilla de Washington, se construye en las calles de México. Estos conservadores deberían entender que ir a acusar al gobierno con Estados Unidos es admitir la propia incapacidad de convencer al pueblo.